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martes, 29 de mayo de 2012

El pasajero de atrás

Mariela pasaba un paño por la mesa del living cuando escuchó que un auto llegaba a la casa.
Fue hasta el garaje y vio que su esposo, que se llamaba Joaquín, bajaba de un auto casi nuevo.

- Qué tal el cochecito que me compré, ¿te gusta? - dijo Joaquín.
- No creí que nos alcanzara para uno tan nuevo - comentó Mariela, y pasó la mano por el reluciente vehículo. Luego volteó hacia su esposo - No habrás quedado debiendo, ¿o sí?
- No, tranquila - le explicó Joaquín mientras la rodeaba con sus brazos - Salió bien barato. Ya sé lo que vas a decirme, pero no te casaste con un tonto, lo hice revisar por un mecánico, ¡está impecable!
- Podrá funcionar bien - objetó Mariela -, pero tal vez tiene algo más, no sé… ahora que lo miro bien, no me da buena impresión.
- Tú y tus impresiones ¡Jaja! No tiene nada malo. El dueño debía necesitar el dinero urgentemente o algo así.  De noche vamos a dar unas vueltas y vas a ver que te va a gustar.

Cuando llegó la noche salieron en su nuevo auto. Su casa estaba en un lugar apartado. Tomaron la ruta rumbo a la ciudad, de la cual se veía solamente un resplandor en el lejano horizonte.
Ella iba muy seria. Él lo notó y quiso iniciar una conversación, pero al mirar de reojo a su esposa, le pareció ver por el espejo retrovisor, que atrás había algo, mas al fijar la vista el asiento trasero estaba vacío.
Ahora él también iba serio, echaba una mirada al retrovisor y volvía a prestar atención al camino que tenía adelante.  
De a poco el resplandor de la ciudad se fue agrandando. Pronto estuvieron entre sus luces. Buscaron un restorán entre los muchos que había. Cenaron casi sin hablar; él pensando en lo que creyó ver en el asiento de atrás, ella buscando una razón a la mala impresión que le causaba el auto.
Cuando volvían por la ruta, de repente Mariela dejó escapar un grito corto, y miró rápidamente sobre su hombro.

- ¡Algo tiró de mi cabello! - dijo Mariela mirando hacia atrás.
- ¿Qué? ¿Te enganchaste el pelo en algo?
- ¡No, algo me jaló el cabello!

Joaquín detuvo el auto en un costado de la ruta y se bajó, Mariela hizo lo mismo. Abrieron las dos puertas de atrás y revisaron bajo el asiento, sin encontrar nada. Volvieron a marchar, y al poco rato Joaquín sintió algo. Fue más que una sensación, sintió con claridad que una mano pequeña le daba varias palmadas en la cabeza. Reaccionó agachándose, movió bruscamente el volante y el auto zigzagueó, salió de la ruta y cayó en un profundo barranco.
Los dos murieron en el siniestro, pero el auto no quedó tan mal, y al poco tiempo alguien lo compró.     
  

5 comentarios:

  1. si la verdad es q' estaba muy interesante y me ayudo con mi tarea...!!!:)

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    1. A mi este cuento me ayudó a no hacer un examen de 200 preguntas Gracias

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  2. Si jajajajaja es buenooooo

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  3. por eso no es bueno comprar cosas baratas jeje

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