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miércoles, 29 de junio de 2011

Mi encuentro con un hombre lobo

Ya había caído la noche y aún no encontraba la laguna. No se si me dieron
Datos erróneos o no me supe orientar.
Con la intención de pescar, caminé largos kilómetros por la vía del tren, doblé
Hacia la izquierda y me adentré en un campo que se extendía hasta el horizonte.
La luna llena iluminaba mi camino. Caminaba por un campo de pasto muy corto,
No había árboles ni nada que sirviera para orientarme, a excepción de la luna y
La cruz del sur.

Me había detenido, estaba por renunciar a mi búsqueda y regresar a la vía del
Tren. Miré largamente la inmensidad que me rodeaba; el horizonte se recortaba
Sobre unos cerros lejanos, ni una nube manchaba el cielo, el rocío empapaba los
Pastos, y al brillar bajo la luz lunar, le daba al campo un tono plateado.
Mientras observaba aquel paisaje nocturno vi algo que me asombró.

Delante de mi, a unos doscientos metros, tal vez menos, había una delgada
Línea de monte, seguida por dos hilos brillantes, así los veía yo a la distancia.
Intrigado, avancé unos metros, y me di cuenta que los hilos brillantes eran
Los rieles de la vía férrea iluminados por la luna.
Me detuve nuevamente y levanté la vista hacia el cielo, para orientarme.

Sabía que en toda la región había solo una vía férrea, y estaba a mis espaldas,
Las estrellas y la luna lo confirmaban, eso creí yo, aún lo creo.
Después de un momento de estupor, de mirar los alrededores y el cielo,
Decidí investigar la “nueva vía” . había llegado a la conclusión que se trataba
De un tramo en desuso, alguna sección antigua.

Mi teoría se vino abajo al ver que los rieles eran nuevos, también los durmientes.
A la derecha, la vía se perdía de vista entre una bruma, muy focalizada y muy
Espesa, como una cortina de humo. A la izquierda corría entre un monte
Angosto y apretado, cuyas ramas mas bajas rozaban los durmientes.
Decidí explorar el lado izquierdo. Apenas me adentré en aquella zona, escuché
Pasos, algo se habría camino por el monte y se acercaba a la vía.

Era algo que andaba en dos patas, se escuchaba con claridad mientras avanzaba.
En ese momento el instinto tomó control de mis actos; acertadamente no huí,
Creo que si lo hubiera echo habría sido perseguido, y seguramente alcanzado
Por aquella cosa.
Desenvainé el largo cuchillo que llevaba en la cintura, en la otra mano tenía
La linterna. Si se encandila a un rival, sea un hombre o una bestia, se puede
Tomar ventaja.

Lo que estaba en el monte llegó hasta el borde de los árboles, entonces, vi,
Entre las sombras, a dos ojos amarillos, y entre las ramas alcancé a distinguir
Una oreja que terminaba en punta. Los ojos estaban a una altura muy cercana
A los dos metros. No se por cuanto tiempo aquella criatura me quemó con
Su mirada, me pareció una eternidad. Como aquel ser no avanzaba, comencé
A retroceder lentamente, caminando hacia atrás. Cuando me aparté una distancia
Considerable, y ya no veía mas a los ojos, salí de la vía y entré al campo.

Ya estaba lejos cuando escuché un aullido aterrador, el sonido hizo eco y resonó
Por todo el campo, luego volvió a reinar el silencio.
Nunca viví una noche tan larga, parecía interminable. Al amanecer, después de
Caminar toda la noche, me encontraba completamente perdido.
Al final resultó que estaba muy lejos de la vía del tren, de la verdadera.

martes, 28 de junio de 2011

Robando una casa embrujada

Durante la madrugada, en una noche oscura, una silueta se deslizaba entre las
Sombras de una zona residencial. La silueta era Octavio, ladrón profesional, si
Puede llamarse profesión al arte de delinquir.
Sigilosamente llegó hasta su objetivo; una casa abandonada, de aspecto antiguo.
Con mucha pericia, ingresó a dicha casa por una ventana. Adentro todo era
Oscuridad y silencio. Encendió una linterna pequeña, estaba en un corredor, de
Piso de madera y techo alto. En las paredes había algunos retratos “Creo que
Encontré una mina de oro” pensó Octavio mientras descolgaba un retrató.

Octavio se sobresaltó cuando escuchó que alguien llamaba su atención:
- !Psss…¡, !psss¡, aquí - dijo una voz desde la oscuridad.
Tirado en el suelo, con parte de la espalda recostada contra la pared, había un
Hombre vestido de negro, con la cabeza cubierta por un pasamontañas.
El hombre levantó un brazo y señaló hacia un extremo del corredor, Octavio
Enfocó su linterna hacia allí. Por el corredor avanzaba una mujer de cuerpo grueso;
Tenía puesto un camisón antiguo, su cabellera estaba como electrizada, y, la
Expresión de su cara, la papada y las arrugas, le daban un aspecto similar al de
Un perro buldog.

Una de las cualidades de Octavio era que podía pensar rápido en situaciones
Apremiantes o de peligro. Supuso que el que lo advirtiera sobre la mujer de
Rostro horripilante y obvia naturaleza sobrenatural, era un colega, un ladrón, y
Que por su postura posiblemente estaba herido.
La aparición, o lo que fuera aquello, ya estaba a pocos pasos. Octavio intentó
Levantar al hombre - !Vamos¡ - le dijo, y lo tomó de un brazo.
El hombre que estaba en el suelo se desmoronó; solo era un montón de huesos.
Octavio alcanzó la ventana y saltó en el mismo momento en que la mujer le
Lanzaba un manotazo. Calló fuera de la casa y se alejó lo mas rápido que pudo.

lunes, 27 de junio de 2011

Zombies en el cementerio

Mientras cavaba, el viejo Andrade refunfuñaba y maldecía:
- Tengo que hacer remoción de huesos un día como hoy, con este tiempo de m…
El viejo clavó la pala en la tierra y miró hacia el cielo nublado. Las nubes tenían un
Tono verdoso, el aire estaba cargado de humedad, y soplaba una brisa por demás
Cálida, casi asfixiante.
- Quiero ver quien va a ocupar mi lugar el día que yo me muera…con el sueldo
Que pagan !sepulturero¡ - dijo el viejo Andrade y escupió el suelo, después siguió
Cavando.

Ese día el cementerio estaba mas desolado que nunca. La brisa se tornó viento y
Comenzó a desparramar las flores marchitas que morían dentro de jarrones
Agrietados por el tiempo.
Andrade, el sepulturero, cavó hasta el fondo de la tumba, con la pala tanteó algo
Duro, la tapa de un ataúd. Con el dorso de la mano se secó el sudor de la frente,
Esa era la última tumba del día.

Cuando abrió el ataúd se encontró con una sorpresa; suponía que encontraría un
Esqueleto, pero en el ataúd había un cuerpo relativamente bien conservado.
Era un hombre, estaba amortajado con un traje negro, todo roído. Mostraba
Cierto grado de descomposición, su piel estaba gris, y se le había caído casi
Todo el cabello, pero increíblemente aún conservaba sus ojos, aunque estaban
Completamente blancos.

Andrade estaba atónito, mientras pensaba se rascaba la cabeza. Afirmó la escalera
Que había bajado hasta la tumba y salió de allí. Miró a su alrededor “Me habré
Equivocado, esta tumba no es tan vieja, y si lo es, ¿cómo el difunto se conservó
Tan bien?” pensaba el sepulturero. La única forma de sacarse las dudas era
Consultar con el registro de entierro. Con ese fin caminó hasta la casilla del
Cementerio, donde guardaba esos papeles.
Estuvo revisando papeles hasta la noche, la tumba tenía varios años.

Súbitamente comenzó a llover de forma copiosa. La tormenta estalló en relámpagos y
Truenos, la lluvia caía de lado, impulsada por ráfagas de viento. El viejo recordó que
Había dejado el ataúd abierto, tomó una linterna y salió a la tormenta.
Cuando llegó hasta la tumba se llevó otra sorpresa, el ataúd estaba vacío.
El viento lo empujaba con fuerza, la lluvia era tan fuerte que apenas podía ver.
La luz de los relámpagos iluminaba las estatuas de los panteones, que parecían
Sonreír extrañamente. Abrumado por la tempestad y la tumba vacía, el viejo
Corrió hacia la casilla, trastabillando, lleno de terror.
Cuando entró a la casilla, no advirtió que en el interior había huellas enlodadas, y,
Que desde un rincón oscuro, lo observaban dos ojos blancos.

domingo, 26 de junio de 2011

El depósito embrujado

En un supermercado, por la noche, uno de los encargados inspeccionaba una
Estantería, subido en una escalera.
- Solo queda un juego de ollas, hay que ir al depósito y traer más - cuando los
Empleados que estaban allí escucharon eso se dispersaron rápidamente. A nadie
Le gustaba ir al depósito, y menos durante la noche.
Desde lo alto de la escalera, el encargado vio a Rodrigo. Estaba concentrado
Apilando latas de conserva, el encargado le llamó la atención:
- !Hey, Rodrigo¡. Necesito que vayas al depósito y traigas unas cajas con juegos
De ollas, como esta - el hombre le señaló la caja.

- Yo…estoy haciendo esto - murmuró Rodrigo.
- Después seguís con eso, ahora anda a traer las cajas.
Todos los que habían trabajado allí conocían las historias de fantasmas que se
Contaban sobre aquel depósito, una habitación en donde se almacenaba mercancía.
Los que entraban allí oían o experimentaban algo raro, cada uno contaba una
Historia diferente, todas espeluznantes, como para helar la sangre en las venas.

En el fondo del local, después de atravesar un corredor estrecho, Rodrigo se
Encontró frente a la puerta de la tan temida habitación.
El depósito estaba lleno de estanterías atiborradas de mercancía. En un rincón
Había cajas vacías y papeles amontonados en una pila que llegaba casi hasta el
Techo. Cuando dio sus primeros pasos en aquel lugar, escuchó algo similar a
Un suspiro, como un viento circulando por la habitación, la piel se le erizó.

Las estanterías repartían el lugar formando múltiples corredores. Rodrigo
Miraba continuamente sobre su hombro, mientras avanzaba cauteloso, como
Midiendo cada paso. Al encontrar lo que buscaba se apresuró a salir.
Ya estaba cerca de la puerta cuando escuchó un ruido, algo se movía en la
Pila de cajas vacías. Entre los cartones, vio una mano blanca y arrugada, tenía
Las uñas negras y muy largas, y, moviendo los dedos, le indicaba que se
Acercara.

Los juegos de ollas volaron por el aire. El encargado del mercado lo vio
Pasar corriendo - ¿Y lo que te pedí? - preguntó asombrado.
- !Vaya a traerlo usted¡ - gritó Rodrigo, ya cerca de la puerta de salida.

sábado, 25 de junio de 2011

La casa del camino

Por una senda de carreta que se perdía entre campos y soledad, avanzaba José, casi
Al final de la tarde. Caminaba evitando los charcos marrones por el lodo que
Abundaban en aquella senda. El camino zigzagueaba, subía, bajaba, y José seguía a
Paso firme, con las mejillas coloradas de frío y el viento que le daba de frente.
A su alrededor, el mismo paisaje, los campos solitarios, el lodo, solo a lo lejos se veía
Algún bosque o se recortaba la oscura línea de un monte.

Iba rumbo a una cosecha, aún no le alcanzaba el dinero para comprarse un caballo, y
El de su padre había muerto de viejo.
Con las últimas luces del día luchando contra la oscuridad creciente, divisó una casa.
Estaba a unos treinta metros del camino. Cuando llegó frente a la casa,
notó que estaba ruinosa, descuidada, estaba abandonada.

José se detuvo y recorrió con la vista los alrededores, no había otro lugar en donde
Refugiarse de la noche invernal que se agigantaba sobre el paisaje. Con algo de
Aprensión, traspasó el portón y llegó hasta la casa. Antes de ingresar al oscuro
Interior de la vivienda abandonada, sacó de su bolso una vela de cebo, y la encendió
En el umbral, la puerta estaba abierta.
Entró a una habitación bastante amplia, al final de esta había una puerta entreabierta.
José se acomodó en un rincón, cerca de la puerta de salida, colocó la vela en el
Suelo y se cubrió con su poncho.

Despertó en medio de la noche, al sentir que tironeaban de su poncho. A su lado
Estaba un niño pequeño, su cara estaba llena de protuberancias rojas, típicas de
La varicela, que en esa época era una enfermedad mortal. José aún no salía de
Su asombró cuando escuchó una voz de mujer:
- !Aléjese de mi hijo, el está bien, nos vamos a curar solos¡ - la mujer que gritaba
Estaba en el otro extremo de la habitación, y lucía peor que el niño; tenía el cabello
Todo revuelto, su cara estaba carcomida por heridas que supuraban y emanaban
Líquidos viscosos y amarillentos.

José salió disparado del interior de la casa, saltó el portón, y sin parar de correr
Se perdió en la noche.
La casa volvió aquedar en silencio. En una de sus habitaciones, sobre una cama,
Se desparramaban los huesos de una mujer y un niño pequeño.

viernes, 24 de junio de 2011

El bar embrujado

- ¡Ah¡, !es una cosa tras otra¡ ¿Qué le pasa a este bar, está embrujado? - dijo
Hernán, y apenas terminó de hablar escuchó el estruendo de algo que se rompía.
Una botella de whisky había caído desde lo alto de la estantería. Al ver los restos
De la botella Hernán hizo un gesto de enfado - Limpien eso antes de que
Alguien se corte con un vidrio…con la suerte que tenemos hoy… - le dijo al
Cantinero.

Esa noche era la reinauguración de aquel viejo bar, Hernán era su nuevo dueño.
Durante todo el día tuvieron problemas, se había roto una canilla que terminó
Inundando uno de los baños, había problemas con la calefacción, el lugar estaba
Frío, y había repentinas corrientes de aire, también se rompieron muchas copas.
Una de las camareras dijo que vio como una bandeja se deslizaba sola, claro que
Hernán no le creyó y la llamó de incompetente.

Durante la madrugada, cuando el bar ya había cerrado y los empleados se habían
Marchado; Hernán estaba en su oficina, calculando las ganancias del día.
Escuchó un ruido que lo hizo abandonar sus cálculos; se oía como si arrastraran
Una mesa. El salón estaba oscuro, intentó en vano encender las luces, el
Interruptor estaba como atascado. - Lo último que me falta es que me roben -
Susurró Hernán, y, agazapado, caminó hasta la parte de atrás de la barra, donde
Sabía que había un arma y una linterna, en el salón seguían los ruidos.

Envalentonado por el arma que sostenía, encendió la linterna y buscó a los intrusos.
Iluminó un cuadro que no esperaba; cuatro hombres estaban sentados alrededor
De una mesa, estaban jugando con cartas, como solían jugar antiguamente en aquel
Bar. Uno de los hombres estaba de espaldas, y los otros tenían la cara escondida
Por las cartas que sostenían en alto. Repentinamente, sacudieron la cabeza como
Si la luz los molestara, dejaron bruscamente las cartas sobre la mesa y voltearon
Hacia Hernán.

Sus caras eran una cosa blanca con tres hoyos negros, que correspondían a los
Ojos y la boca, aparte de eso no tenían rasgos, eran fantasmas.
Hernán corrió hasta su escritorio y permaneció encerrado allí hasta el amanecer.
Todo lo que había considerado mala suerte era la manifestación de que el bar
Estaba embrujado; las cosas que se rompían, el ambiente frío, la corriente de aire.

miércoles, 22 de junio de 2011

Historias de fantasmas

- No creo que aparezca, debe ser mentira - dijo Luciano.
- Quien sabe, igual vamos a esperar un rato, hasta la nochecita - dijo Gabriel.
Luciano y Gabriel eran hermanos, los dos muchachos estaban sentados en el pasto,
Miraban hacia una solitaria y ruinosa casa desde una prudente distancia, esperaban
Que de ella surgiera un fantasma.

El día anterior se habían encontrado con un muchacho, mientras transitaban por un
Camino de la zona. Los hermanos entablaron conversación con este, y
Entre otras cosas, su casual compañero de camino, les relató una historia de
Fantasmas; les dijo que en una casa que estaba cerca de allí, al anochecer, se podía
Ver el fantasma de una mujer rondando por el fondo de dicha casa.
Luciano y Gabriel eran nuevos en aquella zona, no conocían muy bien el lugar,
El muchacho les indicó donde quedaba la casa.

También les dijo que el fantasma no se alejaba mucho de la casa, y por lo tanto
Era seguro observarlo desde cierta distancia. Los hermanos tomaron el relato
Como un desafío a su valentía. Al otro día, al atardecer, los dos salieron rumbo
A la casa.
El sol, cercano al horizonte, se ocultaba tras unas nubes y las teñía de diversos tonos;
Algunas eran rosáceas, otras tendían al púrpura, y las nubes mas alejadas eran
Amarillentas. En el otro extremo del cielo asomaba la luna llena, pálida y redonda

Los muchachos no prestaban atención al firmamento y su espectáculo de colores,
Tenían la vista fija en la casa, ni el atardecer mas hermoso podía distraerlos.
Al anochecer, cuando la luna desparramaba su luz plateada por el campo, desde el
Interior de la casa abandonada, vieron surgir una estampa blanca. Podía distinguirse
Que era la figura de una mujer, caminaba como si pisara algo muy blando, o flotara.

Los hermanos, que ya estaban de pie, listos para una retirada, sintieron que el miedo
Que los invadía se volvía terror, el fantasma avanzaba rumbo a ellos.
Antes de darle la espalda y correr como locos, vieron que la aparición comenzó a volar,
A la vez que emitía un grito ronco.
Con el fantasma atrás de ellos, persiguiéndolos, gritando, volando por encima del
Campo, los muchachos corrieron como nunca, saltaron un par de alambrados y
Llegaron a un camino, cuando voltearon el fantasma ya no los perseguía.

Luciano y Gabriel, después de su aterrador encuentro con el fantasma, concluyeron
Inmediatamente que aquel muchacho que les narrara la historia sobre la aparición,
Los había engañado al decirles que el fantasma no se alejaba de la casa.
Con intención de tomar revancha, lo buscaron durante días pero no volvieron a verlo.
Ambos se extrañaron primero y luego se horrorizaron, cuando al intentar describir
los rasgos del muchacho a un hombre de la zona, se dieron cuenta que cada uno
Lo recordaba de forma diferente, incluso diferían en como estaba vestido.

martes, 21 de junio de 2011

En la oscuridad de un túnel

Robert buscaba fósiles en un ardiente desierto. Caminaba observando el terreno,
Cada tanto levantaba una roca y la examinaba con atención.
Arenas rojizas, arbustos achaparrados y espinosos, cactus, rocas, era todo lo que
Había en aquel desierto. El inhóspito paisaje se calcinaba bajo un sol impiadoso.
Esporádicamente veía algún lagarto pequeño, o alguna serpiente, pero a Robert no
Le interesaban los animales vivos, su pasión era la paleontología.

Cargaba una pesada mochila, se detenía cada cierto tiempo para orientarse, se
Secaba el sudor de la frente y seguía, siempre bajo la inclemente mirada del sol.
Una hondonada de forma circular le indicó donde estaba. Había llegado a una zona
Que hacía muchas décadas se había utilizado para pruebas militares. La hondonada
Que veía era el resultado de una explosión, a medida que fue avanzando siguió
Encontrando viejo hoyos provocados por las bombas.

Un sonido a viento, un silbido largo, parecido a un aullido, llegó a los oídos de
Robert, se acercaba una tormenta de arena. Comenzó a caminar mas rápido, debía
Encontrar un lugar donde guarecerse, las tormentas de arena son peligrosas.
Una nube compacta y oscura avanzaba al ras del suelo, era muy alta y aullaba con
Furia, el viento que impulsaba la arena levantaba dunas enteras.
La tormenta casi lo alcanzaba cuando vio una edificación cuadrada, parecida a una
Pequeña casa, era la entrada de un viejo búnker militar.

La puerta corrediza del búnker estaba toda oxidada, Robert tiró con fuerza, y poco
A poco la fue abriendo. Entró al búnker y cerró la puerta, afuera el paisaje ya estaba
Oscurecido, una nube de polvo bloqueaba al sol, el interior de aquel lugar estaba
Completamente oscuro. Encendió la linterna y vio que estaba sobre una plataforma
De acero, situada en lo alto de un túnel. Desde la plataforma descendía en espiral una
Escalera metálica, la luz de la linterna no alcanzaba a iluminar el final de la escalera.

La plataforma en donde estaba se sentía muy inestable, el oxido la corroía por todas
Partes, sus uniones estaban flojas y rechinaban a cada paso.
Arriesgarse en la tormenta de arena no era una opción, decidió bajar por las
Escaleras y esperar que pasara la tormenta en un lugar mas estable. El descenso le
Pareció interminable, bajó muchos metros por aquella escalera que rechinaba y
Temblaba como si en cualquier momento se fuera a derrumbar.
Cuando bajó el último escalón vio que estaba en otro túnel, que se extendía horizontal
Por una distancia indeterminada. Buscaba un lugar donde acomodarse cuando
Iluminó una pila de huesos humanos que se amontonaban en un rincón.

Inicialmente se asustó mucho, luego su curiosidad de científico pudo más y comenzó
A observar detenidamente la pila de huesos. Apartaba un fémur del montón cuando
Escuchó que unos pasos se le acercaban rápidamente por detrás. Al voltearse algo
Le golpeó la mano que sostenía la linterna, su única fuente de luz rodó por el suelo y
Se apagó. Robert quedó inmerso en aquella oscuridad absoluta, y no estaba solo.
Sintió que una mano fría y pegajosa lo tomaba del brazo y lo tironeaba.
Robert comenzó a defenderse, en medio de la lucha, tanteó la cabeza de su agresor,
No tenía pelos y estaba cubierto por una sustancia viscosa.

Seguía forcejeando con aquel ser, en la oscuridad, cuando ambos chocaron con
Algo metálico, era la escalera. Robert comenzó a subir la escalera apoyado en sus
Manos y pies, el ser que lo había atacado intentó detenerlo, aferrándose de su
Mochila. Nuevamente forcejearon, Robert escuchó que algo se rompió y sintió
Que ya no lo aferraban. Subió las escaleras lo mas rápido que pudo, tanteando
Los escalones y trepando como un animal.
Cuando salió del búnker la tormenta de arena había disminuido. Corrió desesperado
Hasta que calló rendido. Al quitarse la mochila, vio que aferrado a esta había un
Brazo humano. El miembro estaba podrido y pegajoso, era el brazo de su atacante.

lunes, 20 de junio de 2011

Jugando cerca del cementerio

Lo prohibido, suele convertirse en algo irresistible para las mentes inquietas, que
Desafían la autoridad. Siguiendo ese impulso, un grupo de niños traviesos se
Reunió en una arboleda, en un pequeño bosque, donde sus padres le habían
Prohibido ingresar. Dicho bosque estaba muy próximo al cementerio del pueblo.
Llegaba el fin de la tarde cuando continuaban jugando en el bosque; trepando
Árboles, corriendo, jugando a las escondidas, persiguiéndose entre si.

En el cementerio, las sombras de las lápidas se hacían larguísimas, y algunos
Panteones altos estiraron su sombra hasta alcanzar el bosque donde estaban los niños.
La luz difusa del atardecer y un viento repentino que comenzó a sacudir a los árboles,
Hicieron que decidieran marcharse.
Ya abandonaban el bosque cuando notaron que uno de ellos quedaba atrás.
- !Vamos, está quedando oscuro¡ - gritó uno de los niños. El niño que se quedó
Ya era solo una figura, una silueta irreconocible debido a las sombras que lo
Rodeaban.

Los niños se miraron entre si, el grupo estaba completo, el que permanecía entre
Las sombras era un desconocido. De repente, la silueta comenzó a deslizarse
Hacia el cementerio, no daba pasos, solo se deslizaba. Todo el grupo se echó a
Correr mientras gritaban.
Ellos no eran los únicos que se sentían atraídos por los lugares prohibidos.
Después de jugar entre los niños, el fantasma regresó a su panteón.

La ambulancia embrujada

Walter estaba en su taller mecánico, inclinado sobre el motor de un auto, cuando
Vio que alguien ingresaba al taller, era Oscar, un viejo conocido y cliente regular.
- !Oscar¡, ¿cómo andás, me trajiste alguna carcacha ? - dijo Walter mientras tomaba
Un trapo para limpiarse las manos.
- Bien, gracias. Esta vez no es ninguna carcacha, es tremendo vehículo - dijo Oscar y
Le tendió la mano.

Los dos hombres salieron afuera. Enganchada a un remolque, había una vieja
Ambulancia. Walter lanzó una estrepitosa carcajada a la vez que se inclinaba y
Apoyaba las manos en las rodillas - Supongo que no eran muchos los interesados
En comprarla, !una ambulancia¡ - dijo Walter entre risas.
- Manejando esta siempre voy a tener preferencia, prendo la sirena y todos se abren -
Bromeó Oscar, que también reía, luego de una pausa continuó:
- Para usarla tengo que modificarla, pintarla de otro color, sacarle la sirena, y otros
Arreglos más, ahora quiero que le arregles el motor, eso es lo primero -

Los dos estuvieron un buen rato observando el vehículo, luego lo ingresaron al taller.
Ya era noche cuando comenzó a trabajar en la ambulancia. Mientras observaba
El motor, escuchó un ruido, que venía del interior de la ambulancia. Trató de ver hacia
Al interior desde una de las ventanillas, pero dentro del vehículo estaba muy oscuro.
Se sirvió de una linterna para iluminar el interior de la vieja ambulancia.
El foco de la luz fue rebelando de a poco lo que había dentro. El pulso de Walter se
Aceleró rápidamente, al ver una camilla, y sobre ella un cuerpo cubierto por una
Sábana llena de manchas amarillentas y rojas.

Las rodillas le temblaban y no pudo apartar su cara de la ventanilla. El cuerpo se
Incorporó lentamente y la sábana que lo cubría se deslizó, dejando ver el rostro
Aplanado de una mujer. La aparición volteó hacia Walter, tenía la boca torcida
Hacia un lado, su labio inferior colgaba mostrando algunos dientes, en general
Su cara parecía aplastada, la nariz estaba hundida, se veía como un hueco arrugado.

Cuando Walter pudo apartar su mirada, se alejó de la ambulancia lentamente, con
Las piernas a punto de fallarle debido al temblor que estremecía su cuerpo.
La aparición se asomó en la ventanilla y lo siguió con la mirada hasta que salió
Del taller.
Al otro día Walter le compró la ambulancia a Oscar, y el mismo la remolcó hasta
Un depósito de chatarra para que la destruyeran.

domingo, 19 de junio de 2011

El intruso invisible

Rodolfo estaba sentado en su living, tomando una taza de té y leyendo el diario.
Fuera de la casa la noche estaba silenciosa, muda, como cargada de expectación.
Cerca de sus pies, sobre un tapete, dormitaba Rufo, su viejo perro.
El perro despertó y levantó su cabeza apuntando hacia una puerta que daba a un patio
Interior, luego se puso firme sobre sus patas y gruñó.
´
Rodolfo dejó el diario y la taza de té sobre la mesa - ¿Qué pasa Rufo, oíste algo?- el
Perro miro a su amo y nuevamente apuntó hacia la puerta, lanzando un nuebo gruñido.
Rodolfo, que era un anciano, se deslizó sobre sus pantuflas y llegó hasta la puerta;
Cuando la abrió, el perro se abalanzó como si en el umbral hubiera un intruso.
Rodolfo se sorprendió al ver como su viejo perro se batía contra algo invisible.

El animal, furioso, arremetía y lanzaba dentelladas al aire, eso es lo que veía Rodolfo,
Su perro veía a la muerte, que encapotada en una mortaja negra, extendía su brazo
Huesudo hacia su amo.
Rodolfo sintió un dolor agudo en su pecho, la mano de la muerte estaba sobre su
Corazón. El anciano se tambaleó unos pasos y se derrumbó en el piso. La muerte se
Alejó lentamente hasta desaparecer en la noche.
Rufo, al lado de su amo muerto, lanzó un largo aullido que se extendió por la
Noche silenciosa.

La nueva casa del pueblo

Una noche, soñé que caminaba por la calle principal de mi viejo pueblo.
La calle estaba iluminada y se veía perfectamente las casas que la bordeaban, pero
Todo lo demás estaba oscuro, como si fuera de noche. En el cielo cruzaban
Velozmente unas nubes blancas. Desde unas calles transversales, oscuras como
Túneles, o abismos, vi aparecer un grupo de personas, que caminaban juntas.

Las personas llegaron a la calle iluminada y doblaron en la misma dirección en
Que yo caminaba. Seguí avanzando, acompañado por aquella pequeña multitud.
Reconocí barios rostros, eran habitantes de aquel pueblo, cuando yo vivía en el,
Otros eran desconocidos.
Todos marchaban en silencio, algunos estaban pálidos, otros tenían el rostro
Amarillento. Al observarlos con mas cuidado, el sueño se volvió pesadilla.

Todos parecían estar muertos, tenían la cara inexpresiva, incluso algunos caminaban
Con los ojos cerrados, otros tenían la mirada opaca, nublada.
Quise correr pero no podía. Seguí andando junto con aquella procesión de muertos,
Hasta que llegamos frente a una gran casa que no reconocí. Cuando vivía en el
Pueblo en aquel lugar había un terreno baldío.

Repentinamente se abrió la puerta de la casa desconocida, y los muertos comenzaron
A ingresar en ella. En el interior de aquella casa había una oscuridad insondable,
Las personas entraban e iban desapareciendo en aquella oscuridad. Yo quedé en
La calle, cuando la última persona muerta pasó por el umbral la puerta se cerró, y
En ese momento desperté.

Un tiempo después, tuve la suerte de regresar a mi viejo pueblo natal. Conversando
Con mis familiares, me enteré que las personas que vi en mi sueño, las que
Reconocí, estaban efectivamente muertas. Cuando salí a recorrer el pueblo, quedé
Paralizado al distinguir la casa que vi en aquel sueño, era la misma casa. Estaba donde
Antes había un terreno baldío, y resultó que era una empresa funeraria.

jueves, 16 de junio de 2011

El compañero de celda

Dos guardias lo llevaron hasta la celda, lo hicieron entrar de un empujón y cerraron
La pesada puerta. Fabián estaba preso en aquella celda de dos por tres metros por
Un delito menor, era su primer día en la cárcel.
Estaba confinado en aquella diminuta habitación, húmeda, fría, maloliente, pero a
Fabián no le pareció tan mala, por lo menos estaba solo, un mal compañero de celda
Puede ser mucho peor.

Cuando se hizo de noche apagaron las luces. Fabián se acostó en la incomoda cama.
La puerta tenía una ventana pequeña por donde entraba luz desde el corredor, lo que
Evitaba que la celda estuviera en completa oscuridad.
Los ruidos de la cárcel lo mantenían despierto, cada tanto algún prisionero gritaba, o
Golpeaba la puerta de su encierro. Era un lugar malo y aterrador, aquellas paredes
Guardaban mucha ira, mucha frustración, y no eran pocos los hombres que habían
Muerto allí.

Desvelado, miraba la penumbra que lo envolvía, cuando notó un movimiento en un
Rincón. En una esquina, en la pared en donde estaba la puerta, se distinguía apenas
La figura oscurecida de un hombre, sentado en el suelo, mirando hacia Fabián.
Un terror atroz se acumuló en el pecho de Fabián, y el corazón le palpitó con fuerza.
Al fijar toda su atención en aquella figura que había surgido de la nada, advirtió que
En su cara se formaba una sonrisa fiera, un gesto de enfado, y sus ojos parecían
Avivarse como brazas, y brillaban en la oscuridad.

La fantasmagórica figura desapareció varias veces, como si se desvaneciera, luego
Surgía de la oscuridad, y volvían a brillar sus ojos encendidos.
Las semanas que estuvo encerrado fueron un calvario para Fabián; las cárceles son
Lugares espantosos, sobre todo si se tiene un mal compañero de celda.

Los títeres

En el día del niño escolar, cuando yo iba al jardín y tenía cinco años, hubo en mi
Clase un espectáculo de títeres. El titiritero era un viejo, no se como se llamaba,
Armó su pequeño escenario y comenzó la función.
Los títeres eran pequeños, de esos que son como un guante, el viejo imitaba diferentes
Voces y movía los títeres con mucha gracia.

Toda la clase se estaba divirtiendo, recuerdo que nos reíamos a mas no poder.
Vi que la maestra salió de la clase, creo que a fumar. Cuando oímos una tos, y luego
Los títeres desaparecieron detrás del pequeño escenario, quedamos expectantes.
El viejo, al cual no veíamos pues estaba oculto tras la mampara que el había armado,
Tosió varias veces y luego quedó en silencio.

Recuerdo que nos mirábamos desconcertados, no sabíamos lo que pasaba.
Aparecieron de nuevo los títeres. Desde ese momento sucedió algo extraño, los dos
Títeres comenzaron a mirarnos, giraban su cabeza y se hablaban entre ellos,
con palabras que no comprendíamos, murmuraban algo y volvían a mirarnos.
Yo estaba en la primera fila, tengo claro el recuerdo de oírlos hablar al mismo tiempo.

Una de las niñas de la clase comenzó a llorar, y la siguieron otros. Cuando la maestra
Irrumpió en el salón los títeres se ocultaron.
Cuando la maestra se asomó por encima de la mampara, supongo que para decirle
Al hombre que no siguiera con su acto, aparentemente se apoyó demasiado en el
Precario escenario y este se derrumbó, y el titiritero, que estaba sentado en una silla,
Calló hacia adelante, tenía la boca parcialmente abierta y la cara muy tiesa.

El viejo había muerto del corazón, mientras realizaba su acto, y estoy seguro que
Fue antes de que los títeres comenzaran a mirarnos y hablar entre ellos de forma extraña.

miércoles, 15 de junio de 2011

Zona de zombies

En una zona exclusiva de una ciudad, vivían personas adineradas, pero los muros y
Rejas que resguardaban esa zona, no los salvó de consecutivas crecientes. Las aguas
De una inundación cobraron muchas víctimas en ese lugar, y las casas permanecieron
Mucho tiempo bajo agua. Aquella parte de la ciudad terminó siendo abandonada, y
Detrás de sus muros crecieron la decadencia, el abandono, las ruinas, la desolación.

Una noche, en una callejuela, Andrés revisaba una cartera que había arrebatado.
- !Alto ahí, policía¡ - gritó una voz. Andrés comenzó a correr a toda prisa, detrás de
El corrían dos policías. Como era muy rápido les sacó buena ventaja. Divisó el muro
Donde comenzaba la zona abandonada. El ruido de una patrulla se aproximaba por
Otra calle, Andrés pensó rápido y decidió trepar el muro.

El muro era alto pero su revoque tenía numerosas hendiduras, y por estas trepó
Andrés. Al saltar hacia el otro lado calló mal y se torció un tobillo.
La mayoría de las casas estaban en ruinas, la humedad derrumbaba sus paredes,
La naturaleza se había adueñado del lugar, las malezas y los pastos crecían por
Todos lados, agrietando las calles, y levantando las baldosas de las veredas.
Aquel ambiente húmedo emanaba una bruma persistente, las sombras se apilaban
Sobre las ruinas, y un olor nauseabundo infestaba todo el lugar.

Andrés, cojeando, con su tobillo adolorido, terminó de atravesar un terreno enredado
De malezas, que antes fuera un hermoso jardín, y salió a una calle agrietada, llena
De todo tipo de basura. Con su tobillo hinchado no podía trepar el muro, debía
Encontrar otra salida.
A medida que avanzaba, comenzó a escuchar ruidos que venían del interior de las
Casas. Se oían golpes, como si alguien se tropezara, seguidos por gemidos.
Del interior de las casas, surgieron unas figuras delgadas, apenas reconocibles
Como humanas, algunas se tambaleaban otras se arrastraban, pero todos aquellos
Seres decrépitos se dirigían hacia Andrés.

Trató de correr pero su tobillo se lo impedía. Aquellos seres cada vez eran más,
Aumentaban los gemidos, venían de todas partes, salían de los umbrales y se
Apuraban en alcanzar a Andrés. De a poco le fueron cerrando el paso, hasta
Rodearlo completamente, y en un frenesí alimenticio, como una jauría de lobos,
Despedazaron al pobre Andrés, que gritó hasta último momento, cuando sus
Miembros eran desprendidos.

Los policías que lo perseguían detuvieron la persecución, pensaron que se había
Escapado - A este no lo agarramos mas - dijo uno de los agentes.

martes, 14 de junio de 2011

La casa del escritor

Durante el día, Franco recorrió varias veces su casa de punta a punta. Entraba a las
Habitaciones, daba unas vueltas y volvía a caminar por el corredor.
Había comprado aquella casa para escribir tranquilo, sin distracciones. Estaba
En el campo, muy lejos de los ruidos de la ciudad, Franco necesitaba inspiración, era
Escritor de cuentos de terror, y creyó que el ambiente lúgubre de aquel lugar le
Vendría bien.

El día estaba por terminar y aún no se le ocurría ni una idea. Franco se paró frente
A una de las tantas ventanas que tenía la inmensa casa; afuera, en las inmediaciones,
Se veía un campo amarillento, mas allá un bosque gris, y por encima de el un cielo
Nublado, cubierto por nubes que se juntaban de forma desordenada. Contra aquel
Paisaje arremetía un viento feroz, que cruzaba silbando por las esquinas y el techo
De la edificación, y las viejas paredes parecían rezongar, y se escuchaban crujidos.

Aquella vista tan desolada que se iba oscureciendo, le inspiró una idea, un
Cuento comenzaba a formarse en su mente.
Encendió la chimenea de la habitación que había elegido como su oficina, prendió
Algunas velas y las ubicó encima de su escritorio, aún no le instalaban la luz
Eléctrica. Se sentó frente a su vieja máquina de escribir y le acomodó una hoja.

Afuera ya era todo noche, el viento seguía enfurecido, el fuego de la chimenea
Chisporroteaba y parecía respirar, las variaciones de las llamas jugaban con las
Sombras, moviéndolas de un lado al otro.
El escritor comenzó a trabajar. El tiempo pasaba en un reloj de péndulo que
Oscilaba en una pared, las hojas se fueron amontonando, el cuento crecía.

Sintió que tenía la vista cansada, apartó las manos del teclado y se las llevó a la
Cara. Permaneció así por un momento, descansando la vista. Cuando iba a retomar
Su trabajo, escuchó una serie de ruidos aterradores que venían desde diferentes
Puntos de la casa. Se escuchaban llantos, gritos que sonaban como mugidos, y
Una mezcla de gruñidos, como si se pelearan dos perros. Luego se escuchó el
Estrépito de puertas que se habrían violentamente, y seguidamente los pasos
Desparejos de una multitud que avanzaba por el corredor, rumbo a la oficina
De Franco.

El escritor tomó las hojas en donde estaba escrito el cuento y corrió hacia la
Chimenea, los pasos ya sonaban cerca de la puerta. Arrojó las hojas al fuego y
Estas se consumieron con rapidez, en ese instante dejaron de sonar los pasos.
Franco se marchó a la mañana. Siguió escribiendo sus relatos en la ciudad, donde
Es mas difícil concentrarse pero es mas seguro escribir, sin que tus cuentos
Cobren vida.

lunes, 13 de junio de 2011

El problema de Daniel

Daniel estaba sentado junto a su madre, en una sala de espera, aguardando que les
Llegara su turno para consultar con un doctor.
Daniel tenía cuatro años, la espera ya lo estaba aburriendo. Comenzó a mirar a las
Personas que estaban sentadas en el otro extremo de la habitación. Había una señora
De avanzada edad que buscaba algo en una abultada cartera. A su lado estaba un
Hombre que se restregaba las manos continuamente, como nervioso.

En aquella sala de espera había otras personas, pero Daniel no les prestó atención.
La sala tenía barias puertas, cada tanto se habrían y salía una enfermera, que
Sosteniendo un papel en la mano decía un nombre en voz alta, seguidamente alguien
Se levantaba, después desaparecía detrás de la puerta junto con la enfermera.

Cuando Daniel miraba hacia una ventana que había a su derecha, vio como se
Asomaba repentinamente la cabeza de una niña pequeña. La niña lo miró y
Le sacó la lengua, Daniel hizo lo mismo. Después la cabeza de la niña comenzó
A hacer morisquetas, contorsionando horriblemente la cara. Daniel se asustó y
Se aferró del brazo de su madre.
- ¿Que te pasa, que estás mirando? - le preguntó su madre.
- Ahí afuera, en la ventana, hay una niña fea haciendo caras - le respondió Daniel.

Su madre lo alzó en sus brazos y lo arrimó al vidrio de la ventana, para que pudiera
Ver hacia abajo, estaban en un cuarto piso. Afuera ya estaba oscuro, en la calle, allá
Abajo, se veía las luces de los autos.
- Viste lo alto que estamos, la gente no puede asomarse en esta ventana - dijo la
Madre de Daniel. Regresó a la silla en donde estaba y sentó a Daniel en su regazo,
De espaldas a la ventana.

Aquel hombre que estaba frente a Daniel, el que se restregaba las manos de forma
Nerviosa, había escuchado lo que el niño había dicho y le pareció algo curioso.
Al mirar hacia la ventana, se llevó la sorpresa de ver también a la cabeza de la niña,
Que ahora lo miraba a el. La niña arrugaba y hundía el rostro como si fuera un
Balón desinflado. El hombre se levantó y retrocedió hasta la puerta de salida, sin
Dejar de mirar hacia la ventana en donde se asomaba aquella aparición.

Cuando le llegó su turno, Daniel ingresó al consultorio del psicólogo acompañado
De su madre, la cual después de presentarse, le explicó al doctor que su hijo
Sufría de alucinaciones.

Noches de luna llena

En un establecimiento rural muy apartado, durante una noche de luna llena,
Se escuchó una gran conmoción; los animales encerrados en los corrales estaban
Asustados, y los perros ladraban y gruñían.
Agustín era el único peón que estaba allí esa noche. Se levantó alarmado al escuchar
Aquel alboroto, y salió de su casa con una escopeta entre las manos.

La luna llena brillaba en lo alto del firmamento, Agustín caminó rumbo a los corrales.
Al cruzar cerca de un galpón, vio a Batoví caminando lentamente hacia el.
Lo distinguió por su enorme cuerpo, Batoví era el perro mas grande del establecimiento.
Los demás perros ladraban desde lejos, apartados de las casas y los galpones,
Algo los asustaba, pero no a Batoví.
- Muy bien, que buen perro, !vamos¡ - dijo Agustín y palmeó la enorme cabeza del
Perro, después siguió avanzando rumbo a los corrales, sintiéndose mas seguro al
Estar acompañado de aquel perrazo.

Cuando llegó al corral de las ovejas, estas parecieron asustarse más. Las ovejas
Se apretujaron en el otro extremo del corral. Agustín miró a su alrededor, los
Animales parecían tenerle miedo a el. Entre el valido ensordecedor del rebaño,
Escuchó el ladrido de los perros, que aún se mantenían alejados, y al mirar
Hacia ellos, notó que ladraban en su dirección.

Extrañado, Agustín reflexionó por un instante, y se dio cuenta que los animales
No le temían a el, era Batoví el que los asustaba. Giró hacia el perro y vio que
Su cara tenía algo extraño. Lo que fuera que estaba a su lado no era Batoví,
Era algo que se le parecía pero tenía diferencias, no era un perro, era un
Hombre lobo.
Agustín quedó paralizado ante aquellos ojos que lo miraban con furia. Solo pudo
Apretar el gatillo de la escopeta, y aunque no le estaba apuntando, el estampido
Hizo huir a la bestia, que alcanzó rápidamente una hondonada y se perdió de vista.
Agustín sintió un profundo terror mezclado con repugnancia, pues le había palmeado
La cabeza a un hombre lobo.

Al otro día encontró el cadáver de Batoví. El hombre lobo, aún con forma humana,
Se había revolcado en los restos del perro, adoptando luego la forma del animal.

domingo, 12 de junio de 2011

El demonio del insomnio

Antonio estaba en su casa, sentado en un sofá, cabeceando de sueño, tratando de
No dormirse. En su cara se marcaban unas ojeras oscuras, y sus ojos estaban rojos
Por dormir poco, también estaba delgado y débil.
Antonio quería dormir, pero cada vez que lo hacía algo lo despertaba. Las manos de
Un ser desconocido lo sacudían bruscamente hasta despertarlo. Ya despierto, podía
Sentir unos dedos helados sobre sus hombros, o tomándolo de un pie, pero al abrir los
Ojos descubría que estaba solo, y dejaba de sentir el agarre de aquellas manos.

Antonio temía dormirse y volver a sentir como esa cosa, lo que fuera, lo aferraba
Con fuerza y lo sacudía. Se imaginaba que tipo de criatura podía ser; sería un
Fantasma, un demonio, ¿Qué aspecto tendría? Seguramente era algo repulsivo.
Ya hacía dos semanas que era atormentado por esa criatura que no podía ver, por
Ese ser que no lo dejaba dormir, y que poco a poco lo estaba matando.

Seguía sentado en su sofá, con sus ojos enrojecidos bien abiertos. Escuchó un
Rumor en el techo, había comenzado a llover. La noche estaba muy avanzada,
Los pocos sonidos que llegaban de la ciudad fueron diluidos por el rumor
Monótono de la lluvia.
Se durmió oyendo aquel sonido tranquilizador, y comenzó a soñar con una pradera
Luminosa y verde. En el sueño, caminó hasta un arroyuelo cristalino que corría
Alegre entre aquella pradera de ensueño.

Se despertó al sentir como unos dedos se paseaban por su cabello. Antonio se
Esforzó en no abrir los ojos, aunque sintió como una mano se deslizaba hasta
Su hombro y luego comenzaba a sacudirlo. Antonio comprendió repentinamente
Que aquella cosa solo podía hacerle mal manteniéndolo despierto. Apretó los
Ojos para no abrirlos y trató de dormirse nuevamente, pensando en aquella
Pradera y el arroyo cristalino.
Cuando consiguió dormirse nuevamente sintió una gran paz, había vencido
Al demonio del insomnio.

viernes, 10 de junio de 2011

Una historia de terror

Un búho entonaba su inquietante canto desde la copa de un árbol situado en la
Rivera. El río intentaba arrastrar en su corriente al reflejo ondulante de la luna.
Una brisa fresca venía desde el campo y atravesaba el bosque que llegaba hasta
La rivera del río, y al cruzar entre aquellos árboles añosos, producía un sonido
Similar a un suspiro.

En aquel paisaje nocturno, a unos metros de la orilla del río, en el borde del bosque,
Descansaban tres cazadores de jabalíes y sus perros. Los tres hombres rodeaban una
Fogata, los ocho perros que formaban la jauría dormitaban alrededor de ellos.
- Ese búho no para de cantar, bicho mal agüero - protestó uno de los hombres.
- No tenés miedo a los jabalíes pero te asusta un búho, jaja…- dijo uno de los
Integrantes del pequeño grupo y le palmeó el hombro a su compañero.

Uno de los hombres, que había estado callado hasta ese momento, y atizaba el
Fogón con una rama, miró a sus compañeros y les dijo:
- Hasta el ser mas inocente, que no represente un peligro, te puede dar tremendo
Susto, mas bien te puede aterrorizar - el hombre hizo una pequeña pausa para tomar
Un sorbo de café, los otros lo escuchaban atentamente. Dejó el jarro en el suelo y
Continuó.

- Una vez, estaba pescando con mi cuñado, ustedes lo conocen - sus compañeros
Asintieron con la cabeza para no interrumpirlo - La noche era clara, como esta,
Estábamos en la horilla de una laguna, de repente escuchamos un ruido, un
Chapoteo en el agua, en la orilla. El reflector que teníamos estaba a mi lado,
Iluminé hacia donde parecía venir el ruido - el narrador volvió a tomar otro
Sorbo de café. El búho seguía cantando, las llamas del fogón comenzaban ha
Menguar. Tras esa nueva pausa el narrador continuó:

- Cuando iluminé la orilla, vimos a una viejita saliendo del agua. Era muy bajita,
Como si fuera enana, tenía la cara mas arrugada que he visto, y se reía, con
Una voz ronca, como la de un hombre - apenas el narrador terminó su historia, se
Escuchó un chapoteo en el agua, en la orilla.
Los tres se levantaron rápidamente, uno de ellos alcanzó a lanzar un
Grito. Por un instante, los tres quedaron con la vista fija en la orilla, expectantes
Pero se calmaron al ver que era uno de sus perros, que se había arrimado al río
A beber. Los tres compañeros se echaron a reír, especialmente el que acababa
De inventar aquella historia.

jueves, 9 de junio de 2011

Una noche en el hospital

En un hospital, durante la noche, la enfermera Alejandra se encontraba agotada por
Una jornada que no le había dado respiro. Alejandra se acercó a una de sus
Compañeras y le dijo en voz baja:
- Tengo que descansar un ratito, no doy más, ¿me harías el favor de llamarme dentro
De un rato? - Alejandra tenía cara de cansada, su compañera se apiadó.

- Claro que si, hoy por ti mañana por mi, te llamó dentro de veinte minutos ¿te parece
Bien? - dijo su compañera mirando su reloj.
- Claro, con eso me da bien, después sigo fresca como una lechuga - dijo Alejandra y
Abrió la boca en un amplio bostezo.
Caminó por un corredor largo hasta llegar frente a la puerta de una habitación, que
Las enfermeras utilizaban secretamente para dormir cortas siestas.

Antes de abrir la puerta se cercioró de que ningún doctor la viera, mirando hacia
Ambos lados del corredor. La habitación era pequeña, tenía algunas mesas metálicas,
De esas tan comunes en los hospitales, también habían cajas, mantas, y
Algo nuevo, que normalmente no estaba, una camilla, de las que utilizan para
Transportar a los muertos. Alejandra no le dio importancia, solo era una vieja camilla.

Entre unas cajas escondían una reposera, una silla de playa, que les servía para
Descansar. Se acomodó en la reposera y estiró el brazo hasta la llave de la luz.
Al apagar la luz la habitación quedó completamente oscura, los ruidos del hospital
Llegaban apagados, como muy lejanos. Estaba por dormirse cuando un sonido la
Alertó; era un sonido muy familiar. En aquella oscuridad no lograba distinguir
Las formas que la rodeaban, pero aquel ruido le indicaba que había alguien o algo
Acostado en la camilla, y se estaba moviendo.

Escuchó otro ruido; inmediatamente lo asoció al sonido de dos pies descalzos
Bajándose de la camilla. En aquella oscuridad, Alejandra escuchó como aquellos
Pies descalzos avanzaban lentamente hacia ella. Estiró el brazo y alcanzó la llave
De la luz, en el mismo momento en que sentía que una mano se posaba pesadamente
Sobre su cabeza.
Cuando el lugar se iluminó estaba sola, la camilla estaba vacía.
Alejandra salió de aquella habitación con la cara horriblemente pálida, por el susto.
En el corredor se cruzó con un doctor, al verla tan mal le dijo:
- Alejandra, parece exhausta, tómese un descanso, se la ve peor que los pacientes.

miércoles, 8 de junio de 2011

Un viaje soñado

Apenas bajamos del ómnibus escuchamos el barullo de niños que jugaban en
Un amplio patio, que formaba parte del extenso terreno de una iglesia.
En esa época yo era un niño, era parte de un grupo de la capilla de mi barrio,
Habíamos viajado a un encuentro de niños y preadolescentes que se realizaba en
Aquella iglesia.

Durante la tarde, en aquel patio amplio, hubo juegos, presentaciones, rutinas,
Diversas actividades muy alegres y divertidas, pero recuerdo con claridad que mi
Atención se desviaba continuamente hacia unas edificaciones grises, de ventanas
Con vidrios escarchados, donde íbamos a pasar la noche.
No lograba entender la razón, pero aquel lugar me inspiraba terror. En ese momento
No me atreví a comentarlo porque aquel edificio estaba dentro del terreno de la
Iglesia, y pertenecía a la misma comunidad.

Cuando llegó la noche ingresamos a dicho edificio. Por dentro era mucho más lúgubre
De lo que me había imaginado. Tenía una conformación laberíntica, estaba lleno de
Angostos pasillos, de techo bajo y paredes blancas, y el aire parecía impregnado con
El olor que persiste al apagar una vela.

- Ustedes van a dormir aquí, no se olviden que la jornada comienza temprano - dijo
Un señor que oficiaba de animador al abrir la puerta de una habitación con tres
Camas. La noche seguía avanzando y yo sin dormir, con los ojos bien abiertos,
Mis compañeros de habitación roncaban. Repentinamente sentí ganas de ir al baño.
Las habitaciones no tenían baño, salí al pasillo y algo asustado caminé por aquellos
Silenciosos pasillos, hasta que di con la puerta del baño de varones.

Cuando regresaba a la habitación, me equivoqué al doblar en un pasillo, y salí en
Otra ala del edificio. Cuando me di cuenta de mi error me volví. Aún estaba en
El pasillo desconocido cuando al cruzar frente a una puerta esta se abrió
Violentamente, y en el interior de aquella habitación vi a un ser infernal, a un
Demonio, a una criatura horrible, su cabeza era parecida a la de una cabra pero
Su piel era de color rojo brillante, y vestía los hábitos de una monja.

Cuando aquel ser dio un paso hacia mi me desperté. Todo fue una pesadilla,
Desperté en mi cama, en mi hogar, incluso el viaje fue parte de un sueño.

martes, 7 de junio de 2011

El nacimiento de un zombie

Un grupo de sombras se internó en la quietud del cementerio. Era una noche clara
De luna. Una niebla espectral, baja, luminosa, como un gran fuego fatuo, recorría
El campo santo y se hacía mas densa en las partes bajas.
Inmersos en aquella niebla tan particular, avanzaban cinco hombres, abriéndose
Paso entre tumbas y panteones.

Uno de los hombres estaba muerto, y era cargado por los otros. ¿Ay mejor lugar
Para ocultar un muerto que un cementerio? A los que cargaban al difunto no
Se les ocurrió lugar mejor.
Se detuvieron frente a una tumba reciente. Seguramente durante el día habían
Enterrado a alguien allí, la tierra estaba fresca, como recién removida.

- Bájenlo, lo vamos a enterrar aquí - dijo uno de los hombres. Como eran
Profesionales, tuvieron el cuidado de llevar sus propias palas. La luna los miraba
Desde el cielo, la niebla, como asqueada por aquel acto, se apartó de los hombres
Que cavaban. Después de realizado su macabro trabajo se marcharon. El hombre
Al que habían matado, quedó en la negra y fría tumba, compartiendo el ataúd con
Una anciana muerta.

Un ser de la noche, un espíritu maligno que deambulaba en el cementerio, encontró
En aquel hombre enterrado sin bendiciones, un cuerpo donde materializarse.
Aquel cuerpo inerte cobró vida; rompió el ataúd, y ascendió por la tierra recién
Escarbada convertido en zombie.

Otro tipo de exterminador

Después de mucho girar por la ciudad, Oscar encontró la dirección que buscaba.
La familia que ocupaba la casa estaba a punto de marcharse, cargaban un vehículo
Que ya estaba abarrotado de cosas, parecían tener prisa en abandonar la casa.
- !Ah, por suerte que llegó, ya nos estábamos por largar de aquí¡ - exclamó un
Hombre, al ver a Oscar bajar de la camioneta de la empresa exterminadora de plagas.

El hombre que dijo aquellas palabras se acercó a Oscar y le estrechó la mano.
- Soy Gonzalo, el dueño de la casa -
- Oscar, trabajo para en la empresa que usted contrató -
Un par de niños ayudaban como podían a cargar las cosas, toda la familia quería
Marcharse de allí.
- Por lo que me dijo la muchacha que atiende el teléfono, la que habló con usted -
Dijo Oscar y continuó - Usted no especificó que plaga es la que invadió su casa -
- Es que no estoy seguro, es en el sótano, hacen tremendo ruido, supongo que
Son ratas, o zarigüeyas…no se, algo hace ruido, principalmente de noche - dijo
Gonzalo.

La empresa exterminadora en donde trabajaba Oscar era muy conocida, por eso
La familia le confió la llave de la casa y se marcharon.
Entró a la vivienda y buscó el sótano. Antes de llegar a la puerta del sótano
Comenzó a escuchar los ruidos que de allí venían. No parecían ruidos ocasionados
Por ratas, no se oían chillidos, mas bien parecía alguien golpeando las paredes.

Oscar escuchó con mucha atención; creyó oír sonidos de pasos, de pasos pequeños,
Que le recordaban el andar de un niño.
Su trabajo como exterminador lo había llevado a muchos lugares lúgubres, casas
Abandonadas, depósitos oscuros, y en ninguno de esos lugares había sentido
Miedo, sin embargo, al abrir la puerta de aquel sótano le temblaron las manos.

El sótano estaba completamente oscuro, el dueño de la casa le había informado
Que allí no había luz. Iluminó la escalera con la linterna y comenzó a descender.
Los peldaños rechinaban a cada paso. Cuando terminó de bajar lo primero que
Hizo fue examinar el piso, enfocando su linterna buscó por todas partes. El lugar
Estaba lleno de polvo, extrañamente no se marcaba ningún tipo de huellas en el.
Comenzaron a sonar nuevamente los ruidos. Se escuchaban golpes por aquí y
Por allá, unas sillas viejas que se apilaban en un rincón se movían. Oscar iluminaba
Hacia todos lados, estaba rodeado por lo que generaba el ruido pero no lo veía.

Los pasos pequeños, los que parecían de un niño, los escuchó cruzar corriendo
A su lado, y algo frío le rozó la pierna, al enfocarlo con la linterna no consiguió
Verlo, pero sin dudas allí estaba, corriendo de un lado para el otro y trepando
Por las paredes.
Oscar subió por la escalera, ayudándose con las manos, desesperado por salir de
Aquel sótano.
La casa no necesitaba un exterminador de plagas, necesitaba a un exorcista.

lunes, 6 de junio de 2011

La mirada maligna

Detrás del mostrador del minimercado, Antony ojeaba una revista. El reloj que
Colgaba en la pared marcaba las tres de la madrugada, y desde la medianoche no
Entraba ningún cliente.
“Abierto las veinticuatro horas, ¿para qué?. Podía estar durmiendo en casa”
Pensó Antony mientras miraba nuevamente el reloj de pared.

Experimentó una extraña sensación, dejó de leer la revista y miró a su alrededor.
Sentía que era observado.
En el otro extremo del minimercado, detrás de una estantería, en una abertura entre
Paquetes de mercancía, había dos ojos celestes mirándolo directamente. Cuando
Antony los vio, los pelos se le pusieron de puntas, aquellos ojos claros tenían algo
Maligno, no eran como los de una persona.

Antony estaba petrificado, aquellos ojos extraños lo seguían quemando con su
Mirada. Repentinamente recordó algo que lo hizo salir de su momentáneo
Parálisis. Recordó que detrás de aquel estante, había un exhibidor con muñecos.
Aunque algo temeroso, caminó hasta el exhibidor en donde estaban los juguetes,
Convencido que aquellos ojos eran de un muñeco.

No se equivocaba, los ojos eran de una muñeca; tenía el tamaño de una niña
Pequeña, su cara era regordeta y rosada, y mientras Antony la observaba la
Muñeca giró la cabeza hacia el, y dijo unas palabras en un idioma extraño,
Con una voz muy gruesa y cavernosa, ultraterrena, horrible.

Antony salió disparado hacia la puerta de salida. Lo que quedaba de la noche
La pasó afuera del minimercado. Cuando ya había amanecido, y llegaron los
Demás empleados del lugar, Antony se atrevió a entrar nuevamente.
La muñeca no estaba, había desaparecido.

domingo, 5 de junio de 2011

Sentado en el sillón

- !Vendido a ese señor¡ - gritó el vendedor de la subasta señalando a Juan.
Juan era un ávido coleccionista de muebles antiguos, su última adquisición
Fue un gran y costoso sillón. Ese mismo día hizo que lo llevaran hasta su casa.
Ya entrada la noche, Juan miraba televisión sentado en su cómodo sillón, en la
Soledad de su inmensa casa.

Juan miró su reloj, bostezó un par de veces seguidas y apagó la tele con el control.
La habitación en donde estaba era muy amplia, y solo la luz de la chimenea encendida
Con grandes leños impedía que la oscuridad fuera absoluta.
Juan se marchaba de la habitación cuando algo lo hizo voltear hacia el sillón del cual
Acababa de levantarse. Fue un ruido lo que llamó su atención, una tos apagada.

La luz indecisa del fuego de la chimenea iluminó a medias la silueta de una persona
Sentada en el sillón. Era una figura encorvada y temblorosa, movía continuamente
La cabeza como lo hacen algunos ancianos. De repente, el sillón comenzó a elevarse,
A levitar, Juan temblaba de pies a cabeza mientras veía como su mueble antiguo
Se mecía en el aire.

Aquel susto fue demasiado para Juan, ya era un hombre mayor; la señora de la
Limpieza lo encontró muerto al otro día.
Poco tiempo después sus parientes se disputaban sus bienes. Aquel sillón
Volvió a tener nuevo dueño, aunque su primer propietario no lo abandonaba
Del todo.

sábado, 4 de junio de 2011

Gritos aterradores

Esteban cruzaba a pie, de noche, por una parte de la ciudad que aún no conocía,
Por no ser oriundo de aquel lugar. La predominancia de casas residenciales le
Indicaba que estaba en el borde de la ciudad, había mas edificios en el centro.
Fue a dar a una callejuela bastante angosta. En la vereda por donde el caminaba,
Se alzaba un muro alto y blanco, el otro lado de la calle era dominado por un
Terreno baldío.

Como a mitad de la cuadra, escuchó una serie de gritos espantosos; mezcla de
Risotadas, aullidos, gemidos, todos esos sonidos de terror se entreveraban en
Una sinfonía aterradora. Aquel coro de miedo estaba detrás del gran muro blanco.
A Esteban se le erizó la piel. Con unas largas zancadas se alejó espantado de
Aquel lugar. Un par de cuadras mas adelante se cruzó con un señor que paseaba
A un perro. Esteban le preguntó que había detrás del muro blanco, indicándole
Al hombre la dirección. La respuesta lo dejó helado, detrás del muro estaba el
Cementerio de la ciudad.
Esteban se estremeció al pensar sobre el aspecto y la naturaleza de aquellos seres,
Entes, o lo que fueran, que reían, aullaban y gemían en el cementerio.

viernes, 3 de junio de 2011

Malos espíritus

En una escuela privada, en las afueras de la ciudad, Rodolfo, su director, trabajaba en su oficina. Alguien golpeó la puerta, era Rosa, su secretaria.

-Director, en el pasillo hay una señora que quiere hablar con usted - dijo Rosa.
-Dígale que pase -dijo Rodolfo. Para él era algo habitual recibir a padres de alumnos.

jueves, 2 de junio de 2011

Perdido en el camino

El camino estaba rodeado de campos verdes, el sol estaba por fundirse en el
Horizonte púrpura. Por aquí y por allá había vacas pastando mansamente, en
El cielo cruzaban bandadas de aves, volando en dirección contraria a una formación
Compacta de nubes oscuras que se extendían rápidamente.
Marcelo caminaba por aquel camino, contemplando las maravillas que lo rodeaban.

“Cuando te bajes del ómnibus esperanos en un costado de la ruta, nosotros te vamos
Ha buscar, no sigas el camino, es un poco complicado, te podés perder” le dijo uno
De sus parientes cuando hablaron por teléfono. Marcelo iba a visitar a unos familiares
Que vivían en el campo. Olvidándose del consejo de su pariente, apenas bajó del
Ómnibus comenzó a caminar, siguiendo el sendero de tierra y piedras sueltas.

El camino si era complicado, se bifurcaba en varias partes y desembocaban en el
Otros caminos. Marcelo siguió avanzando, confiando que en cualquier momento
Se iba a cruzar con el vehículo de sus familiares.
Llegó la noche y aún no se cruzaba con sus parientes, avanzaba unos metros y se
Volteaba a ver la senda que dejaba atrás, como suelen hacerlo los perdidos.

Camino, campo, cielo, todo se tornó oscuridad, se borró la línea del horizonte,
Marcelo no veía por donde caminaba, era algo aterrador, nunca había experimentado
Algo igual, era un hombre de ciudad.
Escuchó pasos que se le acercaban por detrás, era el inconfundible andar de un caballo.
- No es bueno andar solo por estos caminos - dijo repentinamente una voz grave y
Potente, como el sonido de un bajo. Marcelo se llevó tal susto que dio un salto a la
Vez que lanzaba un grito inarticulado.

Se despejó una porción de cielo, la luz de las estrellas disipó en parte la oscuridad
Que ocultaba el paisaje. Marcelo alcanzó a distinguir la silueta del caballo, pero en
Su lomo no había un jinete. El cielo se seguía despejando, el caballo se arrimó hasta
Marcelo. Al ver de cerca la cara del animal, notó que tenía algo raro, no era la cabeza
De un caballo, era algo grotesco, horrible, habría y cerraba una boca enorme.
Macelo se echó a correr, el supuesto caballo lo seguía de cerca.

Tropezó con una piedra, al caer se golpeó la cabeza y perdió el sentido.
Cuando volvió en si se encontraba galopando en el lomo de aquel monstruo.
Marcelo gritó y su grito se ahogó en la inmensidad del campo, la bestia galopaba
Con furia, y se internó en una zona mas oscura que la noche, y nunca mas se
Supo de Marcelo.

miércoles, 1 de junio de 2011

Gatos en el tejado

Unos gatos se peleaban en el tejado, y mantenían despierto a Alfonso.
- Gatos pulgosos, molestar a esta hora - murmuró Alfonso.
No solo los gatos lo mantenían despierto, estaba pernotando en una pensión, y
No estaba acostumbrado a dormir fuera de su casa.
Los gatos seguían en el tejado, lanzando largos maullidos bajo la luna.
Alfonso se levantó molesto y fue hasta la ventana, la abrió de par en par.

La ventana no daba a ningún paisaje, daba a un patio interior lúgubre, triste.
La luna iluminaba lo vacío del patio. Por encima del tejado se veía una porción
De cielo despejado, limpio de nubes. Alfonso notó que los gatos se habían
Callado, cerró la ventana y regresó a la cama.
Se disponía a dormir cuando escuchó un chirrido, eran las viejas bisagras de la
Ventana, alguien las empujaba desde afuera. Alfonso volteó hacia el ruido; en
El marco de la ventana, estaba parado, intentando ingresar a la habitación, un
Ser pequeño, de unos treinta centímetros de alto, de forma humanoide.

Alfonso se levantó de forma brusca, ese movimiento pareció espantar al
Pequeño intruso, brincó hacia el patio y lo atravesó corriendo, luego
Trepó por una pared y llegó hasta el tejado, Alfonso lo miraba estupefacto
Desde la ventana. Cuando aquel ser alcanzó el tejado, lo emboscó un grupo
De gatos, que lo vigilaban desde lo alto. Nuevamente los gatos comenzaron
A pelear contra aquel ser maligno de la noche.

El frío cuerpo de un reptil

En plena noche, una bruma baja envolvía al bañado y se elevaba sobre el monte
Cercano. Las ranas cantaban en coro inmersas en las aguas quietas y pantanosas
Del bañado. Los juncales se meneaban como una masa uniforme, al ritmo de un
Viento cambiante que arremolinaba nubes en el cielo sin luna. Aquella zona baja,
Pantanosa y rodeada de pajonales, rebosaba de vida, y sus noches estaba plagadas
De pequeños sonidos producidos por los animales, que sumados forman un rumor
Inquietante, que alerta los sentidos.

Uno de los seres que habitan en el bañado, se arrastró por el fango, y buscando
Algo de calor se acercó hasta donde dormía Osvaldo.
Osvaldo era un cazador de nutrias. Durante el día había colocado trampas, y pensaba
Revisarlas al amanecer. Estaba durmiendo bajo un cobertizo de lona, tendido
Bocabajo, con la cabeza ladeada apoyada en los brazos.
Sintió que algo le rozaba la espalda, era una serpiente, deslizándose entre el abrigo y
La piel de Osvaldo.

Osvaldo lanzó un alarido al sentir el cuerpo frío y resbaloso de la serpiente
Introduciéndose entre sus ropas, reptando por su espalda, moviéndose de un lado
Al otro y siseando. Se levantó rápidamente he intentó quitarse el abrigo, sentía
Como la serpiente te retorcía furiosa, y lo mordía repetidas veces.
Cuando consiguió quitarse el abrigo la serpiente callo al suelo, y ondulando su
Largo cuerpo huyó con rapidez.

Osvaldo sentía como un fuego en la espalda, el veneno del reptil se esparcía por
Todo su cuerpo. Agobiado por un dolor insoportable salió dando tumbos, sin
Rumbo, cruzó un pajonal y se empantanó entre los juncos, se arrastró entre el
Lodo, como un animal agonizante. Envuelto entre la bruma, la vegetación
Enmarañada, el agua estancada, el fango, el canto de las ranas, el rumor del
Bañado, Osvaldo se terminó rindiendo y calló muerto.