miércoles, 9 de marzo de 2011

Las casas embrujadas no olvidan

Al final de una calle de tierra, en el borde de mi barrio, justo donde comienza el
Campo, está la casa embrujada.
Cerca de la casa había una “canchita” de fútbol, en donde solía jugar cuando era niño.
Un día, después de un partido, regresaba junto a unos amigos cuando tuve la genial
Idea de arrojar piedras a las ventanas de la casa. Travesuras de niño, cosas que
Uno hace sin maldad, claro que si mi hijo llega a hacer eso… bueno, mejor sigo con mi
Historia.Yo arrojé la primera piedra, luego siguieron mis compinches.Hecho
Nuestro pequeño acto de vandalismo huimos de la escena.
Habían pasado muchos años desde aquel día, cuando las vueltas del destino me llevaron hasta la citada casa.Alguien la había comprado, y con intención
De repararla contrató a la empresa en donde yo trabajaba como pintor.
Traté de no llegar muy temprano, pero de todas formas fui el primero.
Miré las ventanas rotas, aún conservaban unos trozos de vidrio. Una ráfaga
De viento abrió la vieja puerta, me asomé en el umbral y vi a una señora alejándose por un corredor con paso muy singular.
Supuse que era la nueva propietaria que estaba recorriendo la casa, vestía
Ropas grises y caminaba como si acompañara una procesión.
Al llegar mis compañeros les informé que adentro estaba la dueña.
- No puede ser - dijo el encargado de la empresa - La dueña está fuera del país -
Revisamos todo el lugar pero no encontramos a la mujer,los demás creyeron
LQue yo bromeaba. Mientras trabajaba se me erizó la piel barias veces, los otros
También notaron algo extraño, una ráfaga de viento recorría la casa aunque las puertas
Estuvieran cerradas. A la una de la tarde hicimos una pausa para almorzar; al agarrar
Mi bolso lo noté mas pesado, al abrirlo descubrí sorprendido que en lugar de la comida
En su interior había piedras, las piedras que arrojé cuando niño.

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