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miércoles, 24 de octubre de 2012

El monstruo del pantano

Caí enfermo y al otro día estaba ardiendo en fiebre. Como vivo solo, contraté a alguien para que me cuidara, porque no me gustan los hospitales.  Hice unas llamadas a unos amigos y me recomendaron a Roxana, una enfermera que atiende en las casas.
Cuando llegó la noche la fiebre me hizo tiritar sobre la cama.  Roxana me aplicaba paños de agua fría sobre la frente, y cada poco tiempo me controlaba la temperatura.

- Si sube más tiene que ir al hospital - me dijo Roxana, mirando el termómetro con preocupación.
- Aquí estoy mejor que en el hospital, estoy en mi casa y… aquí estoy bien… - le aseguré, y dije algo más que ni recuerdo; la fiebre me quemaba con fuerza y todo era muy confuso.

No quería dormir porque sabía que iba a tener pesadillas, me había pasado en otras ocasiones, y con menos fiebre. 
Roxana me aplicaba un paño frío tras otro, salía del cuarto para renovar el agua, y volvía equilibrando la palangana.     En la calle hacía una noche horrible. Desde mi cama escuchaba el rugir del viento, y al voltear hacia la ventana veía la sombra del rosal del jardín hamacándose para todos lados.
A pesar de mis esfuerzos me dormí, me sumergí en el mundo de las pesadillas. Pasaba de un escenario aterrador a otro.  En una casa ruinosa absurdamente grande, me persiguió una especie de bruja horripilante. Corría y corría por los pasillos y la bruja seguía detrás de mí lanzando gritos.  De esa pesadilla, pasé a otra cuyo escenario era mi vieja escuela, y sentado en uno de los pupitres, me vi rodeado de muñecos espantosos que estaban suplantando a mis compañeros. De pronto todos los muñecos voltearon hacia mí y salí huyendo, y los muñecos me persiguieron por toda la escuela.

Después, en un paisaje completamente extraño, parecido a un pantano y a un desierto a la vez, fui perseguido por una criatura por demás horripilante, que aunque intentara no podría describir, pues no existe nada con qué compararlo.     En mi huída, súbitamente me di cuenta que estaba soñando, aún así no me desperté.  Entonces dejé de correr y voltee hacia el monstruo, suponiendo que cuando el monstruo me alcanzara iba a despertar. No me alcanzó porque había dejado de correr, y sólo me miraba con sus ojos huecos. Me contempló un instante que me pareció una eternidad, y de pronto volteó hacia un lado como si hubiera escuchado algo, y cuando miré rumbo a la dirección que apuntaba el monstruo, vi la silueta de una mujer que cruzaba corriendo aquel paisaje irreal y aterrador. El monstruo salió corriendo tras ella y pronto se perdió, enseguida desperté.
Roxana se había dormido sentada. Cuando la llamé se estremeció completamente, abrió los ojos y buscó con la mirada, después suspiró y se restregó los ojos.

- Discúlpeme, me quedé dormida un instante - me explicó -. ¡Ah! Por suerte me despertó; estaba teniendo una pesadilla. ¡Que cosas horribles se pueden soñar!
- ¡A mí me lo va a decir! - exclamé -.Tuve una cabalgata de pesadillas. Y usted, ¿con qué soñó?, si se puede saber. 
- Le cuento: Estaba en un lugar bien raro, desolado, como un desierto pero de barro. Sin previo aviso vi a un monstruo, y frente a él había un hombre que no alcancé a ver bien porque salí corriendo desesperada. El monstruo me siguió hasta que usted me despertó.
  

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