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domingo, 3 de julio de 2011

Los exploradores y el duende

Tres niños de corazón aventurero, exploraban la costa de un arroyuelo maloliente. Mas allá de la orilla opuesta había un colorido y gran basurero donde revoloteaba una gran cantidad de gaviotas. En la orilla por donde caminaban los niños, había una sucesión de fábricas abandonadas que llegaban hasta pocos metros del arroyuelo. Como todo los grupos, aquel tenía un líder; ese era Germán; con catorce años era el mayor. Lo seguía en edad Carlos, con trece, y el menor, Alberto, tenía diez.
Los tres exploradores estaban armados con resorteras (tirachinas).

-¡Una rata! -gritó Carlos y señaló con la mano.

 La rata sorteó una lluvia de piedras, y chillando se escabulló entre la basura.

-Casi la agarramos, esa era grande ¡que hija de p…! -dijo Germán.

 En el grupo era casi una obligación incluir alguna mala palabra en todas las frases. Cuando cruzaron frente a un enorme caño, el desagüe de una fábrica, escucharon el maullido de un gato. El sonido provenía del interior del caño, que tenía unos sesenta centímetros de diámetro. Alberto, el menor, se pasó la manga del abrigo por la nariz, respiró hondo y dijo:

-Es un gatito, yo lo quiero para mi. Debe estar trancado en este caño de m…
-Si apareces con otro gato en tu casa tu madre se va a enojar, y te va a c… a palos -dijo Germán y apartó a Alberto, que imprudentemente ya intentaba ingresar al caño.

Los tres miraron hacia el negro interior del conducto, los maullidos del gato continuaban.

-¿Por qué no sale? Tiene lugar de sobra -observó Germán.

A Carlos se le ocurrió una idea. Buscó entre las muchas cosas que guardaba en los bolsillos y sacó un encendedor.

-Y si tiramos algo prendido fuego para que alumbre, ahí adentro no se ve un carajo -a los otros les pareció que la idea era buena.

Juntaron varios papeles y los encendieron, luego los arrojaron hacia el caño. Los tres retrocedieron ante lo que vieron; las llamas de los papeles iluminaron el cuerpo de un ser pequeño como un bebé, pero este tenía barba y arrugas en la cara, y los ojos le brillaban de forma entraña. Solo lo vieron por un instante. Las llamas de los papeles crecieron hasta incendiar todo el caño; una sustancia inflamable empapaba el lugar. Aquel ser horrible pronto fue envuelto por las llamas. Los tres exploradores emprendieron la retirada. Sus corazones aventureros palpitaban con fuerza, atrás quedó el ser retorciéndose entre las llamas.

2 comentarios:

  1. guau este esta mui bueno es el que mas me a gustado espero que sigas poniendo mas aunque los finales un poco malos pero no importa estan muy chidos...

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  2. Persona Anónima:
    Así son los finales del género de cuento fantástico. El final debe dejar al lector en un vacilación de cómo explicar el quiebre estructural del final. Es decir, el final es el nudo sin desenlace claro; la característica principal de los cuentos fantásticos.

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