martes, 19 de abril de 2011

Algo anda en la huerta

Ignacio y su esposa Mabel cenaban tranquilamente en la comodidad de su hogar.
Un ruido repentino les llamó la atención, algo andaba corriendo por la huerta.
- Debe ser un perro, espero que no me aya pisoteado las acelgas - dijo Ignacio.
Salió a la frescura de la noche llevando una linterna en la mano. La luna llena
Asomaba entre unas nubes alargadas, su luz plateada mostraba una visión limitada
De la huerta, se distinguían los canteros de las verduras con los delgados caminos
Que la dividían, pero bajo los árboles frutales caía negra sombra.

Un ruido de ramas que se agitaban lo hizo caminar hacia los naranjos. Mientras
Escudriñaba en sus sombras enfocó a un inmenso perro que cruzó al trote.
Solo lo vio por un instante, el perro en veloz huída se escabulló entre los árboles y
Se lo oyó alejarse de la huerta. Pero aquel instante fue suficiente para causarle una
Fuerte impresión. En aquella fracción tan corta de tiempo el perro miró a Ignacio, y
En su cabeza redondeada se notaron sus rasgos humanos.
Ignacio entró a la casa con la cara pálida por el miedo. Su esposa, que aún cenaba
No lo advirtió.
- Era un perro, ya se fue - dijo Ignacio anticipándose a la posible pregunta de Mabel.
Le mintió a su esposa para no asustarla. Lo que vio era un hombre lobo, con cuerpo
De perro y cabeza humana, y en aquella cabeza humana distinguió el rostro de uno
De sus vecinos.

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