cuentos de terror

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jueves, 9 de junio de 2011

Una noche en el hospital

En un hospital, durante la noche, la enfermera Alejandra se encontraba agotada por
Una jornada que no le había dado respiro. Alejandra se acercó a una de sus
Compañeras y le dijo en voz baja:
- Tengo que descansar un ratito, no doy más, ¿me harías el favor de llamarme dentro
De un rato? - Alejandra tenía cara de cansada, su compañera se apiadó.

- Claro que si, hoy por ti mañana por mi, te llamó dentro de veinte minutos ¿te parece
Bien? - dijo su compañera mirando su reloj.
- Claro, con eso me da bien, después sigo fresca como una lechuga - dijo Alejandra y
Abrió la boca en un amplio bostezo.
Caminó por un corredor largo hasta llegar frente a la puerta de una habitación, que
Las enfermeras utilizaban secretamente para dormir cortas siestas.

Antes de abrir la puerta se cercioró de que ningún doctor la viera, mirando hacia
Ambos lados del corredor. La habitación era pequeña, tenía algunas mesas metálicas,
De esas tan comunes en los hospitales, también habían cajas, mantas, y
Algo nuevo, que normalmente no estaba, una camilla, de las que utilizan para
Transportar a los muertos. Alejandra no le dio importancia, solo era una vieja camilla.

Entre unas cajas escondían una reposera, una silla de playa, que les servía para
Descansar. Se acomodó en la reposera y estiró el brazo hasta la llave de la luz.
Al apagar la luz la habitación quedó completamente oscura, los ruidos del hospital
Llegaban apagados, como muy lejanos. Estaba por dormirse cuando un sonido la
Alertó; era un sonido muy familiar. En aquella oscuridad no lograba distinguir
Las formas que la rodeaban, pero aquel ruido le indicaba que había alguien o algo
Acostado en la camilla, y se estaba moviendo.

Escuchó otro ruido; inmediatamente lo asoció al sonido de dos pies descalzos
Bajándose de la camilla. En aquella oscuridad, Alejandra escuchó como aquellos
Pies descalzos avanzaban lentamente hacia ella. Estiró el brazo y alcanzó la llave
De la luz, en el mismo momento en que sentía que una mano se posaba pesadamente
Sobre su cabeza.
Cuando el lugar se iluminó estaba sola, la camilla estaba vacía.
Alejandra salió de aquella habitación con la cara horriblemente pálida, por el susto.
En el corredor se cruzó con un doctor, al verla tan mal le dijo:
- Alejandra, parece exhausta, tómese un descanso, se la ve peor que los pacientes.

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