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domingo, 20 de febrero de 2011

Por causa de la bebida

Alfonso arrastraba sus pasos por las sucias aceras de una callejuela solitaria.
Avanzaba por la noche expectante caminando lentamente y tambaleando,
Semidormido por la borrachera que venía manteniendo hacía dos días.
Deseoso por llegar a su casa y tirarse en la cama, levantó sus ojos enrojecidos
Para ver cuanto le faltaba. Su mente enlentesida por el alcohol demoró unos
Segundos en darse cuenta que no estaba en la calle que el creía.
Detuvo su torpe andar y se recostó a la pared para no caer, miró hacia donde
Venía, volvió a mirar el otro lado y examinó las casas que tenía enfrente.
La calle en donde estaba le era totalmente desconocida.
Debido a la situación extraña en que se encontraba, adquirió un poco mas
De claridad, pero lo que observó solo sirvió para confundirlo y aumentar el
Misterio de aquel lugar. La calle estaba parcialmente iluminada pero no
Veía focos o lámparas, y no se escuchaban los ruidos de la ciudad.
- ¿Dónde m….a estoy? - balbució Alfonso.
Después de pensarlo un rato decidió volver por donde venía. Aún no daba un
Paso cuando oyó el rechinar de una puerta que se abría detrás de el.
Giró y dio un paso hacia atrás, y con los ojos muy grandes vio como la puerta
Se habría en su totalidad. Detrás de ella brillaron barias hileras de botellas y
Se vio la barra de un bar. Su lengua remojó sus labios y sintió dificultad al
Tragar, estaba sediento. Alfonso se acercó despacio y con el brazo extendido,
Estaba seguro que se avía recostado a una pared. Su brazo traspasó el umbral
De la puerta, le quedaron dudas pero igual entró.
Una luz amarillenta luchaba contra la penumbra de aquel lugar. El sitio estaba
Lleno de gente. Algunos grupos se sentaban rodeando las mesas, otros estaban
En el suelo, tendidos a lo largo o con la espalda contra la barra.
Alfonso vio como todas las miradas se concentraban en el, todos tenían el rostro
Serio y la mirada lánguida y rodeada por profundas ojeras, que contrastaban
Con lo pálido de la cara.
Se acercó a la barra y un cantinero de cuerpo delgado y escurrido le colocó
Una jarra de cerveza enfrente.
- Bienvenido, esta invita la casa - dijo el cantinero y su cara casi esquelética
Comenzó a sonreír. Alfonso se relamió y empinó la jarra, pero en su boca
Reseca no cayó ni una gota, como si la jarra estuviera vacía. Intentó otra
Vez y obtuvo el mismo resultado. A esa altura la sonrisa del cantinero se
Había transformado en carcajada-
- !Bienvenido al purgatorio¡ - dijo el cantinero y volvió a reír.

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