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miércoles, 4 de mayo de 2011

Los nuevos vecinos

El calor que reinaba en la quietud de noche era insoportable. Anselmo sentía que
Las sábanas se le pegaban al cuerpo, y no podía dormir.
“La próxima vez que valla a la ciudad compro un ventilador” pensó Anselmo
Mientras se levantaba de la cama, y caminando en la oscuridad se dirigió hacia la
Ventana. La abrió de par en par, una leve brisa entró a la habitación, Anselmo
Respiró aliviado.

La noche estaba por demás clara, la luna llena estaba muy alta, por encima del
Alero del techo que proyectaba su sombra sobre Anselmo, que apoyado en el
Marco de su ventana baja, se había entregado a la contemplación del nocturno
Paisaje. Se distinguía perfectamente el sendero que salía de su casa y se extendía
Por unos ochenta metros hasta el camino que conducía al pueblo.

A su izquierda estaba la casa de sus nuevos vecinos, casi a la misma distancia que
El camino. A lo lejos se veía las ondulaciones de los cerros bañados por la luz
Plateada de la luna. A su derecha la negra sombra de un viejo bosque, y desde
Su interior se oía el triste canto de un pájaro nocturno.
Algo que se movía contrastó con la quietud del paisaje. Anselmo fijó su vista
En aquella figura alargada, y vio la estampa de un hombre, que por la dirección en
Que caminaba, parecía haber salido de la casa de sus vecinos.

A pesar de la considerable distancia, pudo ver que el hombre se inclinó hacia el
Suelo, y después de apoyar sus manos, salió corriendo en cuatro patas, con la
Misma agilidad que un animal. Al trote, cruzó corriendo la extensión de campo
Que lo separaba del bosque, y después de alcanzar su sombra dejó de ser visible.

El terror había echo presa de Anselmo, que con los ojos muy grandes había
Contemplado aquella horrorosa transformación. Pero su terror aumentó de una
Forma indescriptible, al ver que de la casa de sus vecinos, salían dos figuras,
Claramente identificables como una mujer y un niño, que después de inclinarse,
También salieron corriendo en cuatro patas y se dirigieron al bosque.
Con la escopeta entre las manos, Anselmo vigiló en la ventana hasta el amanecer,
Donde vio a sus vecinos regresar del bosque; tenían las ropas desgarradas y se
Apresuraban por llegar hasta su hogar.

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