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viernes, 17 de diciembre de 2010

La Sombra

En una noche calurosa de verano, Rodrigo y sus dos hermanos, Claudio, y
Esteban, jugaban en el jardín de su casa. Encima de la puerta de la casa, en lo alto de la pared, había una potente lámpara que iluminaba el jardín. Los niños corrían alegres persiguiéndose entre si. Claudio y Esteban entraron a tomar agua; Rodrigo quedó solo, secándose el sudor de la frente y recuperando el aliento.
Miró su sombra proyectada en la pared, era oscura y bien definida. Se acercó mas a la pared y comenzó a jugar con su sombra. Un enjambre de pequeños escarabajos voladores aureolaban la lámpara atraídos por su luz, chocaban contra el foco y caían al suelo. El cielo nocturno estaba cubierto por nubes oscuras y bajas, el aire cargado de humedad, las flores y los árboles del jardín estaban inmóviles, no corría ni la mas leve brisa, la noche estaba sofocante y extraña.

Rodrigo siguió jugando con su sombra. Tenía ocho años de edad y eso le parecía muy divertido. Agitaba los brazos y saltaba. En un momento dado notó que su sombra no seguía sus movimientos con exactitud, se movía de forma diferente a el, y comenzó a tomar otra forma. Se volvía mas alta y delgada y se alargaban los dedos de la mano. El niño entró a la casa gritando de miedo. Luego de escuchar su historia sus padres lo llevaron afuera para demostrarle que nada raro ocurría
con su sombra. Quedaron un poco sorprendidos al comprobar que, por la posición de la lámpara no había forma de que la sombra se proyectara contra la pared.

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