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miércoles, 13 de abril de 2011

Un desengaño no es el fin del mundo

Con el corazón roto por un desengaño, Gustavo se encerró en su apartamento y
Trató de aliviar su pena con alcohol. Con las persianas bajas y el teléfono
Desconectado, estuvo una semana sumergido en su dolor y casi ahogado por las
Bebidas espirituosas que consumía hasta dormirse.
Durante su encierro, oyó cierta conmoción en la calle, ruidos fuertes y gritos, pero
Con una fuerte resaca punzándole continuamente las sienes, no supo si realmente
Los había oído o imaginado, o soñado.
A la semana de haber comenzado aquella locura decidió ponerle fin, además ya
Se le había terminado la bebida, y le quedaba poca comida enlatada.
Después de una ducha abrió las persianas, la luz del día le hizo doler los ojos, que
Ya se habían acostumbrado a la penumbra. Su apartamento estaba en el segundo
Piso del edificio, después de abrirla se asomó por la ventana, y vio que en la calle
Unas personas se amontonaban sobre algo, estaban de rodillas y parecían una jauría
Consumiendo una presa, y eso hacían.

Gustavo no podía creer lo que veía. Las personas estaban horriblemente mutiladas,
Con aquellas heridas no podían estar vivas, pero allí estaban, devorando con
Ferocidad la carne de otro humano. Gustavo no pudo apartar sus ojos de aquel
Horrible espectáculo hasta que un ruido de pasos le hizo desviar su mirada hacia
La puerta, alguien se acercaba por el corredor.
Espió por la mirilla y vio a uno de sus vecinos, mas bien lo que quedaba de el.
Al hombre le faltaba la carne de una mejilla, y aquel hueco parecía una segunda
Boca en donde blanqueaban las muelas. El muerto andante sintió la presencia
De Gustavo, y con torpes movimientos comenzó a golpear la puerta, a la vez
Gemía por las dos bocas. Gustavo dio unos pasos hacia atrás y por un momento
No supo que hacer. Salió de su parálisis al escuchar que otras manos se habían
Sumado a las de su vecino zombie, y la puerta sentía sus embates.

Recostó un sofá contra la puerta, y encima de este colocó una mesa a modo de
Barricada. El corredor se llenó de gemidos, cada vez eran mas, los zombies
Trataban de romper la puerta, y lo estaban logrando. Las bisagras cedieron,
Y la improvisada barricada se derrumbó. Le abrieron un hueco a la puerta y
Por el asomaron una multitud de brazos que se apretujaban y arañaban en
El aire. Gustavo pensó que a aquella situación no le faltaba ironía; al sufrir
El desengaño sintió que su mundo se terminaba, y ahora realmente era así.
Los zombies irrumpieron en la habitación como un río desbordado.
Unos minutos después uno de los zombies sostenía en sus manos el sufrido
Corazón de Gustavo, que aún latía.

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