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domingo, 26 de junio de 2011

El depósito embrujado

En un supermercado, por la noche, uno de los encargados inspeccionaba una
Estantería, subido en una escalera.
- Solo queda un juego de ollas, hay que ir al depósito y traer más - cuando los
Empleados que estaban allí escucharon eso se dispersaron rápidamente. A nadie
Le gustaba ir al depósito, y menos durante la noche.
Desde lo alto de la escalera, el encargado vio a Rodrigo. Estaba concentrado
Apilando latas de conserva, el encargado le llamó la atención:
- !Hey, Rodrigo¡. Necesito que vayas al depósito y traigas unas cajas con juegos
De ollas, como esta - el hombre le señaló la caja.

- Yo…estoy haciendo esto - murmuró Rodrigo.
- Después seguís con eso, ahora anda a traer las cajas.
Todos los que habían trabajado allí conocían las historias de fantasmas que se
Contaban sobre aquel depósito, una habitación en donde se almacenaba mercancía.
Los que entraban allí oían o experimentaban algo raro, cada uno contaba una
Historia diferente, todas espeluznantes, como para helar la sangre en las venas.

En el fondo del local, después de atravesar un corredor estrecho, Rodrigo se
Encontró frente a la puerta de la tan temida habitación.
El depósito estaba lleno de estanterías atiborradas de mercancía. En un rincón
Había cajas vacías y papeles amontonados en una pila que llegaba casi hasta el
Techo. Cuando dio sus primeros pasos en aquel lugar, escuchó algo similar a
Un suspiro, como un viento circulando por la habitación, la piel se le erizó.

Las estanterías repartían el lugar formando múltiples corredores. Rodrigo
Miraba continuamente sobre su hombro, mientras avanzaba cauteloso, como
Midiendo cada paso. Al encontrar lo que buscaba se apresuró a salir.
Ya estaba cerca de la puerta cuando escuchó un ruido, algo se movía en la
Pila de cajas vacías. Entre los cartones, vio una mano blanca y arrugada, tenía
Las uñas negras y muy largas, y, moviendo los dedos, le indicaba que se
Acercara.

Los juegos de ollas volaron por el aire. El encargado del mercado lo vio
Pasar corriendo - ¿Y lo que te pedí? - preguntó asombrado.
- !Vaya a traerlo usted¡ - gritó Rodrigo, ya cerca de la puerta de salida.

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