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lunes, 8 de noviembre de 2010

Los nuevos ocupantes

Nunca desestimé la existencia de fantasmas, pero los asociaba con castillos
Medievales o enormes casonas con pasados oscuros y misteriosos. Creía que
Era muy probable que hubiera fantasmas en esos lugares tétricos, repleto de
Pasillos y habitaciones, desgraciadamente comprobé que pueden aparecer de
Forma súbita e instalarse en casas pequeñas y humildes como la mía.

La casa era nueva, a costo de mucho esfuerzo compré el terreno y la mandé
Construir. Vivía junto a mi esposa Silvia y mi hijo de ocho años Jonatan.
Una noche desperté y me senté en la cama, se escuchaban voces que parecían
Venir de la sala; “Debe ser la tele que la dejamos encendida” pensé, arrastré
Mis pies hasta la sala, estaba obscura, la tele apagada, cuando fui a encender
La luz tuve la fuerte impresión de que alguien cruzó a mi lado. Sentado en el
Sofá y cuando mi corazón bajó un poco su ritmo, llegué a la conclusión que
Me levanté aún estando medio dormido. Fui hasta la cocina a tomar un vaso
De agua fría, cuando estaba empinando el vaso vi por el rabillo del ojo que
Algo que estaba sobre la mesada se movía; el agua fría me corrió por el pecho
Mientras miraba atónito como la licuadora se arrastraba hasta el borde de la
Mesada, calló con estruendo y le saltaron algunos pedazos.
- ¿Qué pasó, que fue ese ruido? - me interrogó mi esposa
- No..nada…se me calló la licuadora - respondí con voz temblorosa.
El resto de la noche lo pasé despierto, confundido y preocupado, le buscaba
Mil vueltas al asunto. La noche siguiente fue particularmente aterradora; yo
Estaba despierto, los ojos bien abiertos. El grito me hizo saltar de la cama, era
La voz de mi hijo, cuando encendí la luz lo encontré acurrucado en su cama,
Miraba hacia el techo y temblaba. Ante las insistentes y variadas preguntas de
Silvia Jonatan solo respondía - !había alguien gateando en el techo¡ -
Le hice una seña a mi esposa y salimos del cuarto
- Creo que en la casa hay fantasmas - le dije, luego le conté lo de la noche anterior,
Tras discutirlo mucho decidimos hablar con el Padre Rovira, el había bautizado
A Jonatan y era de nuestra confianza. Luego de contarle lo sucedido nos comenzó
A hablar de problemas en la pareja y otros asuntos psicológicos.
- ¿De que esta hablando? !En mi casa hay fantasmas¡ - le dije un poco alterado,
Me disculpé al salir.
Nadie pudo ayudarnos con nuestro problema, eventualmente abandonamos la casa.

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