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miércoles, 25 de mayo de 2011

El fantasma del albañil

Fui socio de un club de fútbol local, también integré una de sus comisiones.
Nos reuníamos semanalmente en el club, en un salón grande que se alquilaba para
Fiestas. Como todos trabajábamos las reuniones comenzaban a las diez de la noche.
Una noche, supongo que por el frío que hacía, faltaron la mayoría de los integrantes.
En total éramos cuatro, contando con el presidente del club.

Arrimamos unas sillas de plástico y la juntamos formando un pequeño círculo.
Los otros edificios del club, la calle, la noche, todo estaba en silencio, el crudo
Frío del invierno mantenía a la gente en sus casas.
Como siempre charlábamos de fútbol. Escuché un ruido que reclamó mi atención;
El amplio salón amplificaba nuestras voces, me incliné hacia los otros y les hablé
Susurrando:
- Hay alguien arriba del techo, escuché unos pasos - les dije y señalé para arriba.
Los otros levantaron sus miradas hacia el cielorraso, también escucharon los pasos.
El techo del salón era de chapa, se escuchaba perfectamente los pasos de alguien
Que caminaba apresurado.
- ¿Llamamos a la policía? - preguntó en voz baja uno de los que allí estaba.
- No llames, lo que anda ahí no es una persona…es el fantasma del albañil que
Murió cuando se construyó este salón - dijo el presidente del club.

Todos los que allí estábamos sabíamos del accidente de un albañil; el hombre
Calló desde lo alto del techo y había muerto en aquel salón, se quebró el cuello.
El ruido de los pasos se detuvo en un lugar y luego comenzó unos metros mas
Adelante, como si desapareciera por momentos, era obvió que era un fantasma.
Estábamos allí, en silencio, escuchando, sin atrevernos a movernos, cuando
Sorpresivamente se cortó la luz y quedamos a oscuras. Al instante de cortarse
La luz, oímos nuevamente los pasos, pero esta vez resonaban en el salón, justo
Detrás de mi.

Algo de la luz de la calle se filtraba por debajo de la puerta y nos permitió ver
La salida entre aquella oscuridad. Salimos a la calle y buscamos nuestros vehículos
Sin decir una palabra, tal vez por el miedo ninguno de nosotros podía hablar.

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