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sábado, 12 de marzo de 2011

Mi Caminata Nocturna

Ni bien salí de mi casa sentí el aire frío de la madrugada. La helada blanqueaba en los pastos y reflejaba algo de la luz lunar, dándole un aspecto nuevo a aquel paisaje tan conocido.
Tenía que caminar aproximadamente tres kilómetros por un camino rural hasta llegar a la carretera en donde pensaba tomar un ómnibus.

El camino era muy desolado en esa parte, todo era campo y quietud. La noche era particularmente clara, a lo lejos se veían unos pequeños bosques, y más lejos aún se distinguía la silueta redondeada de los cerros. El frío me ayudaba a caminar, avancé con paso ligero a pesar del pesado bolso que cargaba. Cuando llegué a la parte en donde el camino es atravesado por un arroyo el frío se hizo más intenso. Las maderas del puente, casi congeladas,
rechinaron más de lo normal. La luna se reflejaba en el arroyo inmóvil de abajo, y una bruma acompañaba sus aguas y se alejaba serpenteando entre el campo cubierto de escarcha.

Iba tan concentrado en caminar rápido que me acordé de la casa abandonada cuando ya estaba casi frente a ella. La casa estaba abandonada hacía muchísimos años. Yo nunca supe quién vivió en ella, y no sé si alguna gente de la zona lo sabía. Estaba apartada unos cincuenta metros del camino, prácticamente era una ruina, y se decía que estaba embrujada.
Parte de sus paredes estaban derrumbadas, y combinadas con la luz de la luna y la sombras que proyectaban, parecía una cabeza gigantesca, cuyos ojos y boca eran las ventanas y la puerta. Seguí caminando sin perder de vista la casa. La había sobrepasado cuando vi que de su boca, de la puerta, salía corriendo una persona que parecía estar cubierta por una sábana. Algo blanco la cubría o formaba parte de ella. Parecía ser una mujer pero no estoy seguro de ello, avanzó unos metros y luego volvió a entrar en la casa.
Llegué a la ruta agitado y con la frente empapada en sudor. El ómnibus que yo esperaba llegó una hora después del amanecer. Resultó que me había confundido con el horario, y pude haberme ahorrado aquella terrible caminata nocturna.

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