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domingo, 9 de enero de 2011

El jardín encantado

Elena solía caminar por aquel jardín florido, generalmente en días soleados y
Cálidos, cuando su débil salud corría menos riesgo de deterioro.
Elena era delgada y pálida, vestía delicados vestidos blancos, guantes de seda,
Y se protegía del sol con una pequeña sombrilla. Recorría el jardín inclinándose
En las flores e inspirando sus azares. Se sentaba bajo el parral y le servían te,
Que bebía con pequeños sorbos, algunas veces tosía, la tuberculosis avanzaba.
Cuando su salud se deterioró, miraba el jardín desde su ventana, era su única
Alegría. Curiosamente el jardín también comenzó a deteriorarse, de nada sirvieron
Los esfuerzos del jardinero de la casa, las flores se estaban muriendo, y terminaron
De secarse al fallecer Elena.
Desde entonces, en las noches claras, se ve a Elena caminar entre las plantas
Resecas de lo que fue su jardín. Viste de blanco y se inclina como si oliera las
Flores, mueve sus brazos lentamente, y su cara luce arrugada y seca, los labios
Hundidos en la boca, sus ojos son un hueco negro, y sus pelos vuelan con el
Viento, se sienta bajo el esqueleto del parral y desaparece.

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