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miércoles, 26 de septiembre de 2012

Libros de fantasmas

Las luces de la calle se encendieron, entonces Artemio miró su reloj. Aún era temprano, en el portafolio le quedaban algunos libros, y andaba de buena racha, así que decidió visitar algunas casas más. Y siguió caminando por la vereda de una zona residencial. Artemio era un vendedor ambulante de libros.
Todas las viviendas de la zona tenían jardín o patio, y un portón. La experiencia le enseño a golpear las manos antes de cruzar un portón, por si había perros. Llegó frente a una casa que sin dudas era la más vieja del lugar. Golpeó las manos, ningún perro salió a ladrarle. Empujó el portón, estaba abierto.
En el jardín había unos árboles altos que impedían que la luz de la calle llegara hasta allí. Artemio ingresó al terreno, pero tras dar unos pasos se arrepintió; el lugar parecía estar abandonado. El sendero que dividía el jardín estaba cubierto de hojas secas, que empezaron a volar con un viento repentino; y en lo alto de la casa una veleta con forma de gallo chirrió al girar.

Se detuvo y dudó, pero en la casa se encendió una luz, aunque débil y amarillenta, entonces continuó hasta la puerta. Se acomodó la corbata y golpeó. Adentro sonaron pasos, seguidamente sintió que lo espiaban por la mirilla. Se abrió la puerta y tras ella surgió una anciana encorvada y diminuta, arrugada como una uva pasa, pero sonriendo; y bastó esa sonrisa para que Artemio desplegara todo su léxico de vendedor.  La anciana lo dejó hablando, mas con un gesto de la mano le indicó que la siguiera. Pasaron a una sala donde sobre una mesa ardía una vela de llama alargada e inquieta.
La anciana se hamacaba al andar y daba pasitos cortos. Una rápida ojeada al lugar y Artemio calculó que no le iba a vender ni un libro, pues todo estaba muy viejo y descuidado; pero ya estaba allí…
Se sentaron en torno a la mesa de la vela, enfrentados, con la llama danzando entre ellos.

- Tal vez le interese algunos de mis libros - comenzó su palabrería Artemio -. Si tiene nietos en edad escolar no puede desaprovechar esta oportunidad. Estos libros son muy completos, y…
- ¿Tiene libros sobre fantasmas? - lo interrumpió la anciana, con voz temblorosa y aguda.
- Eh… en este momento no, pero se los puedo conseguir. ¿Le interesan los cuentos sobre fantasmas, o alguna novela quizás?
- Lo que quiero es saber cómo deshacerme de un fantasma - volvió a temblar la voz de la anciana, que comenzaba a ampliar su sonrisa.

 En medio de ellos la llama se agitaba para todos lados, y proyectada contra la pared, la sombra de la anciana se mecía de un lado al otro.
- Entonces tengo uno que tal vez le pueda servir, es sobre ocultismo y cosas sobrenaturales - Artemio era un vendedor nato, y disimuló sobradamente su sorpresa, aunque lo inquietó un poco el extraño pedido. 
- Está bien, me quedo con  ese - Mientras Artemio sacaba el libro del portafolio, la dueña de la casa salió hamacándose de la habitación, y regresó con un fajo de dinero.
- ¿Esto alcanza? - preguntó al tendérselo, Artemio bajó la cabeza para contarlo.
- Alcanza y sobra señora - le contestó, mas al levantar la vista  la anciana ya no estaba a su lado, sólo su sombra se movía por la pared; pero ya no era la de una anciana.
La puerta se abrió de golpe, y Artemio salió disparado rumbo a ella. Apenas traspasó el  umbral se cerró tras él, y la luz de la casa se apagó.


 
   

1 comentario:

  1. Oh maldita viejecita, jajaja, esta padre el cuento

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