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martes, 3 de mayo de 2011

La estancia embrujada

Hace mucho tiempo, cuando no había medios de comunicación y eran pocos los
Caminos que atravesaban la vastedad de la pampa uruguaya, intrépidos jinetes se
Encargaban de llevar encomiendas y cartas a remotos lugares.
Leandro era uno de esos jinetes. Cabalgó gran parte del día, y con los últimos rayos
De luz de la tarde llegó a su destino.

Se acercó a la estancia algo cauteloso, esperando la natural arremetida de los perros,
Pero ya a unos metros de la casa, no fue recibido por perros ni por humanos.
Sin bajarse del caballo, golpeó las manos repetidas veces, pero nadie salió a su
Encuentro. El lugar parecía estar desolado, la casa principal, las de los peones, los
Galpones, todo estaba abandonado.

Leandro observó los alrededores, en la zona no había otra casa, no se había
Equivocado, era la única estancia en kilómetros a la redonda.
La noche se le venía encima, después de pensarlo decidió quedarse en el lugar.
Las casas parecían abandonadas recientemente, si esperaba un día tal vez
Regresaría alguien. La carta que tenía que entregar estaba subrayada como muy
Importante.

Se acomodó en un galpón junto con su caballo. Cansado por la cabalgata no
Demoró en dormirse. Se despertó en la madrugada, su caballo se agitaba inquieto.
Al salir del galpón vio que en la casa principal había una luz. A Leandro le preocupó
Que lo tomaran por un intruso; con las riendas del caballo en la mano se acercó a
La ventana, y vio un ser grotesco que parecía salido de una pesadilla caminando
Con un extraño andar sobre sus patas animales.

El demoníaco ser caminaba sobre dos patas, su cabeza era alargada y tenía cuernos.
Leandro montó de un salto, y como un viento galopó hacia la noche.
Leandro nunca se enteró que la carta que no había podido entregar, era una respuesta
De la iglesia ante la petición de un exorcismo.

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