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domingo, 29 de mayo de 2011

Las sombras de la calle

Wilson se despidió cortésmente y salió de la atestada taberna. La calle empedrada
Estaba casi desierta, hasta las mujeres que rondaban en las esquinas habían
Desaparecido debido al clima atroz, era una noche lluviosa y fría.
La superficie despareja de la calle brillaba al reflejar la ahogada luz de los faroles
De aceite que salvaban a la ciudad de la cruel oscuridad.

La lluvia volvió a arreciar, Wilson levantó el cuello de su abrigo y buscó con
La mirada; esperaba encontrar algún carruaje estacionado, un transporte que
Lo arrimara hasta su hogar. El sonido de los cascos de un caballo y unas
Ruedas de madera lo hicieron voltearse hacia un carruaje que emergía de una
Calle transversal - !Por fin, un carruaje¡ - exclamó Wilson.

Después de indicarle su dirección al cochero entró al negro interior del carruaje.
Nuevamente la lluvia aumentó su intensidad, repiqueteaba con estruendo sobre
El techo del carruaje. Cuando los ojos de Wilson se acostumbraron a la oscuridad,
Descubrió que no estaba solo, en una esquina, en el otro asiento del pequeño
Carruaje, había un bulto apenas reconocible, pero su contorno delataba que era
Una persona, aparentemente.

- Disculpe que no saludara, no lo había visto, esto está tan oscuro - dijo Wilson,
Aún inseguro de si su callado acompañante era hombre o mujer.
Wilson distinguió que aquella sombra, aquella silueta ensombrecida, movió la
Cabeza, mas no dijo una palabra.
El carruaje siguió transitando por aquellas calles que brillaban bajo los faroles de
Aceite, la lluvia helada seguía repiqueteando sobre el techo del carruaje, cada tanto
Se oía el chasquido del látigo azuzando al caballo.

Wilson escudriñaba en la oscuridad tratando de distinguir algún rasgo, algo que
Le indicara que estaba ante otra persona, porque el terror que comenzaba a sentir
Lo hacía pensar que estaba acompañado por un fantasma, una aparición o algo
Peor. El coche se detuvo frente a la casa de Wilson, este bajó apresurado.
Cuando fue a pagarle al cochero, quiso preguntarle sobre su misterioso acompañante,
Pero al mirar la cara de aquel hombre encapotado que sostenía un látigo, descubrió
Que el cochero también era una sombra, algo sin rostro definido.

El cochero dio un latigazo al caballo, que también era completamente oscuro, y
Con rapidez el carruaje dobló y desapareció en una callejuela oscura.

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