¡Advertencia!: Todas las obras del blog le pertenecen a Jorge Leal. Prohibido tomarlas para cualquier fin sin consultar antes al autor. Y en todos los casos se deberá citar la fuente y el autor, y no se podrán usar con fines comerciales.

Buscar en este blog

jueves, 19 de mayo de 2011

La muerta y la creciente

Había llovido durante tantos días que la tierra ya no absorbía mas agua. La inundación
Cubría campos enteros, y convertía pequeños arroyos en torrentes embravecidos y
Anchos. Julián tomó una mala decisión; cruzó por un puente casi desbordado por el
Agua, cuando llegó al próximo puente lo encontró totalmente cubierto por la crecida.
Retrocedió y condujo su auto hasta el primer puente, solo para descubrir que también
Estaba desbordado.

Julián quedó aislado en medio de la nada, muy lejos de su hogar, en un camino rural
Que incluso con buenas condiciones era escasamente transitado.
Ambos costados del camino estaban bajo agua, lo único que podía hacer era esperar
A que el puente diera paso. Resignado, se quedó contemplando aquel bravío torrente
Que cruzaba frente a sus ojos.

Aún faltaba algunas horas para que llegara la noche, pero el paisaje ya era todo sombras.
La inundación reflejaba el cielo gris oscuro, era una vastedad desolada y sin muchas
Variantes, solo el gris del cielo y el agua fundiéndose en el horizonte.
Al pié de la correntada Julián miraba al torrente oscuro arrastrar todo tipo de cosas:
Ramas, trozos de maderas, una botella de plástico que cruzó girando, una serpiente
Que zigzagueaba para escapar de la corriente, y entre aquellas cosas vio
El cuerpo de una mujer muerta que flotaba en el agua.

Sintió el impulso de arrojarse al agua pero el sentido común lo detuvo. Nadar en aquella
Correntada era un suicidio, y la mujer estaba evidentemente muerta.
El cadáver de la mujer derivó hasta perderse de vista.
Julián se lamentó por no poder hacer nada.

Cuando llegó la noche volvió a llover. En el interior de su auto Julián trataba de dormir,
Pero se sobresaltaba por los continuos truenos y rayos que acompañaban a la feroz
Tormenta que aullaba por encima de la creciente erizada de lluvia.
Julián escuchó un ruido que resaltaba entre el estruendo de la tormenta; alguien
Golpeaba el vidrio de la ventanilla, como queriendo llamar su atención. En el mismo
Momento en el que abrió los ojos y miró hacia la ventanilla, la luz de un rayo dio
De lleno en el rostro desfigurado y blanco de la mujer que había visto en el agua.
La mujer tenía la cara pegada a la ventanilla, solo la vio por un instante, mientras
Duró la luz del rayo. Cuando un nuevo rayo iluminó todo la mujer ya no estaba.
El fantasma de la mujer se alejó flotando, y luego se hundió en la negrura de la
Creciente embravecida.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

¿Te gustó el cuento?