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lunes, 28 de febrero de 2011

Terror y exámenes

Algunos niños escribían concentrados en sus exámenes, otros estiraban el cuello tratando de espiar el de sus compañeros. Estela, la maestra, los vigilaba desde su escritorio. Era el último examen del año y los niños sentían la presión.Los que no habían estudiado mordisqueaban el lápiz hasta arrancarle algún trocito de madera, que luego escupían disimuladamente.
Pablo, el incorregible de la clase, que estaba sentado en el fondo del salón, miraba el armario que estaba a su derecha, allí se guardaba algunos útiles y libros viejos. Estela lo vio y le llamó la atención:

-¡Pablo!, deje de mirar el armario y haga su examen -el niño ni la miró y siguió absorto en su contemplación.

 Estela se levantó enfadada y con paso ligero llegó hasta el.

-Aparte de no haber contestado ni una pregunta se hace el sordo cuando le hablo -dijo Estela con la hoja en la mano. El resto de la clase volteó para mirar el espectáculo. La maestra era buena, pero cuando se enojaba…
-Maestra, en el armario hay algo, y me está mirando, vi que se movía -dijo Pablo.

Al mirar la cara de su alumno vio una expresión que no le conocía, daba la impresión de que realmente estaba asustado, pero como se trataba del peor alumno no le creyó. En sus veinte años como maestra había oído todo tipo de excusas para no hacer un examen, pero esa la superaba a todas. Lo tomó del brazo y lo llevó a la oficina del director.

Cuando los niños ya se habían marchado, Estela guardaba sus cosas en el portafolio. Aún
estaba molesta por la excusa de Pablo. Estaba por marcharse cuando notó que la puerta del armario estaba entreabierta. Al acercarse le pareció ver algo moviéndose en su interior. La fuerte impresión que recibió la hizo detenerse, y vio horrorizada como la puerta del armario se abría lentamente y de su oscuro interior asomaba agitando los dedos una mano completamente peluda.

El conserje de la escuela oyó su grito. Cuando llegó al salón la maestra se encontraba tirada en el piso,su rostro estaba pálido, y ya no respiraba.
Un año después, en el mismo salón, otra maestra vigilaba a sus alumnos durante un
Examen. Advirtió que un niño miraba por la ventana que daba hacia la calle.

-¡Pablo! Estamos en un examen, deje de mirar por la ventana -dijo la maestra.

Pablo la miró con cara de asustado y le dijo:

-Maestra, vi que alguien entró en el auto de usted y se escondió en el asiento de atrás.

Ese niño inventaba cualquier cosa con tal de no hacer sus exámenes, pero no era un niño cualquiera: en una parte de la cabeza tenía una serie de lunares que juntos formaban el número 666.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

que buen cuento... pero¿ pablo repitio

Anónimo dijo...

si repitio por q no hiso el examen

Anónimo dijo...

buena historia pero como haces para hacer un blog como el tuyo si es que me puedes ayudar pero si no gracias

Jorge Leal dijo...

Hola. Crear un blog es fácil, se hace en unos pocos pasos, pero lo difícil es escribir. Todos los cuentos del blog son escritos por mí. ¿Cómo escribir tanto? Si tienes la imaginación suficiente, dedicándole MUCHO tiempo y esfuerzo. Pensar, pensar, leer, leer, escribir y escribir, y siempre leer, e ir mejorando con los años, es un camino lento, no hay atajos. Saludos.

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