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sábado, 15 de septiembre de 2012

El hospital aterrador

- Bueno, ahí adentro que nadie se separe - dijo el policía de más rango a sus compañeros -. Tenemos órdenes de revisar el lugar. Si dependiera de mí no pondríamos un pie en este hospital abandonado, y menos de noche, pero yo como ustedes recibo órdenes, así que vamos a entrar.
Era un grupo de cuatro policías, estaban ante la entrada de un viejo hospital abandonado, reconocido ya como un lugar embrujado; pero a una jueza se le había ocurrido que tal vez adentro andaba gente haciendo algo ilícito, pues aparentemente ingresaban por la noche, y causaban ruidos de todo tipo que inquietaban a los vecinos de la zona. 

Entre esos policías estaba Aníbal. Él le tenía particular terror al hospital. Cuando era niño había estado internado allí, y durante una noche vivió una experiencia aterradora. Estando acostado en una habitación, en la penumbra, vio que alguien salió de abajo de la cama, una mujer de pelo gris vestida con un camisón. Después de salir de abajo de la cama, la vio caminar lentamente hacia una pared, para luego trepar por ella rápidamente, al alcanzar el techo giró la cabeza hacia él.
La aparición desapareció cuando una enfermera ingresó a la habitación y encendió la luz.
El policía de más rango abrió la puerta y miró a los demás.

- Que nadie se separe - les recordó.

Apenas entraron sintieron el característico olor de los hospitales, algo que no era normal porque hacía muchos años que estaba cerrado, y era imposible que el olor perdurara de forma natural; aquello era la atmósfera embrujada del hospital.  Como ya no tenía luz eléctrica sólo contaban con sus linternas. Hicieron ir y venir los haces de luz por una sala amplia y vacía. Aníbal también iluminó el techo.
Los cuatro juntos, dos adelante y dos atrás, avanzaron por un corredor. Por debajo de las gorras les chorreaba un sudor frío, y sus linternas apuntaban aquí y allá constantemente.
Estaban por llegar a un corredor transversal, cuando por él cruzó corriendo una mujer vestida de enfermera. Se habían detenido, y aún no salían de su asombro cuando vieron a la misma mujer hacer el mismo recorrido; era como una escena repetida, algo característico de una aparición.

- ¡Se terminó! - dijo el policía de más rango -. ¡Nos vamos de aquí! ¡No nos pagan para lidiar con fantasmas! ¡La jueza que se vaya a la m…! - el susto lo había alterado como a todos.

Volvían por el corredor, y de pronto escucharon una voz que venía de una habitación:

- ¡Aníbal… Aníbal! ¡Ven aquí muchacho! ¡Jaja! Ven - la voz era de una mujer, era áspera y aguda a la vez: era terrorífica.  Al escucharla Aníbal se detuvo, para luego caminar hacia la puerta de la habitación.  Sus compañeros se lo impidieron, sacándolo casi a rastras después; parecía estar como hipnotizado, o dominado por el terror.    Cuando salieron del hospital lo vieron sacudir la cabeza, como si se recuperara de un atontamiento.  
Y desde esa noche ni los policías entran allí.

 

5 comentarios:

  1. Y me acabó de dar cuenta de que somos compatriotas jajaja

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  2. Que miedo estar en un hospital asi... adoro tus cuentos son geniales !!!

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  3. me encantam estos cuentos, son muy buenos, es lo que buscaba, terror pero no taaanto re buenas gracias

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  4. Me encantan estas historias,son buenísimas

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