jueves, 10 de enero de 2013

El narrador del terror

Acampaba bajo un sauce, de noche, en la orilla de un arroyo. Como tantas veces estaba solo: me gusta acampar así.  En esa ocasión estaba pescando. Me alejé de la fogata que había encendido, pues me pareció ver que una de las líneas que se perdía en el agua se estaba moviendo.  Con la cuerda del aparejo en la mano, me senté en el pasto, atento al tirón.
Estaba rodeado de monte ribereño, cuya espesura empezaba a escasos cinco metros a mi derecha, y
a menos del lado izquierdo. La noche estaba bastante clara, pero debido a las sombras el monte estaba
negro,  y de esa oscuridad salió de repente un hombre. Caminó hacia mí y se sentó a unos tres metros.
No me levanté, mas solté la cuerda y agarré el mango del machete que cargaba en la cintura; al tipo
pareció no importarle mi reacción.  Tenía puesto un sombrero, y la sombra de éste impedía que le viera la cara. 

- No creí que alguien se animara a acampar en este lugar - dijo de repente el hombre.
- ¿Por qué? - pregunté, y seguí con tono firme -. Que yo sepa no está prohibido pescar aquí.
- No es por eso, es porque este lugar está embrujado ¿No lo sabía?
- No creo en esas cosas - afirmé.
- Crea o no igual se asustaría del espanto que ronda por aquí. Es su única finalidad, asustar a la gente.

Mientras el tipo hablaba yo trataba de examinarlo, y no perdía de vista sus manos. No hablaba como
la gente de campo, y su voz decía muy poco de su edad. Su ropa era oscura, mas no podría detallar más que eso, pues no tenía ningún rasgo que resaltara.

- Aparece en forma de anciana - continuó -. De una anciana diminuta. Y se la ve pasar corriendo, o
meciéndose sentada en alguna rama, a modo de hamaca. Si se duerme aquí, ella le susurra al oído, y
al despertar se la ve huir a las risas rumbo a las sombras. Si enciende una linterna y le ilumina la cara,
va a descubrir que es horripilante, y ante un susto así se puede hasta enloquecer.
- Como ya dije no creo en esas cosas. He acampado muchas veces y nunca vi nada, y aunque existiera, sino puede hacerme nada, si sólo busca asustarme - le dije -, no le voy a dar el gusto. Para mí no hay poder mayor que el de Dios, y se que con su ayuda ahuyentaría a cualquier espíritu maligno.
Después que dije aquello el tipo se levantó y caminó hacia la oscuridad del monte. Lo que quedaba de
la noche estuve alerta. No volví a ver al hombre, más bien a la aparición o lo que fuera, pues por la mañana comprobé que el lugar por donde se había ido era casi imposible de atravesar. 
 

2 comentarios:

  1. que tipo de narrador es o eres?

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    1. ¿Yo? Soy un bloguero nomás, principiante de escritor.

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