lunes, 28 de junio de 2010

El fantasma de Verónica

Cuando terminaron de demoler aquella vieja casa, respire aliviado. ignorando
que la situación iba a empeorar. En la ahora derrumbada casa, vivió hace muchos
años una familia, un matrimonio con su pequeña hija, la niña, según comentan,
nunca fue normal, desde que comenzo a ir a la escuela demostró un carácter
violento, atacaba sin razón a sus compañeros de clase, incluso a los varones,
cuando la maestra castigaba a la niña haciendo que permaneciera en un
rincón del salón, asustaba a los niños con su mirada penetrante y parecía
disfrutar de ello, asta la maestra se sentía inquieta cuando aquellos ojos verde
claro la observaban. Sus padres eran muy diferentes, la gente no se explicaba
como podía salir una niña tan malvada de dos padres buenos y educados que
se hacían querer por todas las personas que los conocían. Dicen que una tarde
la señora que trabajaba limpiando la casa, encontró a Verónica, así se llamaba
la niña, sonriendo mientras destripaba a un gato. Muchas son las historias que
se contaban sobre los actos de maldad de Verónica, luego de recorrer varias
escuelas y colegios de los cuales era expulsada al poco tiempo, dicen que
sus padres la llevaron a un montón de médicos y que ninguno pudo diagnosticar
su mal, era sumamente inteligente, y entendía perfectamente que las cosas que
hacía estaban mal , simplemente disfrutaba de hacerlas.
Sus padres no tuvieron más remedió que recluirla en la casa, la otra opción
era una institución mental, pues los médicos dijeron que era peligrosa.
Cuando llego a la adolescencia, no se bien a que edad ni por que motivo,
Verónica murió. Poco tiempo después sus padres se mudaron lejos, con el
tiempo pasaron barias familias que alquilaron la casa, ninguna duro viviendo
en ella mas que unos días, el rumor de que por la casa rondaba el fantasma
de Verónica comenzo a difundirse por toda la ciudad.
Nunca creí en fantasmas, además al oir la historia de la niña pensé que la
gente exageraba, incluso sentí compasión, creyendo que en realidad solo
fue una niña incomprendida. Cuando construyeron una panadería al lado de
la casa, fui a ofrecerme para trabajar y me contrataron como ayudante de
panadero en el turno de la noche.
En la primer semana de trabajo ya comenzamos a oír ruidos que provenían
de la casa, solo un estrecho corredor de un metro separaba a la panadería de
esta, y se podían oír con claridad como se cerraban puertas o arrastraban
cosas. El maestro panadero llamado Jorge, al cual yo ayudaba, al igual que
yo no creía en fantasmas, siempre buscaba una explicacion lógica al origen
de los ruidos - Debe ser el viento que entra por alguna ventana - dijo algunas
veces y yo lo apoyaba, en otras ocasiones yo tehorisaba que podían ser gatos
cazando ratones los causantes de aquellos extraños sonidos. Algunas noches
simplemente tratábamos de ignorarlos, continuando con nuestra rutina sin
comentar nada, pero era inevitable el sobresalto o el lento escalofrío que
corría por la espalda al sentir chirriar puertas. Una noche nos llevamos tremendo
susto al oír el inconfundible sonido de alguien que corría pero los pasos no
sonaban en el piso, lo hacían en las paredes.

Asía ya barios días que avían demolido la casa y yo ahora estaba mucho
más tranquilo, aliviado por no oír más esos ruidos. La noche que no olvidare
por el resto de mi vida, fue la mas calurosa de las jornadas en que trabaje,
en un momento en que estuve desocupado salí afuera para refrescarme un
poco, recostado en una de las paredes en el patio interior de la panadería
contemplando las estrellas, me parecio ver algo por el rabillo del ojo y mire
hacia la alta pared de la claraboya del baño, en la pequeña ventana vi la pálida
cara del fantasma de Verónica, con sus ojos claros clavados sobre mi y una
sonrisa de malicia que asta hoy me atormenta, me saludaba con su mano
pegada al vidrio de la ventana, por un instante quede paralizado por el terror
y lo único que pude hacer fue gritar, se abrió la puerta que da al patio y Jorge
corrió hacia mi preguntándome que sucedía, giro la cabeza hacia donde yo
estaba mirando y también la vio y retrocede horrorizado, no se durante cuanto
tiempo la vimos sin poder apartar la mirada asta que desapareció.
Entramos corriendo a buscar la llave para abrir la puerta que da a la calle, en
el baño se oían ruidos y golpes en las paredes. Ese mismo día renunciamos
al trabajo, al poco tiempo la panadería cerro, una muchacha que trabajaba
como vendedora me contó que incluso durante el día se oían ruidos.
Cada ves que paso enfrente de la ahora abandonada panadería, siento
aquellos ojos terribles vijilandome.

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