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domingo, 5 de junio de 2011

Sentado en el sillón

- !Vendido a ese señor¡ - gritó el vendedor de la subasta señalando a Juan.
Juan era un ávido coleccionista de muebles antiguos, su última adquisición
Fue un gran y costoso sillón. Ese mismo día hizo que lo llevaran hasta su casa.
Ya entrada la noche, Juan miraba televisión sentado en su cómodo sillón, en la
Soledad de su inmensa casa.

Juan miró su reloj, bostezó un par de veces seguidas y apagó la tele con el control.
La habitación en donde estaba era muy amplia, y solo la luz de la chimenea encendida
Con grandes leños impedía que la oscuridad fuera absoluta.
Juan se marchaba de la habitación cuando algo lo hizo voltear hacia el sillón del cual
Acababa de levantarse. Fue un ruido lo que llamó su atención, una tos apagada.

La luz indecisa del fuego de la chimenea iluminó a medias la silueta de una persona
Sentada en el sillón. Era una figura encorvada y temblorosa, movía continuamente
La cabeza como lo hacen algunos ancianos. De repente, el sillón comenzó a elevarse,
A levitar, Juan temblaba de pies a cabeza mientras veía como su mueble antiguo
Se mecía en el aire.

Aquel susto fue demasiado para Juan, ya era un hombre mayor; la señora de la
Limpieza lo encontró muerto al otro día.
Poco tiempo después sus parientes se disputaban sus bienes. Aquel sillón
Volvió a tener nuevo dueño, aunque su primer propietario no lo abandonaba
Del todo.

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