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sábado, 16 de abril de 2011

El reino de la decadencia

En una madrugada ventosa, Adrián regresaba de su juerga semanal.
Caminaba por una callejuela situada en el cinturón de la ciudad. El viento
Elevaba los papeles de la basura que se amontonaba en las aceras. Los
Vagabundos se acurrucaban en sus refugios de cartón. Los gatos callejeros
Cruzaban sobre los viejos techos de las casas.
Indiferente a aquel mundo oscuro que lo rodeaba, Adrián siguió caminando
Por aquella deprimente calle barrida por un incesante viento.

Las sombras de la noche prevalecían sobre la escasa luz que iluminaba la
Fealdad de la callejuela. Desde el interior de algunas casas resonaban gritos
Y discusiones.
Al doblar en una esquina vio que alguien se le acercaba por el frente. Era una
Mujer la que avanzaba caminando hacia el; tenía el cuerpo tan delgado que
Adrián se estremeció. Su ropa eran unos harapos colgantes, y su cara era la
De un esqueleto cubierto por una piel tirante y amarillenta. Sus ojos eran
Dos huecos negros como un abismo insondable, y su cabellera unos escasos
Pelos blancos y largos. A pesar de su apariencia pesadillesca, aquel esqueleto
Andante caminaba con elegancia, como si exhibiera una gran belleza.
Adrián pegó su espalda a un muro, y temblando la vio pasar a su lado, el
Esqueleto lo miró y siguió su camino.
La mujer esqueleto era la decadencia misma, que orgullosa se paseaba por
Su reino.

1 comentario:

  1. Señor leal tengo que felicitarlo por este cuento, es excelente

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