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sábado, 30 de octubre de 2010

La casa de los Fantasmas

Caminé entre los árboles del pequeño bosque hasta que llegué al claro en donde
Estaba la casa. Hasta el mínimo ruido causado por un pájaro o una rama que caía
Desde lo alto eran suficientes para alarmarme, sudaba profusamente y el corazón
Me latía como un bombo. Me sentía emocionado y a la vez algo asustado; mi miedo
No era el de un ladrón vulgar, que teme caer en manos de la justicia, esa posibilidad
Era muy remota, me preocupaba que me sorprendiera algún conocido y divulgara
Entre los vecinos mi acción de carácter ilegal, sería algo muy vergonzoso, para mi
Y mi familia. Fui hasta la casa abandonada con la intención de apoderarme de algunas
De las finas losas que recubrían el baño.
Desde muy niño tuve la inclinación de coleccionar cosas, todo tipo de objetos que
Llamaran mi atención, esa inclinación se convirtió en hobby, luego tomó característica
De obsesión. Gracias a la buena situación económica de mi familia nunca tuve
Trabas a la hora de adquirir mis preciosos objetos, las únicas cosas que habían
Deleitado mis ojos pero aún no las poseía, eran las exquisitas y raras losas que
Cuando niño vi dentro de la casa abandonada. En una luminosa tarde jugaba junto
A otros niños, correteábamos en el bosque que está cerca de mi hogar. Aceptando
El desafío de mis amigos, fuimos hasta la “Casa de los Fantasmas” así la llamaba
La gente de la zona, el desafío era atreverme a mirar el interior de la casa,
Supuestamente recorrida por fantasmas; subido precariamente sobre los hombros
De dos de mis amigos, mire hacia el interior a través de una ventana. Mi mirada
Se posó en el recubrimiento de las paredes, cada losa estaba adornada con un
Motivo diferente, juntas formaban un diseño desordenado pero muy bello.
Desde ese día me obsesioné con poseer algunas de esas piezas.
Perdonada mi travesura, y ante mis insistentes suplicas, mis padres intentaron
Averiguar quienes eran los propietarios, preguntaron a vecinos y fueron al
Municipio pero nadie parecía saberlo, la familia que la habitaba la había abandonado
Y nadie sabía su paradero.
Años después y ya siendo adulto, en un día aburrido y opaco, me encontraba tirado
En el sillón, dejando mi mente bagar cuando de pronto una idea me hizo sonreír.
“No es robo si el objeto no tiene dueño, mas bien sería un rescate, sería una pena
Que lozas tan hermosas terminaran por arruinarse” pensé, y luego comencé a
Planificar mi “rescate” así lo llame yo.
En pleno día y equipado con un bolso y herramientas me escabullí hasta la puerta
Trasera, aplicando una palanca la viejísima puerta cedió con facilidad.
Una atmósfera insana y corrupta dominaba el interior, una sensación de malestar
Se apoderó de mi cuerpo mientras recorría la casa en busca del baño y mis
Preciadas lozas. Esperaba que estuviera vacía, pero vi asombrado que conservaba
Todos sus muebles, cuando pasé frente a un cuarto vi una cama iluminada por
Un rayo de luz que aún tenía un antiguo colchón. No se porque seguí avanzando,
Mis entrañas me decían que me alejara de ese lugar, mire varias veces sobre mi
Hombro, creyendo escuchar pasos que seguían a los míos.
Cuando por fin estuve frente a las lozas, limpié su superficie con la manga de
Mi chaqueta; retrocedí horrorizado al ver los horrendos y macabros dibujos
Que se representaban en ella, imágenes demoníacas, desmembramientos,
Gente ardiendo entre llamas, seres monstruosos y deformes. Cuando niño,
Desde la altura de la ventana, no logre distinguir lo que se dibujaba en las
Paredes, además me equivoqué en mi suposición de que era un baño, si había
Una bañera, que fue lo que vi desde la ventana, pero además el lugar tenía unas
Mesas con grilletes en los costados, y del techo colgaban cadenas con ganchos.
Lo último que vi antes de huir corriendo, fue instrumentos de tortura dispuestos
Sobre una mesa.

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