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domingo, 5 de diciembre de 2010

Ezequiel y la Ouija

Respondiendo al llamado telefónico de mi amigo Ezequiel, llegue hasta su casa.
Me recibió con una energía que hacía mucho no le veía, se lo notaba contento,
pero su mirada tenía algo de nerviosa, y su aspecto demacrado y las ojeras
Que ensombrecían su cara, delataban que estaba durmiendo poco.
- !Me comuniqué con ella, era ella, se comunica conmigo¡ - me dijo Ezequiel,
Los ojos muy grandes, fijos en los míos, y una sonrisa nerviosa, con un toque
De lunática.
- ¿Qué, con quien te comunicas? - le pregunté un poco confundido.
- !Con Andrea, paso horas conversando con ella, es Andrea¡ - al oír esas
Palabras me preocupé un poco. Andrea era su esposa, había fallecido ocho
Meces atrás. Me dijo que lo acompañara hasta el sótano de la casa, me iba
A mostrar como lo conseguía. El sótano estaba escasamente iluminado.
- Cuidado con la escalera, está algo resbalosa, sostente de la baranda - dijo
Ezequiel mientras bajábamos. Una lámpara que colgaba del techo, débil y
Amarillenta, alumbraba el centro, lo demás permanecía en tinieblas. Debajo
De la lámpara había una mesa y dos sillas, sobre la mesa, una tabla Ouija.
Inmediatamente comenzó la sesión, yo aun no salía de mi asombro.
Me senté frente a el, la lámpara se hamacaba como si la impulsara el viento.
Ezequiel hacía preguntas, cuando el puntero señalador paraba en una letra,
El la repetía en voz alta y me miraba, su mirada cada vez mas lunática.
Seguía la sesión cuando vi que algo se movía detrás de el, una figura oscura
E inestable, en constante movimiento, de forma humana pero grotesca.
Al ver mi mirada aterrada se levantó bruscamente y volteó; aquella cosa
Espantosa avanzó hacia el, mi amigo quedó petrificado.
“ !Ezequiel, Ezequiel¡ ” sonó aquella voz cavernosa, áspera, aguda, con
Un lejano tono femenino. Un brazo se estiró hacia el, digo se estiró porque
El cuerpo de aquella aparición aún estaba a varios pasos. Lo saque de aquel
Sótano casi arrastrándolo, - !Esa no es Andrea¡ - repetía una y otra vez.
En el sótano se escuchaba aquella voz aterradora “!Ezequiel¡, Ezequiel…..”.

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