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sábado, 7 de mayo de 2011

El cementerio de autos

Aníbal recorría el tétrico depósito de autos viejos, lleno de sombras, crujidos y
Chirridos. Algunos focos ubicados en lo alto de unas columnas iluminaban a
Medias el depósito, las carrocerías aplastadas de los autos se apilaban formando
Negras sombras que cubrían gran parte del suelo lodoso de aquel cementerio de
Automóviles.

Aníbal seguía vigilando el depósito, ese era su trabajo. Aquel lugar era como un
Gran y desordenado laberinto. Con la linterna encendida mostrándole su camino,
Aníbal seguía su recorrido, cuando un sonido lo hizo detenerse:
- !Chhhss…chhhss¡ - una voz chistaba detrás de el. Aníbal se volteó y buscó
Con la linterna. El haz de luz enfocó en todas direcciones pero solo mostró
Los restos aboyados de los autos.
- !Ey¡ ¿me puede decir por donde llego a la ruta cuarenta y nueve ? - dijo una
Voz cavernosa, ultraterrena, que haría erizar la piel hasta al mas valiente.
Aníbal estuvo un momento sin saber que decir, luego respondió con voz temblorosa:
- Siga derecho y la va a encontrar -
- Gracias¡ - dijo la horrible voz.
Respiró hondo y siguió su recorrido. Muchos de aquellos autos terminaban allí
Por causa de graves accidentes, en donde sus ocupantes habían muerto, y
Ocasionalmente Aníbal veía o oía a sus fantasmas.

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