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viernes, 29 de abril de 2011

Noche de tormenta

Después de cenar, Manuel y su hermano Diego fueron a sentarse en el patio. Sus padres quedaron conversando dentro de la casa.
Los niños quedaron absortos al contemplar una tormenta que se levantaba en el horizonte. Su hogar era un punto luminoso en el oscuro campo. Las casas de sus vecinos estaban distanciadas, y la luz que escapaba de sus ventanas las hacía ver como luciérnagas en la noche.

Una nube inmensa y deforme era iluminada continuamente por relámpagos que se encendían en su interior. Mas aquella intensa actividad eléctrica era muda; y su silencio parecía sumarse a la expectante quietud de las praderas. Los niños también estaban callados, disfrutaban de aquel espectáculo sobrecogedor.
La nube parecía una montaña infernal iluminada por luces malévolas que se retorcían en su interior.

Aquel caos luminoso se agigantaba cada vez más. El aire estaba cargado al máximo, y la presión atmosférica se hacía sentir. Los hermanos seguían atentos, con sus miradas en la tormenta, cuando una luz blanca y enceguecedora llegó hasta ellos.
Sus padres oyeron un estruendo aterrador, tan fuerte que los aturdió por un instante. Al salir afuera descubrieron el horror, al ver los restos de sus hijos alcanzados por un rayo.

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