miércoles, 7 de diciembre de 2011

Los fantasmas de un hospital

Romualdo limpiaba el piso de una sección del hospital. Vestía un largo guardapolvo azul,
y empujaba un carrito donde llevaba los implementos de la limpieza.
Como era de noche, el hospital estaba mayormente silencioso, y los sonidos llegaban
a él como ecos lejanos e irreconocibles.
Estaba trapeando cuando escuchó unos gritos infrahumanos, que venían desde la sala de
enfermos mentales.
Hacía más de dos años que aquella sala estaba vacía. Los gritos cesaron y Romualdo
respiró hondo, y se secó con la mano el sudor frío que le corría por la arrugada frente.

El hombre, si es necesario, se acostumbra a experimentar situaciones raras o aterradoras.
Romualdo siguió con su trabajo. Estaba por salir de aquella sección. Al empujar una
puerta que daba a un corredor, volteó hacia el lugar de donde venía, y vio que de
la antigua sala de enfermos mentales, salía un hombre con chaleco de fuerza y pelo
revuelto y largo, y la cara llena de cortes.
Romualdo cerró los ojos, al abrirlos el hombre ya no estaba, era una aparición.
Así eran todas las noches de Romualdo. Tantos sobresaltos terminaron debilitando
su corazón, y una noche, mientras limpiaba el piso del hospital, murió.
Desde esa noche, los carritos de limpieza suelen moverse solos, avanzan unos metros
y se detienen; es el fantasma de Romualdo.

3 comentarios:

  1. Escribir relatos cortos es especialmente difícil, así que enhorabuena. Si te apetece pasa por mi blog. Saludos.

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  2. alto nombre Romualdo jajaja XD que coraje para trabajar ahi...

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  3. Tu historia me gusto tengo 12 años y asi puedo presentarle a la profe una historia q no espantte muxo a los pesados de mis compañeros

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