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viernes, 7 de septiembre de 2012

Cuarto equivocado

Durante la cena se desató una feroz tormenta.  Rodrigo estaba visitando a Martín, un amigo, que ahora tenía una numerosa familia. En total eran siete niños, cuatro mujeres y tres varones. Algunos apenas alcanzaban el borde de la mesa al estar sentados, y comían con el plato a la altura de la nariz. La esposa de su amigo sostenía al más pequeño en sus brazos, y comía algún bocado mientras vigilaba a los demás.  Rodrigo sonreía a los niños al ver que lo miraban y conversaba con su amigo.
Después de un trueno temblaba la mesa, los platos, todo, y cuando el resplandor de un rayo entraba por la ventana, todos quedaban expectantes hasta que escuchaban el estruendo que lo seguía.

- No puedes irte con esta tormenta - le dijo Martín a Rodrigo -. Te quedarás aquí.
- No es necesario. En un rato salgo a la carretera, y desde ahí es fácil conducir, incluso con tormenta.
- Ahora el camino ya debe estar cortado. No vas a salir a arriesgarte, no, ¡por favor, eres como mi hermano, ésta es tu casa hombre!
- Claro, quédate - dijo la esposa de Martín.  Rodrigo aceptó.

Los niños fueron a acostarse temprano. Rodrigo y Martín quedaron charlando hasta muy tarde. Cuando los dos comenzaron a bostezar largamente, Martín se levantó del sofá e hizo que Rodrigo lo siguiera. La casa era grande y tenía varios pasillos largos. La tormenta no había disminuido, ni su estruendo.  Martín abrió una puerta y lo hizo pasar, diciéndole:

- Este es tu cuarto. Nos vemos mañana, que digo mañana, hoy, ya pasan de la una.
- Cierto, hasta más tarde entonces.

Rodrigo se acostó, escuchó la tormenta un rato, y finalmente el sueño lo venció.
Despertó de madrugada; tenía ganas de ir al baño. Su amigo le había mostrado uno que había en el pasillo.   Cuando regresaba a su cuarto se cortó la luz, y todo se convirtió en oscuridad.
Sin poder ver absolutamente nada, se desplazó tanteando la pared. Al palpar una puerta, la abrió y entró, y apenas lo hizo escuchó unas voces: 

- ¡Largo de aquí, este es nuestro cuarto! ¡Fuera! - gruño una voz algo ronca pero que parecía ser de un niño.
- ¡Vete! ¡Maldito! O te voy a morder - dijo otra, y otras voces balbucearon algo que no se entendía.
- Disculpen niños, me equivoqué de cuarto. Lo siento.
- ¡Vete maldito!

Rodrigo cerró la puerta y, tanteando en la oscuridad, llegó a la puerta del que sí era su cuarto, que estaba al lado del otro. Se sintió tan apenado por haber molestado a los niños, que por la mañana fue a disculparse nuevamente.  Tras escucharlo, Martín, con cara de asustado, le dijo:
- Ninguno de los niños duerme en las habitaciones de ese corredor. El cuarto que está al lado de donde estabas tú, es usado por mi esposa para guardar su colección de muñecas antiguas.

4 comentarios:

  1. Este me asusto mucho espero

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  2. oye pueo usar tu cuento para una tarea si

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  3. pues buena historia es exeletemente

    aterradora muy bien te felicito¡¿¡

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