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martes, 11 de enero de 2011

La mala suerte de Eduardo

Ya hacía una hora que Eduardo había abandonado la ruta y caminaba por
Aquel camino desparejo y aún no llegaba a la estancia que buscaba.
Miraba a lo lejos esperando ver el grupo de casas que formaba la estancia,
Pero delante de el solo había campo y soledad, algunas pocas vacas levantaban
La cabeza y lo miraban, luego volvían a lo suyo.
“Que suerte perra la mía, peón mensual y de a pie, la gran p….” pensó
Eduardo y pateó una piedra.
Llegó hasta un puente atravesado por un arroyo bajo y cristalino, a unos metros
Del camino reverdecían unos sauces, era un buen lugar para acampar. La tarde
Se apagaba lentamente, ni se molestó en juntar leña para hacer fuego, estaba
Muy cansado. Acomodó sus escasas pertenencias debajo de los sauces y se
Acostó a descansar.
Ya de noche el cielo se cubrió de estrellas y el campo se hizo negrura, algún
Mugido lejano interrumpía a veces el silencio, dueño indiscutido de la pampa.
Estaba por dormirse cuando un ruido lo alertó, era en el agua, alguien
Chapoteaba y reía alegremente, era una risa femenina. La risa producía un
Eco antinatural, como si viniera de un pozo.
Juntó sus cosas lo mas rápido que pudo, cuando estaba por partir,
Unos dedos fríos le rozaron la cara. La risa vuelta carcajada siniestra lo
Persiguió por unos minutos, Eduardo corría por el camino mientras maldecía
Su suerte. La pampa volvió a estar en silencio, el arroyo bajo pero traicionero
Corría manso.

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