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domingo, 1 de mayo de 2011

El teatro embrujado

Después de terminada la función, cuando se marchaban todos y el viejo teatro
Quedaba en silencio, Hugo comenzaba su jornada.
Limpiaba los pisos con una actitud vigilante, mientras barría miraba a su alrededor,
Como un ciervo nervioso asechado por un depredador. Es que aquel teatro tenía
Una fama terrible; en aquel edificio habían muerto personas, principalmente en el
Incendio que había sufrido, pero también sus paredes fueron testigos de suicidios y
Muertes extrañas, y entre la gente que allí trabajaba se contaban historias de
Fantasmas, de objetos que se movían o fugases apariciones.

Al estar solo, la acústica del lugar le parecía aterradora, cualquier ruido por mínimo
Que fuera era amplificado, y algunas veces le pareció que el eco se distorsionaba, y
Mezcladas con el sonido se oían voces.
Mientras barría el escenario escuchó una risa alocada y estridente, que como un viento
Arremolinado recorrió los palcos levantando papeles a su paso. La endemoniada
Risotada recorría el lugar reverberando en las paredes, todo el teatro parecía temblar.
La carcajada abrió una puerta y se perdió por un pasillo, llevando consigo un montón
De papeles y envolturas de caramelos que volaban en círculos.

Cuando Hugo salió a la calle la carcajada aún resonaba dentro del edificio.
Hugo se lamentó por tener que renunciar a aquel trabajo. Unos días después
Estaba empleado en otro lugar, un viejo hospital de aspecto lúgubre.

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