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viernes, 28 de enero de 2011

Matías y la Oscuridad

Con el sol casi poniéndose en la espalda, Matías arreó a las vacas hasta el
Campo de pastoreo. Era una de sus tareas diarias, lo hacía por la mañana
Y en la tarde, después que su padre las ordeñara. No era una tarea difícil
Para un muchacho de catorce años nacido y criado en el campo.
Las conducía por un sendero que bordea un bosque y dejaba las vacas en
Un campo que arrendaban. En esa ocasión, cuando terminó de pasar la
Última lechera y Matías cerró la portera, ya era prácticamente de noche.
La noche cubrió el sendero con sus alas oscuras en forma de nubarrones
Que ocultaron hasta la última estrella. El muchacho se lamentó por haberse
Olvidado de llevar la linterna, era la primera vez que lo hacía.
Como si fuera un ciego, utilizaba la vara de arrear para no desviarse del
Sendero. Hacia donde volteara veía la misma negrura que unía el cielo
Y la tierra y hacía invisible a las cosas y a cualquier ser que por allí
Rondara, uno de esos seres se acercó y le habló.
- Andar sin linterna en una noche tan obscura no es algo bueno - dijo
Repentinamente una voz ronca y áspera, se escuchó como si caminara
Al lado de Matías. El muchacho lanzó un grito, a su misterioso acompañante
Le resultó divertido.
- Jajaja! ¿Qué pasa, te asusté? No eras tu el que se jactaba de no temerle
A la oscuridad, pero claro, siempre llevabas linterna - la voz cambió a un
Tono amenazante - Hoy vas a aprender a temerle a la oscuridad como
Lo hacían tus antepasados -
Aunque estaba aterrado, su instinto de supervivencia lo hizo optar por
Defenderse, apretó la vara entre sus manos y la hizo zumbar una y otra vez
Tratando de golpear al dueño de aquella voz tan horrible.
Giraba y lanzaba golpes hacia todos lados cuando una luz lo encandiló.
Era su padre, con un farol en una mano y una linterna en la otra, la luz
Abrió la oscuridad y se apartaron las tinieblas.
Desde esa noche Matías le teme a la oscuridad, como le temían sus
Antepasados.

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