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martes, 25 de enero de 2011

La cosa sin cuerpo

Después de pronunciar aquellas nefastas palabras ella se marcho.
Aníbal continuó sentado en aquel frío banco de plaza, presa del desgano y
La tristeza que causa una ruptura, los ojos caían hacia el suelo pero sin
Mirar. Por su mente cruzaban recuerdos y veía deshacerse proyectos, otra vez.
La moribunda tarde se rindió ante la noche, la ciudad encendió sus luces, las
Pocas personas que circulaban por la plaza se marcharon, se ensombrecieron
Los jardines del paseo, el rocío comenzó a abrillantar el césped, los numerosos
Árboles se enlutaron, una calma extraña se hizo presente.
Aníbal salió de aquella especie de transe que lo dominaba, miró a su alrededor
Como si recién despertara, se sorprendió cuando vio que algo se desplazaba
Sobre el césped. Era una cosa sin forma definida, asemejaba a una diminuta
Nube blanca que se deformaba continuamente, como si en su interior se retorciera
Algo, se elevó por encima de un cantero cubierto de flores y luego se hundió en
Este. Con la vista fija en aquel lugar, Aníbal se levantó y comenzó a retroceder.
Las plantas se agitaron y se enderezó lentamente el cuerpo de una persona.
Era un hombre, estaba vestido con harapos y su barba era espesa y desprolija.
Un instante después el indigente perseguía a Aníbal, gruñía como un animal
Y corría rapidísimo. Estaba a punto de alcanzarlo cuando cruzaron la calle,
Se oyó una bocina, la siguió el ruido de un tremendo golpe, cuando Aníbal
Volteó el indigente estaba tirado en la calle, el auto lo había arrollado.
La nube blanca salió de aquel cuerpo y se desintegró ante los aterrorizados
Ojos de Aníbal.

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