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miércoles, 27 de octubre de 2010

El cementerio abandonado

Ya hacía kilómetros que se había separado de sus amigos, pero Pablo aún
Continuaba exhalando rabia, como un toro embravecido. Fue la mas grabe de
Las peleas que había tenido alguna que otra vez con sus amigos. Pablo conocía a
Oscar y Antony desde que iban a la escuela; compartían muchas cosas en común
Como la pasión por la pesca, pero los separaba otra gran pasión, el fútbol .
Acampando a orillas de un río comenzaron a hablar, luego a discutir sobre futbol.
Pablo era el mas temperamental, cuando los ánimos se caldearon guardó sus
Cosas y se hizo al camino avanzando a grandes pasos, sin importarle la gran
distancia que debía recorrer bajo el luto de la noche. Habían llegado hasta allí
En el auto de Antony, eran treinta kilómetros de caminos de tierra escasamente
Poblados, algunas estancias brillaban a lo lejos, en la inmensidad del campo.
Una luna menguante asomaba debajo de una nube, como si fuera una gran sonrisa
Macabra. La calle era una insignificante línea que corría entre la oscuridad de la pampa.
Una lechuza posada en un poste del alambrado le chistó al pasar, el viento silbaba
Entre los pastos una melodía atemorizante que calaba hasta el alma. Los perros de
Una estancia ladraban a lo lejos, enfrentando al viento, o quizás a un enemigo
Invisible a los ojos humanos.
Pablo reconoció unas canaletas talladas por el agua que angostaban aún mas
La calle; estaba cerca del cementerio abandonado. Solían enterrar en el a gente
De la zona pero luego dejó de usarse. La naturaleza había reclamado sus muros
trepando en forma de enredaderas, dándole un aspecto terrorífico y siniestro.
Respiró hondo y siguió caminando. Al pasar frente al carcomido portón de chapa
Oyó un chirrido, el portón se entreabrió y asomo una cabeza calva y blanca.
El susto fue tan grande que se sintió desvanecer. Volvió en si para horrorizarse
Todavía mas, alguien lo jalaba hacia el interior del cementerio, ya la mitad de su
Cuerpo cruzaba el portón. Pataleó con todas sus fuerzas hasta que consiguió
Zafarse de las heladas manos que sujetaban sus tobillos. Desesperado corrió
Unos pasos sin perder de vista el portón entreabierto, una luz lo encandiló,
El auto no pudo esquivarlo y lo arrolló matándolo en el acto.
Era el auto de sus amigos que levantaron el campamento para alcanzar a Pablo
Y llevarlo hasta su casa.

1 comentario:

  1. Que buen cuento, me gusto harto el final.
    cony

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