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Te Hago Un Cuento Personalizado

¡Hola! Te hago un cuento personalizado, sobre el tema que quieras y el género que gustes, para gente grande o niños. Puede ser un boni...

miércoles, 30 de junio de 2010

La ofrenda

En una soleada tarde, me encontraba recorriendo el sendero que atraviesa un
bosque de eucaliptos en mi diario paseo junto a mi perro, cuando vi que a un
lado del sendero en el suelo había una bandeja de plástico que contenía un
trozo de carne asada con papas y frutas picadas, también había una lata de
cerveza y la bandeja estaba rodeada de velas negras consumidas casi por
completo, la carne estaba pálida y desprendía un olor asqueroso, sin dudas
se trataba de una ofrenda que habían dejado por la noche. Tome un palo con la
intención de pegarle a la lata de cerveza para ver si explotaba ya que debía
estar muy caliente bajo los rayos del sol, alse el palo y estaba a punto de darle
cuando me acorde de la historia del viejo Suarez, toda una historia de terror, arroje
el palo y me aleje de ese lugar y por unos días no volví a pasar por ahí.

A tempranas horas de la mañana el viejo Suarez cruzaba el bosque que era de
su propiedad para buscar a sus vacas que pastaban en un campo cercano, las
conducía asta su casa en donde las ordeñaba y luego volvía a llevarlas para el
campo. Una mañana, cuando cruzaba el bosque vio al pié de un árbol una ofrenda
de esas que deja la gente que cree en el diablo, el viejo desparramo la comida y
las velas y rompió un recipiente que contenía sangre, no le gustaba que la gente
entrara en su bosque y mucho menos para esas actividades, siguió con su rutina,
fue a buscar a las vacas y las ordeño, cuando las iba a regresar al campo vio que
en el mismo lugar en donde estaba la ofrenda había alguien agachado, vestía una
especie de poncho negro con la cabeza cubierta por una amplia capucha.
" Debe ser uno de esos locos que andan haciendo esos rituales y dejando esas
ofrendas" Pensó el viejo, mientras se le acercaba por la espalda esgrimiendo la
vara de arrear, cuando se acerco lo suficiente escucho al encapuchado hablar
algo pero no se entendía ni una palabra de lo que decía, lo que asusto al viejo
Suarez fue que la voz no se oía como la de una persona sino como una multitud
ablando al unisono, se levanto y volteo hacia el viejo que se encontraba paralizado
de miedo, camino unos pasos y tirando la capucha hacia atras descubrió su
cabeza, la cual no era la de un ser humano, era una cabeza de cabra, estiro su
brazo y toco con su mano peluda la frente del viejo que se desmayo de terror.
Despertó tirado en el bosque con un fuerte dolor de cabeza, camino con dificultad
hacia su casa y al llegar le contó a su esposa lo sucedido. Al otro día el dolor de
cabeza aumento y tuvo que ir al medico, después de barios examenes le
diagnosticaron cancer en la cabeza, un enorme tumor se encontraba en su frente,
después de sufrir algunas semanas Suarez murió.

martes, 29 de junio de 2010

La calle del cementerio

Salió de la atmósfera viciada de aquel viejo bar y comenzo a caminar por la
calle de veredas rotas que conducía a su hogar, una persistente llovizna
empañaba la fría noche invernal, un viento que azotaba a intervalos chocaba
contra las grises paredes de las antiguas casas y silbaba al rosar los techos.
Facundo siguió caminando por la empapada y solitaria calle iluminada
pobremente por algunos focos de amarilla luz que titilaban como amenazando
apagarse, por esa parte de la ciudad y a esa hora de la madrugada era normal
que circulara poca gente, pero esa noche el frío y la llovizna hicieron que Facundo
fuera el único peatón que perturbaba la inquietante quietud de la madrugada.
Al llegar a la esquina del cementerio una sensación extraña le erizo los pelos de
la piel. En las incontables noches en las que regresaba del bar rumbo a su casa
jamás había sentido miedo de cruzar al lado de los altos pinos que adornaban
tristemente la vereda del cementerio, ni de caminar contra el blanco muro el cual
ocultaba tras de si un laberinto de nichos y panteones vigilados por inmóviles
ángeles con extrañas muecas en sus caras y cuyos ojos pintados, según afirman
algunos, siguen los pasos de los dolientes. Lejos de sentir miedo, el carácter
irrespetuoso y violento de Facundo acentuado por el alcohol, lo hacía maldecir e
insultar cada vez que cruzaba frente a las gruesas rejas del portón del cementerio.
Al llegar frente al portón, vacilo un poco pero al fin volvió a maldecir, le faltaban
pocos pasos para llegar a la otra esquina cuando algo lo golpeo derribándolo
boca abajo, cuando intento levantarse se lo impidieron presionandolo contra
la vereda, sintió como subían su chaqueta y una multitud de frías manos arañaban
su espalda, grito lleno de terror y dolor y asiendo un esfuerzo sobrehumano
comenzo a arrastrarse, cuando alcanzo la calle dejaron de atacarlo, giro para ver
a sus atacantes pero no vío a nadie, la calle estaba bacía, corrió asta el hospital
más cercano en donde le atendieron los horribles arañazos que le habían
infinglido. Desde esa noche no volvió a cruzar más por el cementerio, cuando
contaba su historia de terror, temblaba de miedo al evocar tan extraño echo y
nunca supo con certeza que era lo que lo había atacado.

lunes, 28 de junio de 2010

El fantasma de Verónica

Cuando terminaron de demoler aquella vieja casa, respire aliviado. ignorando
que la situación iba a empeorar. En la ahora derrumbada casa, vivió hace muchos
años una familia, un matrimonio con su pequeña hija, la niña, según comentan,
nunca fue normal, desde que comenzo a ir a la escuela demostró un carácter
violento, atacaba sin razón a sus compañeros de clase, incluso a los varones,
cuando la maestra castigaba a la niña haciendo que permaneciera en un
rincón del salón, asustaba a los niños con su mirada penetrante y parecía
disfrutar de ello, asta la maestra se sentía inquieta cuando aquellos ojos verde
claro la observaban. Sus padres eran muy diferentes, la gente no se explicaba
como podía salir una niña tan malvada de dos padres buenos y educados que
se hacían querer por todas las personas que los conocían. Dicen que una tarde
la señora que trabajaba limpiando la casa, encontró a Verónica, así se llamaba
la niña, sonriendo mientras destripaba a un gato. Muchas son las historias que
se contaban sobre los actos de maldad de Verónica, luego de recorrer varias
escuelas y colegios de los cuales era expulsada al poco tiempo, dicen que
sus padres la llevaron a un montón de médicos y que ninguno pudo diagnosticar
su mal, era sumamente inteligente, y entendía perfectamente que las cosas que
hacía estaban mal , simplemente disfrutaba de hacerlas.
Sus padres no tuvieron más remedió que recluirla en la casa, la otra opción
era una institución mental, pues los médicos dijeron que era peligrosa.
Cuando llego a la adolescencia, no se bien a que edad ni por que motivo,
Verónica murió. Poco tiempo después sus padres se mudaron lejos, con el
tiempo pasaron barias familias que alquilaron la casa, ninguna duro viviendo
en ella mas que unos días, el rumor de que por la casa rondaba el fantasma
de Verónica comenzo a difundirse por toda la ciudad.
Nunca creí en fantasmas, además al oir la historia de la niña pensé que la
gente exageraba, incluso sentí compasión, creyendo que en realidad solo
fue una niña incomprendida. Cuando construyeron una panadería al lado de
la casa, fui a ofrecerme para trabajar y me contrataron como ayudante de
panadero en el turno de la noche.
En la primer semana de trabajo ya comenzamos a oír ruidos que provenían
de la casa, solo un estrecho corredor de un metro separaba a la panadería de
esta, y se podían oír con claridad como se cerraban puertas o arrastraban
cosas. El maestro panadero llamado Jorge, al cual yo ayudaba, al igual que
yo no creía en fantasmas, siempre buscaba una explicacion lógica al origen
de los ruidos - Debe ser el viento que entra por alguna ventana - dijo algunas
veces y yo lo apoyaba, en otras ocasiones yo tehorisaba que podían ser gatos
cazando ratones los causantes de aquellos extraños sonidos. Algunas noches
simplemente tratábamos de ignorarlos, continuando con nuestra rutina sin
comentar nada, pero era inevitable el sobresalto o el lento escalofrío que
corría por la espalda al sentir chirriar puertas. Una noche nos llevamos tremendo
susto al oír el inconfundible sonido de alguien que corría pero los pasos no
sonaban en el piso, lo hacían en las paredes.

Asía ya barios días que avían demolido la casa y yo ahora estaba mucho
más tranquilo, aliviado por no oír más esos ruidos. La noche que no olvidare
por el resto de mi vida, fue la mas calurosa de las jornadas en que trabaje,
en un momento en que estuve desocupado salí afuera para refrescarme un
poco, recostado en una de las paredes en el patio interior de la panadería
contemplando las estrellas, me parecio ver algo por el rabillo del ojo y mire
hacia la alta pared de la claraboya del baño, en la pequeña ventana vi la pálida
cara del fantasma de Verónica, con sus ojos claros clavados sobre mi y una
sonrisa de malicia que asta hoy me atormenta, me saludaba con su mano
pegada al vidrio de la ventana, por un instante quede paralizado por el terror
y lo único que pude hacer fue gritar, se abrió la puerta que da al patio y Jorge
corrió hacia mi preguntándome que sucedía, giro la cabeza hacia donde yo
estaba mirando y también la vio y retrocede horrorizado, no se durante cuanto
tiempo la vimos sin poder apartar la mirada asta que desapareció.
Entramos corriendo a buscar la llave para abrir la puerta que da a la calle, en
el baño se oían ruidos y golpes en las paredes. Ese mismo día renunciamos
al trabajo, al poco tiempo la panadería cerro, una muchacha que trabajaba
como vendedora me contó que incluso durante el día se oían ruidos.
Cada ves que paso enfrente de la ahora abandonada panadería, siento
aquellos ojos terribles vijilandome.

jueves, 24 de junio de 2010

Hombre lobo

El reptil enroscado se amaco calculando la distancia y atacó, don Ramos
sintió como algo le golpeo la pierna, miro hacia abajo y vio al reptil pronto
para atacar nuevamente, la vibora llevo su cabeza hacia atras como para
tomar impulso, pero la hoja del largo cuchillo o "facón" como le dicen los gauchos
surco el aire decapitando a la vibora, su cuerpo comenzo a girar y enroscarse
sobre si mismo en la primera fase de su lenta muerte.
Se arremango la pierna del pantalón, dos gotas de sangre señalaban
la mordida de la vibora - ! La gran p...... me pico una crucera ¡ - Grito don Ramos,
sus dos compañeros de trabajo corrieron a socorrerlo, Andrés llego primero, vio
el grueso cuerpo de la vibora de la cruz que debía medir más de dos metros
retorcerse en el pasto, al llegar Fabián contemplo aquella escena y levantando
el ala de su sombrero con la cara marcada por un gesto de preocupación dijo
- Esa mordedura debe ser grave, vamos a tener que llevarlo pal pueblo pa que
lo atiendan - La pierna ya había comenzado a hincharse y exhibir un color morado.
Don Ramos era el mas veterano de los tres, conocía lo grabe de una mordedura
si no es atendida, pero miro afligido el ganado que pastaba cerca de ellos y
dijo - ¿que vamos a hacer con la tropa? todavía falta mucho por llegar a la
estancia - Fabián mirando a Andrés comentó - Vas a tener que quedar solo a
cuidar las vacas, yo tengo que acompañar a don Ramos, no puede ir solo
con esa pierna así - Andrés respondió con voz firme - Como usted mande, vallan
nomas que yo me revuelvo solo -
Andrés era un joven de veinticinco años, con mucha experiencia en trabajos
rurales, asía cinco años que arriaba tropas junto con Fabián y don Ramos.
Estaban por acampar para pasar la noche cuando la vibora ataco a don Ramos.
Ayudaron a montar a su veterano compañero, Fabián saco el rifle de la montura
de su caballo y se lo entrego a Andrés y le dijo - El ganado viene bastante
cansado se van a mantener por aquí nomas pastando tranquilos, pero tenes que
estar muy atento, me dijeron que por esta zona anda un puma, en cuanto llegue
al pueblo dejo en algún lugar a don Ramos y voy a tratar de volver lo más
rápido que pueda - Andrés vio partir a sus compañeros que se perdieron detrás
de una loma. Termino de juntar leña con los últimos rayos de luz de la moribunda
tarde, cuando la noche se hizo plena asomo en el horizonte una amarilla luna llena
que ilumino el paisaje con su tétrica luz y alargo las sombras de los árboles
que se mecían lentamente acariciados por un cálido viento que soplaba desde el
norte. Su improvisado campamento estaba al lado de una cañada, un delgado
curso de agua, unos pocos sauces acompañaban su recorrido, un tanto más
alejados del agua crecían un grupo de arbustos, todo esto rodeado por un
extenso y monótono campo.
Cerca de la medianoche, Andrés, sentado al lado del diminuto fogón oyó a una
vaca balar lastimosamente como si algo la estuviera atacando, inmediatamente
la tropa huyo asustada en una ruidosa estampida, monto de un salto en su caballo
y con el rifle en la mano se dirigió a investigar lo que sucedía. La tropa retumbaba
ya lejos del lugar, Andrés sentía los latidos de su corazón cada vez más fuertes,
cuando llego a la cima de una leve elevación del terreno, vio a una vaca tendida
en el suelo sacudiendo sus patas en su agonía y encima de ella lo que pensó
en un primer momento era un puma, apunto el rifle y a punto de disparar noto que
no tenía cola, mas bien parecía un enorme perro, cuando la bestia levanto su
cabeza y miro hacia Andrés, la impresión tan fuerte que sintió y el miedo que
invadió su cuerpo, recorrido por un torrente de adrenalina casi lo paralizaron.
El cuerpo de perro de la criatura no estaba cubierto de pelos, su piel era
como la humana, y lo que aterro a Andrés fue que su cabeza era la de un hombre.
Aquella criatura grotesca, con cuerpo de perro y cabeza de hombre, se abalanzo
hacia el tembloroso joven, se oyó un disparo que izo eco en los lejanos cerros,
tres mas lo acompañaron, la criatura freno su carrera por un instante, el caballo
se asusto, se paro sobre sus patas traseras y Andrés callo al suelo, se levanto
rápidamente con gran agilidad y volvió a apuntar, vio la cara ensangrentada
a su lado y las manos con enormes garras de la criatura trataron de agarrar su
pierna, Andrés retrocedió de un salto y el cañón del rifle nuevamente volvió
a tronar, esta vez le dio en medio de la cabeza. El galope de un caballo anuncio
la llegada de Fabián que regresaba del pueblo, al oír los disparos se dirigió
al lugar, desmonto y empuñando su facón contemplo horrorizado a la criatura que
ahora estaba tendida sangrando en el pasto, Andrés sin sacarle los ojos de
encima a aquella abominacion le contó rápidamente lo sucedido a su compañero.
Decidieron que lo mejor era irse de ese lugar, la criatura parecía muerta, a la
mañana regresaron al lugar pero no encontraron nada y se arrepintieron de
no asegurarse de la muerte de aquella horripilante criatura, que seguramente
seguiría deambulando en las noches de luna llena.

domingo, 20 de junio de 2010

El duelo criollo

El caballo trataba de derribar al hombre dando brincos con el lomo arqueado,
saltaba y giraba al mismo tiempo, asta que en uno de sus intentos lo consiguió.
El jinete calló pesadamente en el reseco suelo del ruedo, una de las patas
del caballo le golpeó la cabeza y produjo un sonido que lo escucharon todos

los que estaban mirando la jineteada, un grupo de gauchos corrió a socorrerlo.
Fuera del rodeo la gente se amontonó contra el alambrado tratando de ver al
pobre hombre que quedo tirado inmóvil en el suelo, de su cabeza brotaba
un rojo manantial que la sedienta tierra comenzo a absorber.
Era una de las fiestas gauchas más grandes que se realizaban en el Uruguay.
Las jineteadas eran la atracción principal, fuera del ruedo humeaban fogones
con parrillas llenas de carne, y en grandes ollas de hierro se freían tortas y pasteles
que se vendían en gran cantidad.
Se abrieron paso entre la gente con el jinete accidentado, cargando entre cuatro
su cuerpo ya inerte. Juan, recostado a un árbol, contemplaba indiferente aquella
trágica escena cuando algo yamo su atención, un hombre esbosaba una sonrisa
como de satisfacción mientras veía transportar al muerto, lucía impecables ropas de
gaucho, la camisa y el amplio pantalón o "bombacha de campo" como le decimos
aquí, se veían nuevos y relusientes, sus botas de cuero brillaban como recién
pulidas y en su cintura el amplio cinturón estaba adornado lujosamente en plata
y oro al igual que el mango del puñal que portaba en la cintura, asta el sombrero
estaba adornado con finos detalles. Juan lo miro con desprecio y se le acerco,
" Debe ser un rico estanciero, de los que se disfrazan de gauchos", pensó Juan.
Juan era un pendenciero, disfrutaba de pelear, eran varios los rivales que su
cuchillo había marcado en numerosas reyertas, incluso había matado a uno en
un lugar lejano, en donde todavía era buscado por la policía.
Mas que la indignación producida por ver la sonrisa de aquel hombre que parecía
disfrutar de la desgracia del jinete, lo que lo yebo a encararlo fue sus ganas de una
buena pelea, se le paro en frente, y con una voz prepotente le dijo - ¿ De que se
ríe usted? ! aquí no ay nada gracioso, mejor se va calladito antes de que le adorne
la cara con un tajo ¡ - El hombre ni lo miro, siguió contemplando con la sonrisa
todavia mas amplia al fallecido jinete que subieron a una carreta. Esa actitud
desconcertó un poco a Juan, que volvió a hablarle casi gritando - ¿ Se esta
haciendo el sordo o que? ! ya le dije que se fuera de aquí ¡ - Los negros ojos
apuntaron a Juan, que retrocedió con su mano apretando el mango de su puñal,
con una voz profunda y grabe el hombre le dijo - Si no quiere morir hoy, mejor
vallase, gaucho insolente- Aquellas palabras y el negro de la mirada, hicieron
a Juan estremecerse desde lo más hondo de su ser, retrocedió impactado y
temeroso, miro a su alrededor, algunas personas que habían oído el intercambio
de amenazas, los rodeaban expectantes esperando la pelea, otros que
advirtieron la situación se les sumaron. Sintió herido su orgullo e ignorando a
su instinto que le decía que no se metiera con aquel hombre, Juan desenvaino
su cuchillo, el extraño se le acerco un poco y en voz baja le dijo- Aquí no, hay
mucha gente, lo espero detrás de aquel cerro - Dijo esto apuntando con la negra
mirada hacia el cercano cerro, luego dando la espalda se alejo y se perdió entre
de vista. Juan quedo inmovil por un momento, cuando reacciono fue a buscar
su caballo, asegurándose que nadie lo seguía, partió rumbo al cerro.
Galopo sintiendo una angustia indescriptible, con la boca reseca y un sudor frió
corriéndole por la cara, antes de llegar a su destino detuvo su caballo, se debatió
con su miedo, pensó en huir, sentía sus entrañas retorcerse por la angustia, decidió
ir al encuentro de aquel misterioso hombre, impulsado por esa mezcla de coraje
e insensatez que hace a los hombres enfrentarse en cruentas batallas.
Cuando llego al lugar, el otro ya lo esperaba, bajo del caballo y avanzo con
el cuchillo en la mano, Juan izo lo mismo, el desconocido no tenía nada de
extraordinario a no ser sus negros e inquietantes ojos, parecía ser de mediana
edad, de estatura y complexion promedio, pero algo en el hacía temblar la
mano de Juan. Se midieron como dos gallos de riña, Juan ataco primero lanzando
un " puntaso" hacia el abdomen de su rival, que con un paso hacia el costado
esquivo facilmente y con un rapidísimo movimiento su afilado cuchillo corto la
mejilla de Juan, el cual respondió inmediatamente dibujando un arco con su acero
que nuevamente fue esquivado por su rival y le respondió con otro tajo, que esta
vez corto la otra mejilla e inmediatamente con otro ágil movimiento, el acero
recorrió el largo de las costillas, abriendo un surco desde un costado de Juan hasta
su pecho, la herida abierta comenzo a sangrar en todo su largo, tiñendo con su
rojo la celeste camisa. El hombre, que sonreía desde el comienzo del duelo dejo
escapar una carcajada, y comento alegre lo siguiente - ! Que divertido ¡ a pesar de
lo que cree la gente nunca mato con mis propias manos - Juan, desesperado,

volvió a atacar inútilmente y lo único que consiguió fue otro corte, esta vez en
su abdomen, callo de rodillas sintiendo algo que se le escapaba por la profunda
herida, su temblorosa mano palpo sus visceras calientes y resbalosas, las vio
asqueado brillar bajo el sol con sus pálidos tonos grises, el dolor era mortal,
La visión se le puso borrosa mientras escuchaba la carcajada de su matador
que continuó ablando - Me hago presente en las jineteadas porque me gusta ver
a los hombres arriesgar sus preciosas vida por unas pocas monedas y aplausos,
además me satisface sentir como la gente, en el fondo de su ser, desean que a
los jinetes les pase una desgracia. ! AAAA ¡.....!como extraño los circos romanos,
a nadie le importaba la vida de los gladiadores...la gente disfrutaba de mi trabajo¡ -
Estas palabras hicieron comprender a Juan lo que su instinto trato de advertirle,
se había enfrentado en un duelo contra la muerte en persona, levanto lentamente
la vista, y vio la negra y estropeada túnica, antes de que sus ojos consiguieran
ver aquel horripilante rostro, lo invadió la oscuridad total, el silencio infinito.....

viernes, 18 de junio de 2010

La cosa del monte

Era una calurosa tarde de verano, las cigarras cantaban al unisono su invariable
canción, yo avanzaba por un sendero trazado por el diario recorrido de las vacas,
mi perro llamado "Rocky", correteaba delante de mi, olfateando y explorando todo
lo que podía. Camine esquivando las ramas con agudas espinas de los árboles
que verdeaban el monte que sigzagueaba a mi izquierda, a la derecha, las
rígidas y largas hojas de los cardos, parecían agudas espadas, que se cruzaban
formando una punzante barrera.
. Detrás de los cardos, yacían inmobiles las aguas negras y estancadas
de un extenso bañado, solo perturbadas por el cauteloso andar de algunas
garzas, que patrullan la quietud bajo el abrazador sol. En el monte las palomas
entonaban misteriosos cantos, a mi paso, centenares de diminutos saltamontes
brincaban y volaban espantados.
Cuando reconocí el lugar que era mi destino, respire aliviado y entre a la
refrescante sombra del monte, luego de pocos metros de caminar bajo los árboles
brillo ante mis ojos las cristalinas aguas del arroyo, sin perder el tiempo comenze
a preparar el campamento y dejar listo el equipo para pescar, mientras mi perro
se divertía refrescandose en las alegres aguas del arroyo. Asía ya buen tiempo
que no pescaba en ese lugar, pero había cambiado muy poco, un puerto natural
de unos veinte metros, con una franja de blanca arena, que en su parte mas ancha
no debía medir más de cuatro metros, llegaba asta una pequeña barranca,
en donde comenzaba un verde pasto que tapizaba el lugar asta llegar al monte.
A pocos metros de donde pescaba, había una depresión en el terreno, rodeada
por frondosos pitangueros que formaban una especie de techo, en ese lugar
es en donde yo dormía cuando acampaba en esa parte del arroyo.
Después de juntar leña, sentado en la barranca me dedique a pescar, mi
perro, como era su costumbre, se internaba en la espesa arboleda, intentando
cazar algo, al rato volvía y se acostaba a mis pies.
Cuando callo la noche, decidí dejar la pesca para la mañana, el pique era bueno
pero estaba un poco cansado por la larga caminata.
Encendí el fuego, y sentado sobre la lona que había llevado, con mi fiel amigo
a mi lado, vi cocinar lentamente el bagre que había clavado en una estaca
junto al fogón. Cuando termine de cenar, Rocky, que había consumido su alimento
asía ya buen rato, dormía arrollado a mi lado, la cálida luz del fogón iluminaba
perfectamente el estrecho lugar en donde me encontraba, mas allá de los
árboles que me rodeaban la noche reinaba ocultando todo en sus sombras,
No había mosquitos debido a una leve briza que venía desde el arroyo,
me acosté de lado mirando el fogón, dándole la espalda a mi perro que dormía
placidamente, de a poco las llamas fueron disminuyendo y la leña se convirtió
en rojas brazas, la oscuridad avanzo lentamente.
Desperté en la oscuridad, el fuego se había extinguido completamente, sentí una
respiración en la nuca, supuse que era la de mi perro, cerré los ojos para volver
a dormir, cuando un sonido que provenía del puerto me alerto, levante la cabeza
al tiempo que tome mi linterna, antes de que la encendiera distinguí que el sonido
era el de un animal corriendo velozmente hacia mi, al mismo tiempo, lo que estaba
a mis espaldas, huyo velozmente internándose en el monte, todo paso muy rápido,
cuando encendí la linterna, ilumine a mi perro Rocky, que paso a mi lado ladrando
furioso tratando de alcanzar a la cosa que vio cerca de mi, se interno unos metros
en la oscuridad, le ordene regresar, y volvió a mi lado con el pelo erizado y
gruñendo hacia el monte. Al parecer, cuando yo dormía, Rocky se dirigió al arroyo,
y algo que salio del monte se me acerco, cuando el perro regresaba la cosa huyo.
No puedo describir con palabras el miedo que me invadió al no saber lo que
tuve a mi lado respirandome sobre la nuca, además, a pesar de que no pude
verlo, si lo oí perfectamente cuando huyo, y lo que me aterro fue que esa cosa no
corría en cuatro patas, se alejo corriendo como una pequeña persona, por el
lugar por donde cruzo, deduzco que mediría como máximo unos cincuenta
centímetros. Me aleje de ese lugar lo más rápido que pude, durante el largo
camino que me separaba de la ruta, me parecía ver en las sombras que
escapaban a la luz de la linterna, pequeñas figuras humanoides que me
observaban desde la oscuridad.

viernes, 11 de junio de 2010

Leyenda de la mujer de blanco

La música resonaba en las humildes paredes de madera de aquel
galpón. En el medio las parejas bailaban alegres al compás de la
guitarra y el acordeón. En las mesas aún quedaban grandes trozos
de carne asada y bandejas con pan casero. Raúl, sentado en un rincón, tomó su último trago de vino, se levantó y fue a despedirse.

domingo, 6 de junio de 2010

El viejo

La carreta partió lenta y quejumbrosa siguiendo la huella del camino. Gonzalo, junto a su madre y sus dos hermanos menores, la vieron alejarse llevando el cadáver del viejo Duarte. María, la madre de Gonzalo, trato de decir unas palabras amables para despedir al difunto. Como no se le ocurrió nada, pues no había nada bueno que decir de aquel viejo amargo y antisocial, expresó lo siguiente: