jueves, 26 de abril de 2012

El jinete sin cabeza

En una noche de luna, Braulio cabalgó por una pradera desolada, monótona, y sobre todo silenciosa.
Frenó el caballo al alcanzar la orilla del bosque. Delante de él estaba el sendero que lo atravesaba.
Nadie cruzaba aquel sendero solo, porque en él andaban salteadores, asaltantes de los caminos. Además, como en aquel bosque había muerto mucha gente, se hablaba de apariciones terroríficas que te salían al cruce en aquel lugar.
Braulio no se desidia. Su caballo se movía inquieto, respondiendo al estado de su dueño.
Le pareció conveniente atravesar el sendero al galope. Tras un ¡Arre!, el caballo salió galopando, y Braulio le dio una palmada para que corriera más, a la vez que le aflojaba las riendas.

Como el sendero era muy angosto algunas ramas lo azotaban al pasar, pero el seguía azuzando al animal, y la crin del caballo volaba hacia atrás, y la tierra tronaba bajo sus patas.
Repentinamente Braulio sintió que todo daba vueltas, que caía, y al entrar en contacto con el suelo del sendero rodó varias veces. Al quedar quieto quedó con la cabeza de lado, y ahí fue cuando vio que un jinete se le acercaba al galope.
Al ver al jinete sintió un terror pocas veces experimentado por un ser humano; pues vio que el jinete  no tenía cabeza, pero eso no fue lo peor, lo peor fue darse cuenta que lo que estaba viendo no era una aparición, lo que veía era a su cuerpo decapitado, que aún respiraba y se mantenía sentado en el lomo del caballo; había chocado contra un delgado y tenso alambre que colocaran los salteadores.
 

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