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sábado, 4 de junio de 2011

Gritos aterradores

Esteban cruzaba a pie, de noche, por una parte de la ciudad que aún no conocía,
Por no ser oriundo de aquel lugar. La predominancia de casas residenciales le
Indicaba que estaba en el borde de la ciudad, había mas edificios en el centro.
Fue a dar a una callejuela bastante angosta. En la vereda por donde el caminaba,
Se alzaba un muro alto y blanco, el otro lado de la calle era dominado por un
Terreno baldío.

Como a mitad de la cuadra, escuchó una serie de gritos espantosos; mezcla de
Risotadas, aullidos, gemidos, todos esos sonidos de terror se entreveraban en
Una sinfonía aterradora. Aquel coro de miedo estaba detrás del gran muro blanco.
A Esteban se le erizó la piel. Con unas largas zancadas se alejó espantado de
Aquel lugar. Un par de cuadras mas adelante se cruzó con un señor que paseaba
A un perro. Esteban le preguntó que había detrás del muro blanco, indicándole
Al hombre la dirección. La respuesta lo dejó helado, detrás del muro estaba el
Cementerio de la ciudad.
Esteban se estremeció al pensar sobre el aspecto y la naturaleza de aquellos seres,
Entes, o lo que fueran, que reían, aullaban y gemían en el cementerio.

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