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martes, 15 de marzo de 2011

El castillo encantado

Equilibrando una bandeja en la mano, Robert atravesó la oscuridad de un pasillo.
Al pasar por una amplia habitación parcialmente iluminada por antorchas, vio
Pasearse inquieta la fantasmagórica sombra del primer propietario del castillo.
Robert siguió su camino sin prestarle mayor atención, solo era un viejo fantasma.
Llegó hasta una escalera de piedra y comenzó a acender. Algunas antorchas ardían
Contra la pared resbalosa, y su luz hacía brillar los escalones húmedos y empinados
Que ascendían en espiral. Robert distinguió unos bultos enormes descendiendo por
La escalera, bajaban rápidamente apoyados en sus cuatro patas; eran los cinco
Mastines de su amo, ya muertos desde muchos años atrás. Los perros fantasmas lo
Miraron al pasar.
Al final de las escaleras había una habitación de paredes curvas, estaba en una de
Las elevadas torres del castillo. Robert entró saludando ceremoniosamente y depositó
La bandeja sobre una mesa. Frente a una gran ventana, su amo contemplaba la luna
Llena, como solía hacerlo cuando estaba vivo. Con el permiso de su amo, Robert
Abandonó la habitación y bajó las escaleras flotando.

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