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lunes, 23 de agosto de 2010

La casa del vampiro

Caminaba por la calle tironeando el traje barato que vestía y lo
incomodaba porque no le quedaba del todo bien. En su mano derecha cargaba una maleta llena de baratijas, de esas cosas que algunos tipos suelen vender de puerta en puerta. Era temprano en la noche pero no circulaba ni un alma porque hacía un frío horrendo. En el interior de las casas las luces estaban apagadas y ni los perros salían a ladrarle. Siguió, con paso singularmente firme, hasta donde terminaba la calle y la hilera de residencias. Los últimos focos del alumbrado público señalaron un camino casi transversal. Al final de este, como a una cuadra, se veía una casa con todas sus luces encendidas. Sin miedo a la oscuridad marchó con paso firme rumbo a la casa. Cuando se acercó vio su antigua fachada, era un caserón muy viejo.
 Algunas enredaderas trepaban por las paredes grises como queriendo alcanzar la altura, en donde reinaban vigilantes unas horribles gárgolas de piedra que miraban hacia abajo como vigilando a los que llegaban. Las ventanas estaban parcialmente cubiertas por cortinas negras pero que eran delgadas y frente a una de esas se vio cruzar una sombra. El vendedor no se impresionó con esa aparición repentina y golpeó varias veces la puerta. Esta se abrió de golpe y en el umbral apareció un viejo con cara de pocos amigos, y con una mirada inquisitiva que lo observó a él de pies a cabeza y después espió hacia el sendero para ver si iba solo.

 - ¿ Que quiere ? -le preguntó el viejo con una voz grave y profunda.
- Estoy vendiendo algunas cosas que pueden interesarle -dijo el hombre mientras mostraba la maleta y exhibía una sonrisa 
- Esta bien, pase, que aquí afuera hace un frío endemoniado -volvió a sonar la voz grave del viejo mientras caminaba hacia el centro de la habitación y lo invitaba también con un gesto de su mano.

En la sala había una mesa rodeada de sillas. El hombre con la maleta cerró la puerta y lo siguió. El viejo se sentó y cuando fue a invitar al hombre a tomar asiento, descubrió sorprendido que
este había desaparecido. Comenzó a asustarse y cuando estaba
recorriendo la habitación con la mirada, unas manos poderosas y frías sujetaron sus hombros por detrás y una boca espantosa se cerró sobre su cuello.

Después de alimentarse de forma repulsiva, el vampiro se quitó
el traje que había tomado de un vendedor ambulante que fue su
primera víctima de la noche. Más tarde, vestido con una bata que encontró en el ropero, revisó toda la casa y luego subió al techo desde donde se divisaban las residencias cercanas, entonces sonrió de forma maligna. Ahora la casa tenía un nuevo dueño.

12 comentarios:

victor daniel dijo...

esta bacano me gusto mucho




Anónimo dijo...

me gusto mucho

Anónimo dijo...

ESTE CUENTO ES SUPER ORIGINAL ME ENCANTAN LOS VAMPIROS

Jorge Leal dijo...

Sí, tal vez es el más original de vampiros que escribí. Gracias por comentar. Saludos.

marcelo aguilera dijo...

me encanto

Jorge Leal dijo...

Hola Marcelo. Muchas gracias por leerme y comentar. Saludos.

julian c suarez m dijo...

a que genero literario pertenece?

Jorge Leal dijo...

Hola. Es un cuento. Obviamente es de terror y de vampiros. Gracias. Saludos.

Mariana Viguri dijo...

Muy bueno!

rudie dijo...

Corto pero conciso. Muy bueno.

Jorge Leal dijo...

Muchas gracias, Rudie. Saludos!!

Anónimo dijo...

muy bueno

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