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lunes, 25 de abril de 2011

El extraño grupo de gente

Estacioné mi auto en un costado de la ruta, en un lugar donde no era muy
Visible, me acomodé la mochila y con la caña de pescar en la mano me
Interné en la negrura del monte.
Planeaba pescar en una laguna que había descubierto junto con dos amigos
Mientras cazábamos armadillos.

Salí del monte y caminé por la falda de un cerro, después descendí hasta un
Pequeño valle, atravesé un pajonal, algunos arroyuelos, un matorral.
Por momentos creí que no la iba a encontrar, pero después de subir una
Loma vi el sol de la tarde brillar en sus aguas quietas.

Tal como yo pensaba, la laguna estaba llena de peces. Cuando la noche
Oscureció el paisaje me acomodé en el interior de mi carpa, satisfecho por
Una jornada excelente.
Me estaba por dormir cuando un sonido me hizo salir de la carpa. Era un
Sonido que no esperaba oír en una zona tan apartada. Escuchaba el
Repiqueteo de un tambor acompañado por voces que cantaban.

Escuché con atención y caminé hacia donde se originaba el sonido.
Desde una elevación del terreno, vi que en una hondonada situada entre
Dos cerros, un grupo de gente danzaba alrededor de un fuego azul.
Estaban muy lejos de mi como para distinguir los rasgos de aquella
Gente que no paraba de danzar y cantar, rodeando aquel fuego extrañamente
Azul.

No entendía ni una palabra de lo que cantaban; aunque seguían un ritmo
Parecían ser sonidos guturales, y tenían una característica que me pareció
Similar a los bufidos de un animal furioso.
Avanzando agazapado me acerqué unos metros mas, y detrás de un arbusto
Volví a espiar al extraño grupo. Un escalofrío repentino cruzó por toda
Mi columna, cuando desde mi posición mas ventajosa distinguí que aquella
Gente tenía hocico, un hocico que se alargaba como el de un perro o un lobo.

Un instante después de que distinguiera el grotesco aspecto de aquel grupo,
Vi que uno de ellos volteaba hacia mi.
Regresé corriendo a mi campamento, lo único que agarré al pasar fue el
Machete. Con la adrenalina fluyendo por mi cuerpo emprendí rápida huída.
Con la energía del que lo persiguen, crucé por aquel paisaje agreste sin
Detenerme en ningún momento, en lo alto del cielo brillaba una luna redonda.

Cuando por fin llegué hasta mi auto lo encendí con mis manos temblorosas.
Cuando me marchaba miré hacia el monte, y vi que desde lo oscuro centellaban
Una multitud de ojos rojos.

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