sábado, 22 de enero de 2011

La casa gris

Pocas personas asistieron al entierro de la señora Rosenthal, la abuela de
Jacinto, un amigo de la infancia que veía ocasionalmente en mi juventud.
Mi amigo estaba desconsolado, se le veía muy afectado, su abuela era el único
Pariente que le quedaba, y era muy apegado a ella, en realidad vivía bajo su
Sombra sobre protectora.
La señora Rosenthal era una persona amargada, de rostro serio e inflexible,
Bastante paranoica, y con una visión del mundo muy particular. Vivía encerrada
En su inmensa casa gris, consideraba al mundo exterior un lugar peligroso,
Y educó a Jacinto bajo sus excéntricas creencias, haciendo de el un niño
Tímido. Nos conocimos en el colegio y solía ir a jugar a su casa. Seguramente
En esa casa desarrollé mi gusto por las cosas góticas, aunque era algo tenebrosa
A mi no me asustaba. Sus paredes eran grises y estaba siempre en penumbras,
Unas cortinas amarillentas cubrían los ventanales, la luz del sol que se filtraba
Era opaca, y durante la noche se encendían pocas luces, los pisos de maderas
Rechinaban al andar, los empleados eran silenciosos, la dueña de la casa siempre
Vestía de negro y caminaba de forma solemne.
Cuando salimos del cementerio le expresé mi disposición a ayudarlo en lo que
Necesitara.
- Si no es un inconveniente, me gustaría que te quedaras unos días en mi casa -
Dijo Jacinto, accedí con gusto, yo era su único amigo, sentí pena por el.
Ya en su casa nos sentamos en unos cómodos sofás frente a una gran chimenea
Encendida. Afuera era noche oscura, la habitación estaba iluminada solamente
Por el fuego chisporroteante de la chimenea, era tan amplia que las esquinas
Escapaban a la luz. Con un vaso de Whisky en la mano, filosofábamos sobre
La vida, yo trataba de desviarlo de los temas oscuros a los cuales Jacinto
Regresaba con insistencia. El fuego seguía consumiendo los gruesos leños,
Las sombras de los objetos temblaban sin cesar, miré hacia un costado y vi
A la abuela de Jacinto salir de la oscuridad, caminó con paso solemne y
Miró hacia nosotros, siguió su silencioso recorrido y desapareció en la
Sombra. Quedé mudo por el terror, y seguramente mi cara estaba pálida,
Mi amigo no lo notó, estaba hundido en sus pensamientos.
Como es de esperar esa noche no dormí. Durante el día me aboque en
Convencer a Jacinto de que lo mejor para el era abandonar aquella casa.
Como último recurso, le conté lo ocurrido durante la noche. Me creyó
Sin objetar una palabra, ordenó a los empleados empacar algunas cosas.
Antes de que cayera la noche se abandonó la casa.
Resultó que su abuela solía hacerle la promesa de que cuando muriera volvería
Como un fantasma, y haría cualquier cosa para evitar que saliera de la casa.

2 comentarios:

  1. Me gusta el relato. Un poquito de terror, casi naa

    ResponderEliminar

¿Te gustó el cuento?