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sábado, 30 de abril de 2011

La noche de brujas

Era el día de brujas, yo estaba visitando por primera vez una ciudad que no
mencionaré, pero si les diré que allí se festeja la noche de brujas, y
a lo grande.
Cuando terminó el colorido y extravagante desfile la gente se fue desparramando.
Como aún no tenía ganas de dormir, comencé a caminar y doblé hacia unas
callejuelas angostas.

Por lo antiguas que se veían las casas, deduje que estaba en la parte mas vieja de la
ciudad. Algunas de las edificaciones eran muy altas, y me recordaban el estilo
gótico. A medida que seguí avanzando la iluminación se fue haciendo más precaria.
Los focos parecían ser de menos intensidad, y algunos no funcionaban.

Mientras caminaba no pude evitar fantasear sobre aquellas casas, las imaginé
habitadas por fantasmas, y pensé que tal vez alguna aparición me espiaba
detrás de las cortinas de alguno de los ventanales que veía.
Al llegar a una esquina, vi que de la oscuridad de una calle transversal,
surgía la elegante figura de una mujer. Cuando la luz alcanzó su rostro sufrí
una fuerte impresión, y creo que retrocedí un par de pasos.

Mi reacción fue mas bien inconciente, al instante recordé que era la noche de brujas.
Aquella cara horriblemente arrugada y llena de verrugas peludas tenía que ser
una máscara, pensé, una muy buena. La mujer dobló hacia donde yo iba,
caminaba como si tuviera prisa. Tras un rápido escaneo con la vista la saludé:
- ¡Hola!
- Hola - me respondió con una voz de anciana. Yo le sonreí, supuse que
estaba metida en su personaje, y que imitaba aquella voz para bromear.
- Está muy oscura esta calle, si quiere la acompaño - le dije mientras le
realizaba otro rápido escaneo, del cuello hacia abajo. La mujer aceptó,
emparejé su paso apurado y seguimos avanzando por la calle cada vez más
oscura.

Estaba por hablarle cuando me distrajo el aspecto abandonado de las casas
de aquella cuadra. Al voltear hacia mi desconocida compañera, vi que caminaba
encorvada, y antes de entrar a una zona completamente carente de luz, creí ver
que su abdomen se hinchaba, y aquella figura elegante se convertía en un cuerpo
decadente. Sumergido en aquella oscuridad, el terror me invadió con increíble
rapidez, retrocedí hacia una parte mas iluminada. Un resplandor repentino
anunció que se acercaba un auto; cuando su luz iluminó el lugar en donde estabala mujer, vi a una anciana de cuerpo deforme y cara de bruja, que me saludaba
con una mano, a la vez que sonreía con su boca desdentada.

viernes, 29 de abril de 2011

Noche de tormenta

Después de cenar, Manuel y su hermano Diego fueron a sentarse en el patio. Sus padres quedaron conversando dentro de la casa.
Los niños quedaron absortos al contemplar una tormenta que se levantaba en el horizonte. Su hogar era un punto luminoso en el oscuro campo. Las casas de sus vecinos estaban distanciadas, y la luz que escapaba de sus ventanas las hacía ver como luciérnagas en la noche.

jueves, 28 de abril de 2011

Por el viejo camino

Muy a su pesar, ya hacía cuatro años que Alfonso no visitaba a sus padres.
Su trabajo lo había llevado muy lejos de su hogar, pero al fin pudo regresar, y
Por primera vez en largo tiempo disponía de varias semanas para convivir con
Sus padres.

Después de dos emotivos días pasados entre comidas con familiares y antiguos
Amigos, largas charlas y recuerdos; Alfonso sintió ganas de dar un paseo a pié.
La casa en la que se había criado estaba en las afueras de la ciudad, en una zona
Rural, y se situaba a unos cincuenta metros de una carretera. Salió ya muy
Avanzada la tarde, cuando el calor del verano era mas soportable.

Estaba por alcanzar la ruta cuando escuchó la voz de su madre, que salió de
La casa para decirle algo que había olvidado. Alfonso volteó y la vio señalar
Algo con un amplio gesto del brazo, a la vez que decía unas palabras que
Alfonso no entendió del todo por un viento que le zumbó en las orejas. Pensó
Acercarse para escuchar mejor, pero creyendo que no era algo importante, hizo
Un gesto con la cabeza dejando entender que había comprendido aquellas palabras.

Alfonso salió a la ruta dejando atrás la casa y su madre que lo miraba desde la
Distancia.
A la fuerza se había acostumbrado al aire viciado de la ciudad, y el fresco aroma
Del campo le pareció mas puro que antes. Con cada inhalación los recuerdos de
Su infancia y su vida en el campo emergían con fuerza. Al pasar frente a un
Camino que terminaba en la carretera, sintió que los recuerdos se le agolpaban
En el corazón. Solía recorrer aquel camino junto a sus amigos y los perros.

Dobló por el camino polvoriento dándole la espalda al sol que ya casi besaba
A la línea del horizonte enrojecido. Caminó como embriagado por tantas
Remembranzas, siguió avanzando sin fijarse en la hora, y prestando poca
Atención a las sombras alargadas de los árboles que bordeaban el camino.

Cuando decidió regresar el sol ya se había apagado detrás de un bosque oscuro
Y lejano. Las sombras lúgubres de la noche se adueñaron del paisaje y ocultaron
Sus detalles. La brisa que había soplado durante todo el día acumuló nubes
En el cielo ocultando las estrellas, y trajo consigo mas oscuridad.
Alfonso se mantuvo en la senda gracias a la arena blancuzca del camino.
Aún le faltaba para llegar a la carretera cuando creyó oír que alguien lloraba.

Forzando la vista para escudriñar en la oscuridad, a duras penas distinguió un
Bulto que por lo alargado parecía ser una figura humana, de pie a un costado
Del camino. Al acercarse unos pasos, descubrió que la figura estaba mas cerca
De lo que creyó en un primer momento, y que también era mas pequeña.
Alfonso saludó, y a un paso de distancia de lo que parecía ser un niño llorando,
Le preguntó por sus padres y que estaba haciendo en aquel lugar. El niño no
Respondió, solo siguió llorando. Aunque se oía un llanto, Alfonso vio que en
La cara del niño se dibujaba una sonrisa extraña, pero pensó que en aquella
Oscuridad la vista lo engañaba.

Para tratar de tranquilizarlo, quiso apoyar su mano en el hombro del niño,
Pero lo traspasó como si este no existiera. Al ser descubierto, el niño fantasma
Retrocedió y se perdió en la oscuridad, a la vez que lanzaba una carcajada
Siniestra.
Después de llegar a su casa y relatar su aterrador encuentro, Alfonso se entero
Que ya hacía un buen tiempo que la aparición de un niño rondaba aquel camino.
Al iniciar su paseo, su madre le advirtió sobre eso, señalando con su brazo rumbo
Al camino.

miércoles, 27 de abril de 2011

La pensión de los fantasmas

Buscando un futuro mejor, Fernando partió rumbo a la capital. Pero en vez de mejorar
Su situación, la suerte lo arrastró hacia un trabajo mediocre, y debido a su magro
Sueldo, terminó viviendo en una desvencijada y vieja pensión.

Durante los días que vivió en la descuidada pensión, no vio a ningún otro inquilino;
Solo el matrimonio propietario de la casa vivía allí, un par de ancianos
Malhumorados que además parecían no estar del todo bien de la cabeza. Sin embargo,
Por las noches se oían pasos, y aquellas ligeras pisadas no podían ser de los lentos
Ancianos. Fernando sacó todo tipo de conjeturas sobre quienes rondaban la pensión
Por las noches y que hacían.

Una noche, al oír los pasos, su curiosidad pudo mas que su prudencia. Abrió la puerta
De su habitación y miró hacia el pasillo, y vio a un fantasma caminando a toda prisa.
La aparición vestía una bata blanca, y su cabeza parecía la de un muñeco de trapo.
El horrible fantasma atravesó una puerta cerrada y desapareció.
Fernando se encerró en su habitación. Impactado por lo que vio no durmió en toda la
Noche. Al llegar la mañana empacó sus cosas y se dispuso a marcharse. En el corredor
Encontró a los viejos, que al ver que se marchaba apresurado, se echaron a reír como
Dos dementes, entonces Fernando supo que los viejos no ignoraban la presencia
De aquel fantasma.

martes, 26 de abril de 2011

En un corredor de hospital

En una fría sala de espera Ismael aguardaba impaciente. Estaban operando a su
Hermano mayor, algunos parientes lo acompañaban.
Pasaron dos horas y aún no recibían noticias. El trajinar del hospital pasaba ante
Sus ojos; las enfermeras iban y venían, gente en sillas de ruedas, niños llorando,
Algunos doctores caminando presurosos.
- Voy a caminar un poco - dijo Ismael a un pariente que estaba a su lado.

En su mente se aglomeraban preocupaciones, recuerdos, y pensamientos negativos
Que volvían con porfiada insistencia.
Con su atención abstraída hacia su mundo interior, caminó sin saber hacia donde
Iba, y tras doblar en barios corredores, terminó andando por una zona no utilizada
Del viejo hospital.

El silencio que impregnaba aquel lugar reclamó su atención. Volviendo la mirada
Hacia donde venía, se dio cuenta que estaba perdido. Caminó sobre sus pasos y
Dobló en un corredor algo mas angosto, le parecía que había llegado por allí.
Al doblar nuevamente vio algo que casi le cortó el aliento. Su hermano
Caminaba por el corredor, junto a el había otras personas, todos tenían la
Mirada perdida y la cara pálida. Ismael lo había visto ingresar al quirófano,
Aquel no podía ser su hermano. Después de retroceder unos pasos Ismael se
Alejó corriendo.

Llegó a la sala de espera con la frente sudada por haber corrido por el laberíntico
Hospital. Uno de sus parientes se le acercó con la mirada muy seria; Ismael sabía
Que tenía malas noticias, y en ese momento asumió que había visto al fantasma
De su hermano.

lunes, 25 de abril de 2011

El extraño grupo de gente

Estacioné mi auto en un costado de la ruta, en un lugar donde no era muy
Visible, me acomodé la mochila y con la caña de pescar en la mano me
Interné en la negrura del monte.
Planeaba pescar en una laguna que había descubierto junto con dos amigos
Mientras cazábamos armadillos.

Salí del monte y caminé por la falda de un cerro, después descendí hasta un
Pequeño valle, atravesé un pajonal, algunos arroyuelos, un matorral.
Por momentos creí que no la iba a encontrar, pero después de subir una
Loma vi el sol de la tarde brillar en sus aguas quietas.

Tal como yo pensaba, la laguna estaba llena de peces. Cuando la noche
Oscureció el paisaje me acomodé en el interior de mi carpa, satisfecho por
Una jornada excelente.
Me estaba por dormir cuando un sonido me hizo salir de la carpa. Era un
Sonido que no esperaba oír en una zona tan apartada. Escuchaba el
Repiqueteo de un tambor acompañado por voces que cantaban.

Escuché con atención y caminé hacia donde se originaba el sonido.
Desde una elevación del terreno, vi que en una hondonada situada entre
Dos cerros, un grupo de gente danzaba alrededor de un fuego azul.
Estaban muy lejos de mi como para distinguir los rasgos de aquella
Gente que no paraba de danzar y cantar, rodeando aquel fuego extrañamente
Azul.

No entendía ni una palabra de lo que cantaban; aunque seguían un ritmo
Parecían ser sonidos guturales, y tenían una característica que me pareció
Similar a los bufidos de un animal furioso.
Avanzando agazapado me acerqué unos metros mas, y detrás de un arbusto
Volví a espiar al extraño grupo. Un escalofrío repentino cruzó por toda
Mi columna, cuando desde mi posición mas ventajosa distinguí que aquella
Gente tenía hocico, un hocico que se alargaba como el de un perro o un lobo.

Un instante después de que distinguiera el grotesco aspecto de aquel grupo,
Vi que uno de ellos volteaba hacia mi.
Regresé corriendo a mi campamento, lo único que agarré al pasar fue el
Machete. Con la adrenalina fluyendo por mi cuerpo emprendí rápida huída.
Con la energía del que lo persiguen, crucé por aquel paisaje agreste sin
Detenerme en ningún momento, en lo alto del cielo brillaba una luna redonda.

Cuando por fin llegué hasta mi auto lo encendí con mis manos temblorosas.
Cuando me marchaba miré hacia el monte, y vi que desde lo oscuro centellaban
Una multitud de ojos rojos.

Las sombras de la noche

Juan caminaba por la noche fría, sin salir de su cuadra, recorría una y otra vez la
Misma calle. Juan era un ex policía que trabajaba como vigilante.
Algunos comerciantes lo habían contratado para vigilar la cuadra en donde estaban
Sus negocios.
Mientras caminaba vio algo por el rabillo del ojo. Entre la pared de una casa y el
Muro de un comercio había un estrecho corredor, y al final de este se movía una
Sombra con contorno humano.
Juan sabía que la casa estaba desabitada, tenía que ser un intruso.
Con suma cautela avanzó por el corredor, mientras metía la mano en su chaqueta y
Sacaba su revolver. Por la posición de la sombra dedujo que el intruso estaba
Parado en el fondo de la casa. Al llegar al final del corredor asomó la cabeza y
Pudo ver todo el fondo de la casa, mas en el no había ningún intruso, por lo
Menos no del tipo de intruso que el esperaba, pues al mirar hacia el suelo
Volvió a ver a la sombra desplazándose como si el que la proyectaba caminara.
Juan salió del corredor y volvió a su recorrido. Ya era veterano en su oficio y
No era la primera vez que veía cosas extrañas.

sábado, 23 de abril de 2011

En la parada del ómnibus

Sin tener una conciencia clara de que había hecho anteriormente, Arturo caminó
Por la calle que tomaba al salir de su trabajo. Era de noche; Arturo dobló en la
Esquina acostumbrada, unos metros mas adelante estaba la parada de ómnibus
En la cual diariamente esperaba su transporte.

Al llegar a la parada se sentó en el banco, y mirando hacia todos lados notó lo
Desolada que estaba la calle. No había autos ni peatones circulando, y no se
Escuchaba ni el menor ruido. Miró su reloj, lo desconcertó no poder distinguir
La hora. Con preocupación volvió a mirar su entorno, algo estaba mal pero no
Sabía que era. Observó con atención las fachadas de las casas, las veredas, el
Buzón de la esquina, los anuncios del viejo bar, todo le era familiar, pero la
Sensación de que algo no cuadraba no lo soltaba.

Seguía sentado en la parada del ómnibus, observando desconfiado su entorno;
Cuando de repente vio que caminando por la vereda se le acercaba un personaje
Al cual el le tenía terror.
Arturo no era un hombre asustadizo, pero secretamente tenía una fobia a la cual
No le veía sentido ni entendía su origen, pero ante la sola imagen de lo que causaba
Su miedo sentía que el corazón le daba un salto.

Avanzando a grandes pasos, sonriendo y señalándolo con el dedo, se le acercaba
Un payaso. Con su ropa multicolor y holgada, el rostro maquillado y una sonrisa
De oreja a oreja, el payaso hizo que Arturo lanzara un grito.
Antes de que el payaso llegara a su lado Arturo despertó.

Sobresaltado por la pesadilla, se sentó en la cama para aclarar su mente.
Su esposa, que dormía a su lado, se había despertado, encendió la veladora y
Le preguntó:
- Qué pasó Arturo, me pareció que te oí gritar -
- Si, es que tuve una pesadilla horrible - Le contestó Arturo, y al voltear hacia
Su esposa vio que esta tenía la cara pintada de blanco.
Ya estaba abriendo la puerta cuando se acordó que su esposa usaba una máscara
De crema facial.

jueves, 21 de abril de 2011

El último destino

En un atardecer nublado, de cielo color de plomo, Emilio avanzaba a pie por la
Vía del tren. Caminaba sin tener un destino, su única meta era seguir andando, y
Como un autómata avanzaba hacia el horizonte borroso de su vida.
A ambos lados de la vía se extendían solitarios campos recorridos por el silencio.
Con la melena y la barba crecida, era la imagen clásica de los vagabundos de los
Caminos.
El retumbar de un trueno lo hizo salir del estado de automatismo. Después de
Estremecerse como quien acaba de despertar, buscó con la vista algún posible
Refugio que lo guardara de la inminente lluvia.

El paisaje ya se estaba oscureciendo. Alcanzó a ver las ruinas de una casa, a unos
Doscientos metros de la vía. Algunas goteras ya le azotaban la espalda cuando
Llegó a las ruinas. Gran parte de la casa estaba derrumbada, solo una habitación
Conservaba su techo. Tras una rápida inspección decidió instalarse.

Con la tormenta rugiendo afuera y la noche extendiéndose por el campo, Emilio
Intentaba arrancar el marco de una puerta para usarlo como leña. Iluminándose
Con el encendedor, estaba en esa tarea cuando una ráfaga de viento apagó su
Única fuente de luz y la oscuridad se cerró sobre el. Cuando volvió a encender
La llama, su luz iluminó de lleno a un horripilante rostro similar al de una anciana
Pero mucho mas grotesco y repulsivo. Emilio corrió hacia la salida, pero antes de
Llegar al exterior aquella cosa repulsiva lo abrazó por detrás, y recostando su
Cabeza al hombro de Emilio, lanzó una horrible carcajada.
Al final su andar errante lo llevó hasta una casa embrujada, la cual fue su último
Destino.

Desde la cripta

Aceptó aquel trabajo por necesidad, y a fuerza de costumbre se fue adaptando a
Su nuevo oficio. Aunque su trabajo era muy necesario, no era un oficio valorado
Por la gente del pueblo, pues su labor estaba relacionado con la muerte, Facundo
Trabajaba de sepulturero.

En realidad era el ayudante del sepulturero. Su superior era un viejo encorvado,
De semblante serio y frío, que parecía estar siempre enojado, y por bastón usaba
Una pala de cavar.
Su labor no era solo abrir fosas, también cortaban el pasto, podaban los árboles,
Ocasionalmente pintaban con cal alguna cripta.
- Si no fuera por nosotros este cementerio se viene abajo - decía el viejo.
- Si, y los ocupantes no son muy agradecidos que se diga - bromeaba Facundo.

Un día, cuando Facundo llegó al cementerio su viejo compañero lo esperaba con
Baldes de cal y utensilios para limpiar.
- Agarrá esos baldes, hoy tenemos que limpiar la cripta del fondo, aquella que está
Descuidada, nos va a dar mucho trabajo, esa cosa es mas vieja que yo - dijo el viejo.
Atravesaron casi todo el cementerio y llegaron hasta la cripta. Estaba construida
Con grandes piedras, y su imponente puerta era de hierro fundido.
- Mejor empezamos por adentro, la parte de afuera es mas fácil. Hay que forzar
El candado porque no tenemos llave, agarrá esa barra de acero y aplicale una
Palanca - volvió a hablar el viejo con su voz ronca.
- ¿Usted alguna vez entró en esta cripta? - preguntó Facundo mientras forcejeaba
Con el inmenso candado.
- Nunca, los dueños de la cripta no querían que la abrieran. Ahora ya no queda
Nadie de esa familia, ahora decide el municipio, dale con fuerza que está por
Ceder - le respondió el viejo.

El candado terminó cediendo, después Facundo tiró con todas sus fuerzas y
La puerta se comenzó a abrir con un largo rechinido.
Desde la oscuridad infranqueable brotó un olor nauseabundo, tan insoportable
Que hasta hizo retroceder al viejo sepulturero, Facundo se inclinó haciendo
Arcadas. Seguidamente, desde el interior de la cripta sonó un rumor como
De voces apagadas, y los siguieron ruidos de pasos que se abalanzaban
Hacia la puerta. Por el umbral de la cripta asomaron unos cadáveres resecos.

Moviéndose con dificultad avanzaron hacia los sepultureros extendiendo sus
Brazos. Facundo huyó del lugar corriendo a toda prisa, el viejo optó por
Defenderse, y con su pala dibujando círculos en el aire resistió por un momento.
Pero sus atacantes eran demasiados, y sucumbió ante sus mordidas.
Aquellos cadáveres andantes desparramaron la muerte sobre el pueblo. Facundo
Huyó hacia la cuidad, creyendo que dejaba atrás aquel horror. Pero los zombies
No demoraron en llegar a la ciudad, y como una peste creciente pronto fueron
Mayoría.

martes, 19 de abril de 2011

Algo anda en la huerta

Ignacio y su esposa Mabel cenaban tranquilamente en la comodidad de su hogar.
Un ruido repentino les llamó la atención, algo andaba corriendo por la huerta.
- Debe ser un perro, espero que no me aya pisoteado las acelgas - dijo Ignacio.
Salió a la frescura de la noche llevando una linterna en la mano. La luna llena
Asomaba entre unas nubes alargadas, su luz plateada mostraba una visión limitada
De la huerta, se distinguían los canteros de las verduras con los delgados caminos
Que la dividían, pero bajo los árboles frutales caía negra sombra.

Un ruido de ramas que se agitaban lo hizo caminar hacia los naranjos. Mientras
Escudriñaba en sus sombras enfocó a un inmenso perro que cruzó al trote.
Solo lo vio por un instante, el perro en veloz huída se escabulló entre los árboles y
Se lo oyó alejarse de la huerta. Pero aquel instante fue suficiente para causarle una
Fuerte impresión. En aquella fracción tan corta de tiempo el perro miró a Ignacio, y
En su cabeza redondeada se notaron sus rasgos humanos.
Ignacio entró a la casa con la cara pálida por el miedo. Su esposa, que aún cenaba
No lo advirtió.
- Era un perro, ya se fue - dijo Ignacio anticipándose a la posible pregunta de Mabel.
Le mintió a su esposa para no asustarla. Lo que vio era un hombre lobo, con cuerpo
De perro y cabeza humana, y en aquella cabeza humana distinguió el rostro de uno
De sus vecinos.

domingo, 17 de abril de 2011

La radio embrujada

Sentado frente a la ardiente chimenea, el viejo Rodríguez escuchaba los tangos
Que le roncaba su antigua radio. Al viejo le gustaba coleccionar todo tipo de
Objetos antiguos. Asía unos días que había adquirido aquella radio, pero ya
Era uno de sus “tesoros” favoritos.

Como ya era un poco tarde y la noche estaba muy fría, apagó la radio y se fue
A acostar. Despertó al oír música, la radio estaba encendida. Prendió la
Veladora y buscó sus lentes, salió de su habitación bostezando. Recordaba que
La había apagado, pero desde hacía un tiempo había aprendido a desconfiar de
Su memoria, su edad solía pasarle la cuenta.

Cuando llegó a la habitación en donde estaba la radio, vio algo que lo dejó de
Boca abierta. Iluminados por la luz de la chimenea, un grupo de parejas danzaban
Al son de la música. Vestían trajes antiguos y refinados, se movían con gracia y
Atravesaban los muebles como si no existieran, eran fantasmas. De repente
Comenzaron a danzar mas rápido, se movían con ritmo vertiginoso, giraban,
Se movían de un lado al otro, cambiaban de pareja, todo con mucha rapidez,
Como si el tiempo estuviera acelerado.
El viejo Rodríguez reunió coraje y apagó la radio, las parejas fantasmas
Desaparecieron. Decidido a no conservar aquel objeto embrujado,
Arrojó la radio al fuego de la chimenea.

sábado, 16 de abril de 2011

El reino de la decadencia

En una madrugada ventosa, Adrián regresaba de su juerga semanal.
Caminaba por una callejuela situada en el cinturón de la ciudad. El viento
Elevaba los papeles de la basura que se amontonaba en las aceras. Los
Vagabundos se acurrucaban en sus refugios de cartón. Los gatos callejeros
Cruzaban sobre los viejos techos de las casas.
Indiferente a aquel mundo oscuro que lo rodeaba, Adrián siguió caminando
Por aquella deprimente calle barrida por un incesante viento.

Las sombras de la noche prevalecían sobre la escasa luz que iluminaba la
Fealdad de la callejuela. Desde el interior de algunas casas resonaban gritos
Y discusiones.
Al doblar en una esquina vio que alguien se le acercaba por el frente. Era una
Mujer la que avanzaba caminando hacia el; tenía el cuerpo tan delgado que
Adrián se estremeció. Su ropa eran unos harapos colgantes, y su cara era la
De un esqueleto cubierto por una piel tirante y amarillenta. Sus ojos eran
Dos huecos negros como un abismo insondable, y su cabellera unos escasos
Pelos blancos y largos. A pesar de su apariencia pesadillesca, aquel esqueleto
Andante caminaba con elegancia, como si exhibiera una gran belleza.
Adrián pegó su espalda a un muro, y temblando la vio pasar a su lado, el
Esqueleto lo miró y siguió su camino.
La mujer esqueleto era la decadencia misma, que orgullosa se paseaba por
Su reino.

viernes, 15 de abril de 2011

Bajo la luna llena

Franco sintió la necesidad de salir de la cabaña. Cuidándose de no hacer ruido
Para no despertar a sus amigos, abrió la puerta lentamente y salió sin que lo
Notaran. La noche estaba muy clara, miró hacia arriba y vio a la luna
Resplandeciente y redonda coronando el cielo nocturno.
En la ciudad en donde vivía jamás veía el cielo con tanta claridad, pues las
Luces de la urbanización no dejaban ver el firmamento.
Alquiló la cabaña junto con cuatro amigos, y desde hacía tres días se estaban
Divirtiendo mucho. Salían a caminar por el bosque y nadaban en una laguna
Que estaba cerca de la cabaña,

Esa noche se sentía muy inquieto, en su interior crecía la certeza de que algo
Horrible le iba a suceder, pero extrañamente no sentía deseos de escapar de
Ese oscuro destino.
Creyó oír que alguien lo llamaba, un susurro que venía del bosque. Como
Hipnotizado, caminó entre los árboles dejando atrás la cabaña. La luz de
La luna caía en rayos verticales al filtrarse entre la densidad del bosque.
Mientras se desplazaba entre marañas de ramas que se interponían a su
Paso, una rama puntiaguda le rasgó la camiseta a la altura del pecho.
Al llegar a un claro se examinó, y vio que la rama también le había abierto
Una herida. Otra vez volvió a oír el susurro, que no venía del bosque, era
Una voz interna. Obedeciendo ciegamente a aquella voz infrahumana,
Introdujo sus dedos en la herida abierta del pecho, y con una nueva fuerza,
Se desgarró la piel como quien se despoja de un abrigo.
Después de despojarse de su piel humana, Franco marchó hacia la cabaña
Convertido en un hombre lobo.

jueves, 14 de abril de 2011

El misterio de la escuela embrujada

En medio de la clase, mientras la maestra dictaba y los                    niños escribían, al chistoso de la clase se le ocurrió una broma. Diciendo que no había oído bien una palabra, le pidió a la maestra que la repitiera (la misma palabra vulgarmente tenía otro significado). Toda la clase lo había advertido, y al entender la broma del chistoso todos se rieron al unísono, fue como una explosión de risa. La maestra les ordenó que hicieran silencio, los niños callaron, pero en el salón siguió resonando una risa. Era una carcajada chillona y aguda, y al mismo tiempo algo ronca.

-¡Dije que hicieran silencio! ¿Quién se sigue riendo? -dijo la maestra con tono enfadado.

Buscó con la mirada pero no halló al culpable. Se oía con claridad que la risa se originaba en el salón. Los alumnos se miraban unos a otros desconcertados.
Ese fue el primer hecho extraño. Unos días después, durante un recreo, cuando los salones estaban vacíos, se oyó el rechinar de las patas de las sillas, como si alguien las arrastrara. Todos los salones fueron desordenados y los asientos estaban desparramados. Una maestra gritó y cayó desmayada al ver una silla moviéndose sola, desplazándose con sus patas como lo hace un araña. La escuela cayó en desgracia, los padres no querían enviar a sus hijos y varias maestras abandonaron su puesto. Inevitablemente la escuela terminó cerrando sus puertas. Nadie sabe con exactitud qué fue lo que invadió o se posesionó de la escuela. Algunos hablan de el fantasma de un niño, otros dicen que fue
una maldición. Tal vez algún día se aclare el misterio de la escuela embrujada.
                                       - - - - - - - - - - - - - -

                                 El Colegio Embrujado
El hombre se ve que tenía buenas intenciones, lo supimos después, pero cuando nos dijo aquello nos reímos en su cara. Yo creí que bromeaba, sino jamás hubiera hecho eso. Él era el dueño de un local que íbamos a demoler, un viejo edificio que funcionara durante muchas décadas como colegio, y según ese tipo aquel lugar estaba embrujado. Nos dijo que anduviéramos atentos y que nunca quedáramos solos, que no se apartara nadie en ningún momento. Como tomar en serio algo así. Resultó que era verdad.

Adentro todavía había muchas cosas valiosas, teníamos que aprovechar todo lo que sirviera para después recién demoler el lugar. Entré junto a cuatro compañeros: Rubén, Benito, Diego y Mauricio. Fuera del local el día estaba radiante. Era muy temprano por la mañana y habíamos cruzado por un tramo de campo empapado y brillante de rocío, y por una zona llena de viviendas con grandes jardines llenos de flores; pero apenas entramos a aquel edificio nos pareció que ingresábamos a otro mundo, a uno gris lleno de sombras y un silencio que a veces se interrumpía con algún ruido de origen incierto. Nos detuvimos en un salón grande. ¿Cómo podía haber tan poca luz allí, si las ventanas no estaban tapiadas? Nos acercamos a una ventana baja y Diego pasó un dedo por el vidrio. El dedo quitó algo de polvo pero la capa no era muy espesa, era algo más lo que velaba el paso de la luz, los vidrios estaban como ahumados. 

—Los vidrios quedan así cuando hay un incendio, ¿no? —me preguntó Diego.
—Sí, creo que sí —le contesté. 
—En los incendios casi siempre revientan —intervino Rubén, que era nuestro capataz—. Aunque pueden quedar así si hubo mucho humo pero no los alcanzó el fuego; pero esto parece algo más, es como una capa amarillenta.
—Tiene razón —reconocí.
—¿Y si el dueño dijo la verdad? —preguntó Mauricio.

Los cuatro nos volvimos hacia él, yo pensando “La boca se te haga a un lado”, y creo que los otros también pensaban algo así, por el gesto de sus caras. Teníamos que trabajar allí, lo último que queríamos era que realmente fuera un colegio embrujado. Teníamos un croquis del lugar (un plano hecho a mano) y guiándonos con eso nos internamos más en aquel lugar de atmósfera amarillenta y atemorizante. Cargábamos nuestras cajas de herramientas y llevábamos varias cosas en nuestros cinturones. Entramos a un corredor que estaba más oscuro todavía. Tuvimos que echar mano a las linternas. En ese corredor había puertas a ambos lados, ahí estaban los salones de clases. Las puertas se encontraban cerradas y por el momento no queríamos ver qué había allí. Entre una atmósfera como de “sepia” o más oscura todavía llegamos a los baños. Los grifos antiguos del lugar, grandes y de bronce, eran valiosos para los coleccionistas. Los lavamanos igualmente eran valiosos si los sacábamos enteros. Viendo todo aquello todavía intacto se me ocurrió que la creencia de que el lugar estaba embrujado tenía que ser muy difundida, porque de otra forma ya se hubieran robado todo aquello. Pero traté de no pensar en eso.

El baño estaba como todo, bajo una luz crepuscular amarillenta. Como igual se iba a demoler el lugar, como no pudimos abrir las ventanas por las buenas decidimos romperlas para tener más luz. Mauricio tomó un martillo, se ubicó en un costado de la ventana, y cubriéndose la cara con la otra mano enguantada le dio fuerte al vidrio. Cuando el martillo rebotó sin conseguir su cometido nos echamos a reír. Mauricio lo intentó de nuevo. El golpe fue más fuerte todavía pero el vidrio nada de romperse. Rubén se lo quitó de las manos; Mauricio quedó con la boca abierta, sorprendido. Tampoco pudo romperlo aunque le dio varios golpes. Entonces fui yo con una maceta. Nada, no le hice ni una mísera grieta, y aquello supuestamente era un vidrio común. No tenía sentido que hubieran puesto un vidrio especial en un edificio que estaba abandonado desde hacía muchos años, y cuando funcionaba no había esos materiales. Era raro. Nos miramos sorprendidos y ya desconfiando del lugar. Entonces Rubén me pidió que fuera a traer el equipo electrógeno pequeño para iluminar el baño, porque con aquella media luz no podríamos hacer bien nuestro trabajo y no era seguro. Y allá fui, solo, a pesar de la advertencia del dueño.

Cuando entramos al colegio abandonado todas las puertas del corredor estaban cerradas; ahora que tenía que atravesarlo solo, ¡una de las puertas estaba abierta! Inevitablemente miré hacia el interior del salón y vi algo espantoso. Frente a la puerta había un escritorio, y sentada frente a él había una mujer, más bien, la aparición de una mujer que volvió la cabeza hacia mí sonriendo con una boca que le llegaba hasta las orejas. Tenía el rostro muy arrugado pero no como una persona vieja, era como si la piel se le arrugara porque no tenía carne debajo; la cabeza era una calavera con piel y cabello, y aquella sonrisa como de sapo era aterradora. Quedé como hipnotizado de terror. Entonces la aparición se levantó y empezó a caminar lentamente hacia mí. Estaba por alcanzar la puerta cuando mis compañeros aparecieron corriendo. Rubén me había mandado solo porque había quedado tan impresionado con lo del vidrio que no se rompía, que lo hizo casi sin pensarlo. Corrían rumbo a mi cuando me vieron paralizado mirando hacia el interior de un salón. Al alcanzarme también vieron a la aparición, pero al estar todos juntos esta retrocedió rápidamente y la puerta se cerró. 

Salir de allí se sintió tan bien. Rubén se comunicó con nuestro jefe, este con el dueño del edificio (que ya se había marchado en ese momento), y al final lo demolimos así como estaba, sin rescatar nada porque no volvimos a poner un pie en el interior del colegio embrujado. 
                                    - - - - - - - - - - - - - - - - - -

                                  La escuela embrujada
Andrés intentó de todo pero igual tenía que ir a la fiesta de cumpleaños de su tía. Mientras insistía con no ir miraba hacia arriba, golpeaba el suelo con los pies, se iba corriendo hasta su cuarto, después volvía para ver si habían cambiado de idea; pero sus padres se siguieron aprontando sin hacerle caso. Hasta pensó en salir al jardín y revolcarse en el suelo para ensuciarse la ropa, pero no lo hizo porque aunque era un niño travieso sabía cuando no pasarse de la raya. Pero cuando su madre le estaba poniendo perfume intentó convencerla de nuevo:

—Ma, yo ahí me aburro, solo va a haber gente vieja —le dijo Andrés.
—¿Quién dijo que no van a ir más niños? Van a estar tus primos, casi todos —le dijo su madre mientras le ponía unas gotitas de perfume en las muñecas. 
—¿Aquellos que fueron al cumple de la abuela? ¡Esos son aburridos! —protestó Andrés moviendo la cabeza hacia atrás.
—No hagas así que te vas a lastimar el cuello. Bueno, ya estamos listos —le dijo su madre al tiempo que cerraba el frasco de perfume.
—¡Pero ma...! La tía siempre me agarra de los cachetes, así. Si después me quedan estirados es culpa de ustedes —fue la última excusa que se le ocurrió a Andrés y fue muy infantil. Su madre solo sonrió y movió la cabeza.

Se fueron a pie porque la casa de su tía estaba a unas pocas cuadras. Era de noche y en la calle no andaba casi nadie porque hacía mucho frío.

—Ahora me resfrío por andar en este frío —protestó Andrés.
—No, un poco de frío hace bien —le dijo su padre riendo—. Además es una caminata muy corta.

Andrés bajó las cejas y estiró los labios formando una trompa. Sus padres siguieron conversando entre ellos para ignorar sus quejas y por eso no notaron algo que él vio. Al cruzar por la esquina de la escuela a la que él iba, vio a unos vehículos que reconoció enseguida. Eran fáciles de distinguir porque tenían unas letras enormes pintadas en los costados. También vio al director de la escuela y a cinco personas más, dos de ellas llevaban unas cámaras enormes y uno sostenía un micrófono grande. ¡Era el programa de los caza fantasmas! Él había mirado ese programa de televisión muchas veces, le encantaba. De noche recorrían lugares que supuestamente estaban embrujados y casi siempre filmaban algo aterrador. Como testigo de que lo que hacían era real, siempre llevaban a los dueños o a alguien encargado del edificio, eso explicaba la presencia del director. 

Andrés casi le gritó a sus padres lo que había visto pero no dijo nada porque en ese momento se le ocurrió una idea. Por qué quedar en una fiesta aburrida pudiendo echar un vistazo a lo que hacían los “Caza Fantasmas”. La casa de su tía se encontraba a solo una calle de allí. Era lo más arriesgado que había hecho en su corta vida y era pasarse de la raya pero pensó que valía la pena. Empezó a temblar de emoción. Había escuchado que su escuela estaba embrujada pero no lo había creído. Le pareció que sería fantástico que el local a donde iba estuviera embrujado. Claro que no pensó en lo que eso implicaba, solo estaba fantaseando de una forma infantil. Llegaron a la fiesta. Lo primero que hizo su tía al recibirlos fue tomarlo de los cachetes. La madre de Andrés giró hacia un lado tapándose la boca para no echarse a reír por la cara que él puso. Después de los saludos sus padres comenzaron a charlar con unos parientes; él empezó a planear su fuga. Sus primos estaban sentados todos juntos, comiendo sin hablar. Enseguida se le ocurrió que tenía que hacer que aquellos aburridos salieran al patio. Fue a hablar con ellos mientras tomaba un vaso de refresco. Los invitó a jugar a las escondidas pero le dijeron que no moviendo la cabeza. Pero él sabía insistir y al final salieron, no sin antes llenarse las manos con la comida de los platillos; y él le avisó a sus padres que saldrían a jugar afuera. El terreno tenía un patio grande con varios árboles, se podía ir por los costados de la casa y en el fondo que también era grande todavía había más lugares donde esconderse. Por ser un día de fiesta habían encendido todas las luces exteriores. La excusa de jugar a las escondidas era perfecta. Pero su plan casi se le vino abajo porque como hacía frío sus primos quisieron volver enseguida a la casa, pero los convenció de que un poco de frío era bueno. Él eligió al que contaba primero. Cuando los otros corrieron a esconderse él salió rumbo al portón y estando seguro de que no lo veían salió a la calle.

El corazón le pegaba fuerte contra el pecho por la emoción. Deseó que los Cazafantasmas todavía estuvieran allí. Se alegró al ver los vehículos. El gran portón de la escuela estaba abierto. Se asomó y vio que más allá del patio, dentro del local había unas luces que aparecían cruzando por una ventana, todo volvía a estar oscuro y después aparecían en otra ventana. Estaban recorriendo todo el local. Tenía que verlos desde más cerca. Pasó por el portón, atravesó el patio a la carrera y se puso de espaldas contra la pared, a un lado de la puerta principal. Se iba a asomar cuando escuchó que venían corriendo hacia allí a toda prisa. Las pisadas se atropellaban hacia la salida, y enseguida la puerta se abrió de golpe y pasaron al lado de él como un viento y sin notarlo; eran los camarógrafos, cazafantasmas y el director, que aunque era bastante gordo cruzó corriendo como un velocista. Mientras ellos cruzaban por el patio Andrés no resistió la tentación de mirar hacia adentro. Se asomó y se llenó de terror. Corría hacia la salida, flotaba más bien, una figura toda blanca que tenía los pelos muy largos y parados, y movía unos brazos largos que ondulaban mientras se estiraban hacia la puerta. El fantasma lo vio y le sonrió con malicia, y todos los cabellos fantasmales se le agitaron como si fueran víboras, después abrió una boca enorme. El niño gritó como nunca antes lo hizo y corrió tan rápido que por poco no alcanzó a los que habían huido primero. Cuando los del grupo estaban por cerrar el portón detrás de si, ahora el que pasó como un viento fue él y así siguió corriendo por la calle. Volvió al terreno de su tía completamente agitado por la carrera, y cuando iba pasando al lado de un árbol, uno de sus primos apareció de un salto delante de él gritándole ¡Te encontré!, y eso lo hizo gritar de nuevo. 

Después de ese susto le agarró terror a la escuela. Y aunque suponía que de día no le iba a pasar nada estando allí, a veces creía ver una cara horrenda que lo miraba sonriendo desde los rincones con sombra.

miércoles, 13 de abril de 2011

Un desengaño no es el fin del mundo

Con el corazón roto por un desengaño, Gustavo se encerró en su apartamento y
Trató de aliviar su pena con alcohol. Con las persianas bajas y el teléfono
Desconectado, estuvo una semana sumergido en su dolor y casi ahogado por las
Bebidas espirituosas que consumía hasta dormirse.
Durante su encierro, oyó cierta conmoción en la calle, ruidos fuertes y gritos, pero
Con una fuerte resaca punzándole continuamente las sienes, no supo si realmente
Los había oído o imaginado, o soñado.
A la semana de haber comenzado aquella locura decidió ponerle fin, además ya
Se le había terminado la bebida, y le quedaba poca comida enlatada.
Después de una ducha abrió las persianas, la luz del día le hizo doler los ojos, que
Ya se habían acostumbrado a la penumbra. Su apartamento estaba en el segundo
Piso del edificio, después de abrirla se asomó por la ventana, y vio que en la calle
Unas personas se amontonaban sobre algo, estaban de rodillas y parecían una jauría
Consumiendo una presa, y eso hacían.

Gustavo no podía creer lo que veía. Las personas estaban horriblemente mutiladas,
Con aquellas heridas no podían estar vivas, pero allí estaban, devorando con
Ferocidad la carne de otro humano. Gustavo no pudo apartar sus ojos de aquel
Horrible espectáculo hasta que un ruido de pasos le hizo desviar su mirada hacia
La puerta, alguien se acercaba por el corredor.
Espió por la mirilla y vio a uno de sus vecinos, mas bien lo que quedaba de el.
Al hombre le faltaba la carne de una mejilla, y aquel hueco parecía una segunda
Boca en donde blanqueaban las muelas. El muerto andante sintió la presencia
De Gustavo, y con torpes movimientos comenzó a golpear la puerta, a la vez
Gemía por las dos bocas. Gustavo dio unos pasos hacia atrás y por un momento
No supo que hacer. Salió de su parálisis al escuchar que otras manos se habían
Sumado a las de su vecino zombie, y la puerta sentía sus embates.

Recostó un sofá contra la puerta, y encima de este colocó una mesa a modo de
Barricada. El corredor se llenó de gemidos, cada vez eran mas, los zombies
Trataban de romper la puerta, y lo estaban logrando. Las bisagras cedieron,
Y la improvisada barricada se derrumbó. Le abrieron un hueco a la puerta y
Por el asomaron una multitud de brazos que se apretujaban y arañaban en
El aire. Gustavo pensó que a aquella situación no le faltaba ironía; al sufrir
El desengaño sintió que su mundo se terminaba, y ahora realmente era así.
Los zombies irrumpieron en la habitación como un río desbordado.
Unos minutos después uno de los zombies sostenía en sus manos el sufrido
Corazón de Gustavo, que aún latía.

martes, 12 de abril de 2011

El manzano embrujado

Un tranquilo domingo por la tarde, Carmelo atravesó el campo y llegó hasta el
Viejo y solitario manzano. Trepó con destreza y arrancó del árbol las mejores
Manzanas. Las frutas eran mayormente de color verde, algunas tenían un tono
Rojizo, pero todas eran deliciosas. Mientras las comía Carmelo pensaba en lo
Supersticiosa que era la gente del pueblo, y le pareció una tontería que no se
Aprovecharan los frutos de aquel inmenso manzano por creer que estaba
Embrujado.
Por el cielo aún celeste cruzaban bandadas de pájaros, y el sol que se acercaba
Al horizonte incendiaba unas nubes difusas, que se extendían sobre campos lejanos.
Después de bostezar varias veces Carmelo decidió tomar una corta siesta, y tendido
Sobre el pasto, se durmió al pié del manzano.
Su siesta se prolongó mas de lo que deseaba; despertó ya entrada la noche. La luna
Llena ya miraba al campo con su tez pálida. Se estaba levantando cuando escuchó
Una especie de gruñido, era algo que se ocultaba detrás del grueso tronco del
Manzano. Paralizado por el miedo, Carmelo contempló con horror el surgimiento
De una mano que se apoyaba en el tronco, y después asomó lentamente una cabeza
Similar a la de un cerdo, de nariz ancha y brillante, y con una enorme sonrisa relamida
Por una lengua enorme.
Nunca mas volvieron a ver a Carmelo, y desde esa noche, las manzanas de aquel
Árbol pasaron a ser de color rojo intenso.

domingo, 10 de abril de 2011

Muertos en el motel

Al entrar a la habitación Ricardo pensó que no era la gran cosa, en realidad era
El motel mas descuidado que había visto.
Estaba agotado por el largo viaje, y aquella cama le pareció un poco mas cómoda
Que el asiento del auto. Después de contemplar por largo rato una tela de araña
Que colgaba del techo, cerró los ojos y se durmió.
Como alguien que se hunde en el mar, descendió hasta el oscuro mundo de las
Pesadillas. Durante toda la noche soñó con muertos. Los veía en sus ataúdes,
Hombres, mujeres, niños, de rostros descoloridos y bien vestidos. Algunos
Estaban hinchados, con el abdomen tirante, otros lucían consumidos y casi
Esqueléticos, tenían las ojeras hundidas y los labios parecían succionados por
La boca.
En el sueño estaba en una habitación sin ventanas ni puertas, iluminada por
La mezquina y oscilante luz de una vela ubicada en una diminuta mesa.
A su alrededor estaban los muertos en sus ataúdes, y repentinamente
Comenzaron a abrir los ojos, para luego incorporarse con un lento movimiento.
Mientras salían de sus ataúdes, la llama de la vela comenzó a disminuir. Al no
Poder huir, Ricardo se sentó en el piso y se arrolló cubriéndose la cabeza con
Los brazos. Cuando los muertos lo rodearon la luz terminó de apagarse, entonces
Sintió una multitud de manos que arañaban y jalonaban su cuerpo.
Se despertó abruptamente, el sol ya se filtraba por la sucia cortina. Después de
Una ducha fría se alistó para irse, aún estaba perturbado por la horrible pesadilla.
Cuando fue a la recepción a entregar la llave, le llamó la atención una foto que
Colgaba en la pared, que el día anterior no había notado. La foto era en blanco
Y negro y parecía tener muchos años; en ella estaba un señor de rostro muy
Serio, detrás de el estaba la fachada de un edificio. Ricardo reconoció el edificio,
Era el motel, pero sobre su puerta había un cartel muy diferente, el cartel decía:
“FUNERARIA”

En la quietud del campo

Decidido a disfrutar plenamente de sus vacaciones aunque contara con poco
Dinero; Ariel se hizo al camino, pidiendo aventones y caminando.
En el segundo día de aventura, al final de la tarde, Ariel caminaba por una
Carretera rodeada de un verde intenso. Con una mochila a la espalda, pidió
Aventón pero ningún vehículo se detuvo. Un poco desalentado, vio el sol
Ocultarse tras un bosque oscuro y lejano. “Parece que me abandonó la suerte”
Pensó. Nunca había visto la transición entre el día y la noche estando rodeado
De naturaleza. El campo empapado de sombras se hacía mas oscuro, a la vez
Que un silencio frío aquietaba la inmensidad, y en el cielo asomaban tímidas
Las primeras estrellas.

La caída de la noche le causó algo de inquietud. La vastedad del campo le
Transmitía como a casi todos un hondo sentimiento de soledad. Solo los
Que aman el campo y han recorrido ampliamente sus extensiones, pueden
Disfrutar de su calma, al sentirse unidos a ella, y al vaciar sus mentes de
Pensamientos de miedo, pues allí es donde habitan los demonios, y desde donde
El miedo puede crecer, desde nuestra mente, transportados por el pensamiento.
Ariel siguió caminando, ahora envuelto en noche. Su mente de citadino,
Acostumbrada al bullicio, al ruido, al trajinar de la ciudad, desconocía la
Callada calma de la pampa, y a lo que desconocemos le tememos.

Seguía avanzando, con la angustia punzándole el corazón, cuando de repente
Una carcajada de tono agudo brotó de la oscuridad. Ariel se estremeció, y
Buscó con la linterna al dueño de tan macabra carcajada, y la luz dio de lleno
En un decrépito cuerpo que se le acercaba caminando encorvado. Era un
Anciano, y su cara era la versión masculina del rostro de una bruja.
Pasaron varios minutos y Ariel seguía corriendo, muy atrás quedó el anciano y
Su carcajada. Un auto venía en dirección contraria a el, y al pasar a su lado
Se detuvo.
- !Buenas noches¡ - dijo un hombre asomándose por la ventanilla y continuó.
- Estoy buscando a mi padre, es un anciano y ya tiene algunos achaques, a
Veces se le da por caminar y se pierde, este es el - dijo el hombre y le mostró
Una foto. Ariel reconoció al anciano, era el mismo que el había tomado por
Fantasma. Le explicó al hombre en donde lo había visto y este partió apresurado.
Después de recoger a su padre, el cual no estaba bien de la cabeza, el hombre
Alcanzó a Ariel y se ofreció a llevarlo hasta la ciudad.

sábado, 9 de abril de 2011

La aparición en la niebla

Las luces del auto luchaban por traspasar la densa niebla pero solo conseguían iluminar un corto tramo de la ruta. Considerando lo peligroso que era conducir en esas condiciones, Alfonso buscó un lugar en donde estacionarse.
Creyó distinguir un lugar plano y abierto a un costado de la carretera. La niebla era tan espesa que lo poco que se conseguía ver eran imágenes borrosas y difusas. Distinguía que desde el borde de la carretera el terreno bajaba levemente hasta llegar a una zona plana. Sacó el auto de la ruta para iluminar de frente su provisorio estacionamiento, pero al hacerlo vio que de la niebla surgía una figura humana que con los brazos abiertos se interponía en su camino. Como iba muy lento pudo frenar antes de chocar a aquel extraño que de forma imprudente se paró frente a su auto.

Por unos segundos Alfonso quedó estupefacto ante aquella figura que parecía decidida a detenerlo. Su asombro se convirtió en terror al observar la cara de aquella persona. No fue ningún rasgo aterrador lo que asustó a Alfonso, fue la falta de rasgos, pues no tenía ojos ni nariz ni boca.
En una arriesgada maniobra retrocedió y volvió a tomar la carretera, dejando
Atrás a la aparición que le había dado tremendo susto, pero a la vez le había salvado la vida aunque él no lo supiera. El lugar en donde Alfonso pensaba estacionar era una profunda laguna cubierta por unas diminutas plantas acuáticas que al amontonarse en la superficie asemejaba ser tierra firme.
La aparición avanzó rumbo a la laguna y se sumergió en su tumba acuática.

jueves, 7 de abril de 2011

La bruja del bosque

La tarde gastaba sus últimos resplandores, y el azul del cielo se diluía en el gris
Del atardecer. Ramón se apuró en llegar al bosque, su padre le había
Encomendado que recogiera algo de leña seca y fina, pues la leña que tenían
Estaba algo verde, e iba a dar trabajo encenderla. El fuego de la chimenea hacía
Mas soportables las frías noches invernales.
Después de atravesar un campo amarillento llegó a la quietud del bosque. Pisando
Hojas resecas y crujientes avanzó entre las sombras del bosque, inclinándose cada
Tanto para recoger las ramas secas que iba encontrando.

Caminaba con la cabeza inclinada, tratando de distinguir la leña entre las sombras
Crecientes. Al levantar la cabeza para orientarse, se dio cuenta que había avanzado
Mas de lo que creía. Buscó el sendero con la mirada, y entre los árboles, no muy
Lejos de el, vio a la destartalada casa de la vieja ermitaña que vivía en aquel bosque.
Como todos los muchachos de la zona, Ramón le tenía terror a la ermitaña. Se decía
Que era una bruja, y que bajo el capuchón que siempre llevaba puesto, había un rostro
Horripilante. Retrocedió unos pasos sin dejar de ver a la casa, dio media vuelta y se
Encontró frente a la vieja, la cual se le acercaba sigilosa por la espalda.

La vieja tenía la cabeza descubierta; en la cara arrugada sobresalían unos ojos
Saltones de color celeste, y tenía una nariz tan larga y delgada que caía como si
Fuera una trompa, escasos cabellos grises colgaban de su cabeza casi calva.
La vieja se agazapó y abrió los brazos como para atraparlo de un salto, a la vez
Que sacudía la cabeza ,y la trompa-nariz se balanceaba de un lado al otro.
Cuando la noche terminó de cubrir el bosque la familia de Ramón salió
A buscarlo, gritaban su nombre y avanzaban entre los árboles sosteniendo faroles.
En la casa de la ermitaña hervía un enorme caldero.

miércoles, 6 de abril de 2011

Por leer cuentos de terror

Durante un sábado aburrido y opaco, azotado por una tempestad cargada de viento,
Fabricio navegaba por Internet. Con su computadora portátil sobre la mesa del
Living, Fabricio buscaba cuentos de terror. Afuera ya estaba oscuro, la lluvia
Resbalaba por el vidrio de la ventana, y el sonido aburridor del aguacero cubría el
Barullo de la ciudad.
Le llamó la atención el nombre de una página, “CUENTOS DE TERROR DONDE
USTED ES EL PROTAGONISTA”. Entró a la página y vio una lista con categorías,
Arriba de la lista decía: “¿A QUE LE TEMES MAS?”. Fabricio eligió cuentos de
Payasos. Pasaron los segundos y luego de dos minutos el cuento aún no aparecía.
Fabricio esperaba expectante, lleno de curiosidad. Vio algo por el rabillo del ojo,
Al desviar la mirada de la pantalla, vio que había un payaso sentado en un sofá.
El payaso miraba hacia la pared, y lentamente fue girando la cabeza hasta que sus
Ojos rojos se fijaron en los de Fabricio, y su sonrisa enorme mostró unas hileras de
Dientes podridos y puntiagudos.
Fabricio despertó exaltado, se había dormido sentado, había tenido una pesadilla.

La mano en la oscuridad

Apenas cumplí los dieciocho conseguí trabajo en una empresa distribuidora
De productos para el hogar. Mi tarea era estibar cajas en un depósito.
La empresa funcionaba en un edificio antiguo, el cual en sus primeros tiempos
Había servido como hospital.
Había barios depósitos, yo trabajaba en el que estaba ubicado al final del edificio.
Desde la primera vez que entré en aquel lugar sentí algo extraño. Era la única
Habitación sin ventanas, pero cada tanto circulaba una corriente fría, que
Invariablemente me erizaba la piel. La lámpara que lo iluminaba estaba cubierta
De polvo, y solía pestañar como si fuera a apagarse.
Un día, mientras estivaba unas cajas, escuché que la puerta se abrió; era la encargada
Que venía a hacer el inventario. Con una libreta en la mano la mujer iba anotando
Cosas. La luz pestañeó unas veces y se apagó, dejándonos en completa oscuridad.
La mujer gritó y luego escuché que algo chocaba contra el suelo.
- No se asuste, deje que yo busco la puerta - le dije - Si calló mejor quédese ahí,
Señora, ¿esta bien? - como no respondió supuse que se había desmayado. Con los
Brazos extendidos avancé por la oscuridad tratando de guiarme de memoria.
Quería llegar a la pared y así encontrar la puerta. Mientras avanzaba escuché
Que alguien se me acercaba, y después sentí que una mano fría se aferraba de
Mi brazo. Aunque me llevé tremendo susto traté de disimularlo, pues creí que
Era la encargada.
- Pensé que se había caído, como no contestaba… - le dije, pero nuevamente no
Recibí respuesta. Después de un instante la mano me soltó, justo antes de que
Volviera la luz. Sentí mucho terror al ver que a mi lado no había nadie, y la
Mujer estaba desmayada a barios metros de mi.
Demás está decir que ese fue el último día que trabajé en ese lugar.

martes, 5 de abril de 2011

Calamidades y zombies

El cielo parecía una lona gris sobre sus cabezas, a la distancia se oían algunos
Truenos. La inundación había bajado, el pequeño pueblo que estuviera
Tres semanas bajo las aguas lucía ruinoso, entre fango, resaca e inmundicias.
El grupo de rescate recorría las casas, ya sin esperanzas de encontrar alguien
Con vida. Tenían puestas mascarillas y ropa impermeable, aún así el olor
Era insoportable.
Uno de los rescatistas entró a una casa, linterna en mano inspeccionó el lugar.
Un fango viscoso cubría los muebles y se amontonaba en los recipientes. Vio
Que algo se arrastraba y retorcía en el piso; era un bagre cubierto de lodo.
El bagre moribundo acaparó la atención del rescatista, que no percibió los
Pasos que se le acercaban por la espalda. Al sentir que una mano se apoyaba
En su hombro se dio media vuelta, y quedó frente a los restos andantes de una
Persona muerta. Con la piel arrugadísima y blanca como un papel, el cadáver
Se abalanzó sobre el aterrorizado hombre. En todo el pueblo se oyeron gritos,
Algunos rescatistas corrieron por sus vidas, pero en aquel lodazal lleno de
Escombros era difícil moverse, y los muertos vivientes atacaban con furia.
El mundo entero estaba atravesando terribles calamidades, pero algo mucho
Peor comenzaba a erguirse en el horizonte, los zombies avanzaban por la tierra.

lunes, 4 de abril de 2011

En la noche

Como todas las noches, Lucía caminaba por la oscuridad de su antigua casa.
Incapaz de dormir, recorría los corredores y habitaciones una y otra vez.
Con sus pasos no perturbaba en lo mas mínimo al silencio que emanaba de
De aquellos viejos muros enmohecidos por el tiempo.
Llevó sus pasos hasta la gran puerta y la abrió de par en par. La luna mostró
El amplio espacio que antes ocupara el jardín, ahora enmarañado de malezas.
Mas allá del olvidado jardín, se distinguían las arenas claras del tosco camino
Que conducía al pueblo, y por el avanzaba una sombra alargada, y detrás de
Ella el cuerpo que la producía. Era la silueta de un hombre caminando con
Pasos desparejos e inseguros. Lucía lo observaba desde el portal.
El hombre miró hacia la casa y vio a la aparición fantasmagórica de Lucía
Resplandeciendo en el portal; se persignó y apuró cuanto pudo su paso.
Lucía cerró la puerta y volvió a recorrer su casa embrujada.

domingo, 3 de abril de 2011

Pesadillas

Guillermo dormía en la penumbra de su cuarto. Sus sueños se habían transformado en pesadillas, y se retorcía entre las cobijas de su cama. Después de una seguidilla de sueños espantosos abrió los ojos y a pesar de la penumbra reconoció su cuarto. Respiró aliviado por haber escapado del mundo angustiante de las pesadillas. Se pasaba la mano por la frente sudorosa cuando escuchó que golpeaban la ventana. En el rectángulo de la ventana se recortaron cuatro siluetas que apoyaban las manos y la cara en el vidrio.
Guillermo se levantó y encendió la luz; las siluetas resultaron ser sus padres y sus dos hermanos, que desde afuera de la casa sonreían y le señalaban algo.

Al avanzar hacia la ventana, Guillermo comprendió que con las señas le indicaban que había algo detrás de él. Nuevamente lleno de terror como en las pesadillas que acababa de experimentar, volteó lentamente y vio que detrás de el estaba el monstruo que lo persiguiera en la pesadilla.
Despertó nuevamente pero esta vez en la realidad. Algunas veces las pesadillas juegan con nosotros como lo hace un gato con un
ratón; nos hace creer que escapamos solo para atraparnos nuevamente.

El campamento del ahorcado

Durante una semana santa, también llamada semana de turismo, estaba acampando
A orillas de un río junto a un amigo y tres primos suyos que eran hermanos entre si.
Cuando se hizo noche nos sentamos rodeando una fogata. A pocos metros de
Nosotros estaban los árboles del monte, y mas cerca aún la orilla del rió.
La noche era bastante clara. Estábamos allí, rodeando el fogón y hablando de todo
Un poco cuando mi amigo me pidió que les narrara algunos cuentos de terror.
Mientras les narraba noté que los primos de mi amigo estaban bastante asustados.
Al terminar uno de mis cuentos uno de ellos habló:
- No sirve contar cosas así cuando uno anda acampando, y menos en este lugar -
- ¿Por qué no se puede contar cuentos acá? - pregunté y seguí hablando:
- No vi ningún cartel que dijera “Prohibido los cuentos de terror” - dije eso y
Lancé una carcajada, mi amigo también rió.
- Este puerto está asombrado (embrujado) porqué un tipo se ahorcó aquí, y
Dicen a veces aparece - dijo el menor de los hermanos con la voz entrecortada por
El miedo. Apenas terminó de hablar escuché un chirrido y supuse que eran dos
Ramas movidas por el viento rozando entre si. La verdad es que ninguno de los
Hermanos me caía muy bien, y decidí darles un buen susto con aquel ruido.
- !Escuchen!; oyen ese ruido, es el chirrido de la soga del ahorcado que se hamaca
En una rama - les dije. Hice un esfuerzo para contener la risa mientras los veía
Mirar hacia todos lados. Uno de ellos se levantó y gritando señaló un árbol que
Estaba a mi espalda - !Ahí está el ahorcado¡ - gritó. Mi amigo y los otros miraron
Hacia donde señalaba y también gritaron, luego salieron corriendo rumbo al campo.
Sentí un escalofrío en la espalda, voltee y vi al ahorcado colgando de una rama
Mientras se mecía como un péndulo.
Lo que quedaba de la noche la pasamos en el campo, alejados de los árboles.
En realidad no se que fue lo que vimos, tal vez fuimos víctimas de nuestra
Propia imaginación, tal vez no.

sábado, 2 de abril de 2011

Manejando por la carretera

Una noche de invierno, fría, húmeda, ventosa, con el cielo tapizado de nubes y
Azotada por recurrentes lloviznas, manejaba mi auto por una carretera conocida.
La carretera mojada brillaba ante las luces del vehículo. Yo luchaba contra las
Ganas de dormir, que insistentemente trataban de cerrarme los ojos, de modo
Parecido a como encantan las sirenas a los marineros incautos.
Me despabilé cuando un árbol de tronco delgadísimo que crecía en el costado
De la ruta, se inclinó y rozó el auto con sus ramas, el viento se hacía mas fuerte, y
Venía acompañado de una llovizna que golpeaba de costado.
A pesar del ruido del motor, podía oír el rugido del viento revolviendo los bosques
Cercanos. El para brisas luchaba contra la cortina de punzante llovizna.
Por el retrovisor, vi que algo se movía en el asiento de atrás. Era la capa para lluvia
Que había dejado en el asiento; estaba inflada como si hubiera alguien dentro de
Ella. Frené imprudentemente y bajé del auto. La potente luz de un camión me
Sirvió para inspeccionar el asiento de atrás: la capa estaba como la había dejado.
No se si alcancé a dormirme o fue algo real. Coloqué la capa en el maletero y
Seguí mi camino.

viernes, 1 de abril de 2011

La compañera silenciosa

Rafael regresaba de hacer las compras en el supermercado. Subió al ascensor y
Saludó a una mujer que estaba en el. Aún faltaba para llegar al piso en donde
Estaba su apartamento cuando súbitamente el ascensor se estremeció con tal
Fuerza que lo hizo caer, la mujer gritó y golpeó contra el piso.
El elevador descendió rápidamente hasta que se detuvo con brusquedad.
Después de estar inconciente por un rato Rafael despertó en medio de una
Oscuridad absoluta. Tras un momento de confusión, recordó lo sucedido, y
Concluyó que había ocurrido un terremoto.
- ¿Señora, esta usted bien? - pregunto Rafael al acordarse de que no estaba solo.
Tanteando el piso encontró la bolsa que cargaba, había comprado una caja de
Fósforos. Guiándose por el tacto dio con la caja; la llama ilumino el reducido
Espacio del elevador, la mujer estaba en un rincón, sentada en el piso con la
Espalda contra la pared como si estuviera descansando, pero estaba completamente
Inmóvil. Rafael comprobó sus signos vitales, la mujer estaba muerta.
Pasaron tres días y seguía atrapado en la oscuridad del ascensor, su silenciosa
Compañera comenzaba a cambiar por causa de la descomposición: los ojos
Estaban grises, sus mejillas se hundían, y el labio inferior caía dejando la boca
Siempre abierta. Rafael ya estaba cansado de gritar y de tratar de abrir la puerta.
En la bolsa aún le quedaba alimento como para sobrevivir unos días mas, pero eso
No era lo que lo preocupaba. Con la fugaz luz de los fósforos, había visto o creyó
Ver que la mujer muerta se movía. Cada vez que la iluminaba, aunque estuviera
Parado en diferentes lugares, aquellos ojos grises apuntaban siempre hacia el.
Estaba sentado en un rincón cuando oyó un ruido, encendió el penúltimo fósforo.
La pequeña llama venció a la oscuridad por un instante, y en ese instante Rafael
Vio a la mujer gateando hacia el. Se cubrió la cara con los brazos esperando el
Inminente contacto pero nada sucedió. Tras unos minutos aterradores encendió
El último fósforo, e iluminó el horrible rostro de la muerta al lado de su cara.