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martes, 22 de marzo de 2011

La persecución de Elisandro

Elisandro corría por una pradera anegada por las aguas de una inundación
Que iba cediendo terreno. Sus pies descalzos chapoteaban en el agua poco
Profunda perturbando el reflejo de la luna que lo miraba desde lo alto del
Cielo. Detrás de el, a una considerable distancia, cabalgaba un grupo de jinetes
Cubiertos por capas negras, que con su andar veloz las hacían volar como alas.
Junto a los jinetes corría una ruidosa jauría de perros, ladraban y lanzaban
Alaridos que se desparramaban por la noche, llegando hasta los oídos de
Elisandro, haciéndolo huir mas rápido.
Alcanzó una pequeña pero compacta arboleda y se internó en su oscuro
Follaje, para luego trepar en un árbol y esperar expectante, deseando que
No lo encontraran.
Aferrado a un tronco y cubierto de hojas, escuchó el tronar de los cascos de
Los caballos, y los ladridos de los perros se volvieron aullidos; lo habían
Encontrado. Los perros entraron a la arboleda como una ráfaga, y después
De olfatear un poco encontraron el árbol en donde estaba Elisandro.
Los jinetes desmontaron y encendieron unos faroles, a golpe de sable se abrieron
Paso hasta el tronco en donde la jauría se alborotaba. Los perros miraban y
Ladraban hacia arriba, con las patas delanteras apoyadas en el tronco, brincaban
En inútiles intentos por trepar.
Elisandro miró hacia abajo y lo encandiló la luz de un farol, después escuchó
Un tronar de escopeta y sintió como caía y golpeaba contra el suelo.
Inmediatamente después de su caída sintió los mordiscos y tirones de los
Perros, luego perdió la conciencia.
Cuando volvió en si descubrió que estaba atado de pies y manos a un tronco.
Los hombres lo rodeaban mirándolo con odio, uno de sus captores se acercó
Sosteniendo una aguda estaca en una mano, en la otra llevaba un martillo.
Elisandro mostró los dientes, y sus largos colmillos de vampiro brillaron
Bajo la luz de los faroles. La estaca se clavó en su pecho, y un golpe del
Martillo la enterró hasta el corazón.
Cuando los cazadores de vampiros partieron, de Elisandro el vampiro solo
Quedaban restos irreconocibles.

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