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martes, 30 de noviembre de 2010

El Fantasma en la tormenta

Recuerdo que yo estaba muy entusiasmado, la camioneta llegó a mi casa
Cuando apenas amanecía, mi amigo Rubén iba sentado en la parte de atrás.
Hicimos una hora por ruta y luego tomamos un camino rural. El viento
Golpeaba nuestras caras sonrientes. La camioneta, bastante destartalada,
Transitaba a duras penas por aquel camino de tierra y piedras sueltas.
Cruzamos por campos solitarios y melancólicos, la región mas monótona
Que e visto; una llanura de pastizales bajos y desteñidos, las nubes grises
Ocultaban por completo al sol.
Cuando llegamos a la casa, me sorprendió lo grande que era, lo segundo
Que llamó mi atención, fue lo descuidada que estaba. Era el hogar de los
Tíos de Rubén, el iba seguido a visitarlos, como yo era su mejor amigo
Tuvieron la amabilidad de invitarme a pasar un fin de semana en su casa.
Ambos teníamos dieciséis años, a pesar de lo aburrido de aquel paisaje
Igual nos divertimos andando a caballo por aquella llanura desprovista de
Gracia y belleza.
La noche llegó junto con una aterradora tormenta. Cenamos iluminados por
Un farol y velas, la casa no tenía electricidad. Varias horas después de
Acostarme seguía sin poder pegar un ojo, no estaba acostumbrado a dormir
En una habitación tan amplia y tan amueblada, gracias a la vela que dejé
Encendida podía ver desde la cama al inmenso ropero negro de maderas
Talladas, a su lado un escritorio, en la misma pared en donde estaba la
Puerta, había estantes con libros voluminosos de tapas oscuras.
Fui hasta la ventana a mirar la tormenta, desde muy niño me gustaba ver
El sobrecogedor espectáculo de los relámpagos iluminando el cielo nocturno.
La tormenta eléctrica era impresionante, cerca de la casa se sacudía un enorme
Árbol, la lluvia lo azotaba con fuerza, la tempestad lo iluminaba desde diferentes
Ángulos. Un rayo calló con estruendo, la casa tembló, su luz blanca dejó ver
Un cuerpo que pataleaba y convulsionaba, en una rama del árbol, colgado de
Una cuerda, estaba un hombre ahorcado. Barios relámpagos siguieron al rayo,
Pude ver con claridad su cara, de su boca abierta colgaba la lengua, los ojos
Se movían de un lado al otro. Hubo un instante de oscuridad, cuando el
Paisaje se volvió a iluminar, el hombre ya no estaba, era un fantasma.
El resto de la noche la pasé temblando bajo las cobijas.
Durante el desayuno el tío de Rubén estaba un poco extraño, se levantó
De la mesa sin tocar su comida. Su esposa trato de excusarlo, contó que
Su marido se sentía mal, las noches de tormenta le hacían recordar la terrible
Noche en que su hermano se ahorcó en el árbol que está al lado de la casa.

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