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miércoles, 6 de julio de 2011

La casa del horror

En una noche tempestuosa, de fuertes vientos y chaparrones intermitentes; el
Viejo parque de diversiones estaba desolado. El dueño del parque
Ordenó apagar los juegos: - Ay mucha tormenta, la gente no viene, apaguen todo -
Mauricio, que cobraba la entrada a la casa del horror, estaba por demás intrigado.
Esa noche, las pocas personas que habían ingresado a la casa, se habían espantado
Mas de lo normal. Todos salieron corriendo, incluso una señora muy gruesa, que
Al cruzar al lado de Mauricio, lo pechó y lo hizo girar y casi pierde la vertical.

Un hombre que había entrado solo, salió pálido y tambaleándose. A Mauricio
Le pareció muy extraño, nadie se asustaba tanto.
Las luces del parque se fueron apagando, algunos empleados se apuraban, cerraban
Todo, empacaban, cubrían las máquinas con lonas. El viento pasaba gimiendo por la
Rueda gigante y hamacaba los asientos que colgaban en lo alto. Algunos papeles
Pasaban volando y ascendían en espiral hacia el cielo surcado por relámpagos.

- !Mauricio, apagá esas luces y trancá esa puerta¡ - le gritó un hombre.
- !Ya voy, tengo que revisar algo, después cierro¡ - Mauricio gritó con fuerza, el
Viento rugía y comenzaba a precipitar nuevamente.
Ingresó a la casa del horror, algunas cosas estaban cambiadas, eran mas terroríficas.
El esqueleto que colgaba de una pared se movía, se agitaba como si caminara en el
Aire. Sobre una mesa había una cabeza decapitada, Mauricio se acercó a observarla.
La había visto muchas veces, pero ahora lucía diferente, mas real.
La estaba mirando de cerca, cuando la cabeza abrió los ojos y lo miró.

Mauricio saltó hacia atrás, espantado. La bruja que aparecía repentinamente al
Abrirse una puerta, hizo su aparición, pero esta vez siguió avanzando. Caminó
Hacia Mauricio con los brazos extendidos y gritando. Mientras retrocedía hacia
La salida, sintió la pesadez de una mano sobre el hombro.
- Vamos, hay que salir de aquí - dijo una voz, que resultó ser el dueño del
Parque, juntos salieron de la casa del horror.
El dueño del parque, sacó un fajo de billetes y se los dio a Mauricio, que aún
Temblaba de miedo. - Confió en que no hables de esto - le dijo.

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