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domingo, 27 de marzo de 2011

El enterrador

En el pueblo todos sabían que Agustín era un sepulturero descuidado, pero a falta
De candidatos que quisieran ocupar su puesto (el cual incluía la vigilancia
Nocturna del cementerio) conservó el trabajo y la gente terminó por acostumbrarse
A el. Pero la gente desconocía su lado oscuro y perverso; aparte de ser descuidado
En la excavación de fosas y otros quehaceres que incumben a un enterrador, solía
Robar a los difuntos cualquier objeto que tuviera valor, y durante algunas borracheras,
Había cometido actos mucho mas despreciables que el robo.
Una noche de luna, Agustín recorría el cementerio con paso lento y una botella en
La mano. En su embriaguez no percibió que el cementerio estaba cambiado, y que
Las estatuas de ángeles y monumentos lo seguían con la mirada, y que los muertos
Habían emergido de sus fosas poco profundas, y caminaban entre nichos y panteones.
Tropezó con algo y calló hacia delante, se volteó con un insulto y vio que algo
Enganchaba su pié, era una mano que salía de la tierra y lo aferraba con fuerza.
Mientras intentaba zafarse se le acercó una multitud de muertos y se abalanzaron
Sobre el…

4 comentarios:

Anónimo dijo...

deterror !
ojalá tuviera un final. quisiera leerlo

Jorge dijo...

Tiene un final pero deja bastante a la imaginación. Si el cuento te deja pensando cumplí con mi objetivo. Saludos!

Anónimo dijo...

estuvo bueno el final, bine hecho Jorge.

Jorge Leal dijo...

Gracias por tu comentario. Saludos!!

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