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domingo, 9 de septiembre de 2012

Bajo tierra

Milton estaba paseando por el campo. Iba masticando una brizna de pasto, como era su costumbre, y bajo la sombra de su sombrero sus ojos contemplaban el paisaje bañado de luz que se desparramaba en todas direcciones.
Miró hacia atrás al darse cuenta que había llegado a una zona que no conocía. Levantó la vista y, al ver que el sol aún estaba muy alto, decidió seguir andando.
Divisó un bosquecillo y fue hasta su sombra. Descansó sobre un tronco caído, después continuó su caminata.   Al atravesar el bosquecillo, salió en una zona que parecía ser los escasos restos de una ruina, de algún tipo de edificación humana. El resto de un muro asomaba entre los pastos, desaparecía entre ellos y más adelante se veía otro tramo. Los pastos también cubrían unos montículos como de un metro de alto que había aquí y allá, como desparramados al azar. 

Frente a uno de los montículos cubiertos por generaciones de pasto, Milton vio un agujero al ras del suelo , que por su dimensión creyó que era la cueva de un animal, de un armadillo o de una liebre. Se acercó un paso y se inclinó hacia el pequeño pozo; entonces vio algo que lo hizo saltar hacia atrás: vio un rostro humano, y lo que estaba en el pozo lo vio a él.

- ¡Hola! ¿Puede ayudarme? - dijo una voz desde el agujero. Milton demoró en reaccionar, y la voz volvió a hablar -. ¡Hola! Sé que estás ahí, ¡ayúdame!
- ¿Cómo… cómo fue a parar ahí?  - preguntó Milton. El agujero era muy angosto como para que alguien entrara, y alrededor no había tierra removida, y el rostro, que parecía ser de un hombre, no estaba sucio de tierra como era de esperarse; era algo muy raro.

De pronto se escuchó un grito: ¡Oiga usted, no puede estar ahí! - era la voz de un hombre que venía a caballo. Milton volteó hacia el grito, cuando volvió a mirar hacia el agujero, éste ya no estaba, entonces sintió un terror indescriptible; el  terror que experimentamos ante algo sobrenatural.

- ¡Salga de ahí! - gritó nuevamente el jinete.
- ¡Ya me voy. Disculpe, no sabía que no se podía entrar! - dijo Milton alzando la voz mientras se apuraba por salir de aquella zona. En el borde del bosquecillo el jinete lo interceptó.

- ¿Qué estaba haciendo ahí? - le preguntó el jinete.
- Nada, sólo andaba caminando y salí en ese lugar.

El jinete lo miró con desconfianza, lo estudió con la mirada, después, cambiando su tono dijo:

- Está bien. Mire, esto es parte de mi trabajo vio, no es que me guste andar corriendo a la gente. Los dueños del lugar me han ordenado que no deje entrar ahí a nadie, no sé por qué, si ese cementerio está echado al abandono desde hace muchísimos años, y ya los pastos hasta están tapando las lápidas.



1 comentario:

  1. Buenísimo, me recuerdan las historias que escuchaba de niño cuando vivía cerca a la frontera.
    Saludes desde Colombia, muy buena página.

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